Es habitual que muchos jóvenes cristianos lleguen al matrimonio sin saber el valor que tienen la castidad y la virginidad. En esta entrevista para Misiónel bloguero de ReL, Jesús María Silva, sacerdote, habla de su nuevo libro, Virginidad 2.0. En él distingue conceptos como Castidad y pureza y explica cómo se puede recuperar la virginidad perdida.




-La virginidad no es solo un rasgo físico. Se pierde en el momento en que te entregas totalmente a alguien, por primera vez, en cuerpo y alma. De manera que la virginidad es tener el corazón entero, y perderla es entregarlo a una persona de un modo exclusivo.


-En una relación sexual, que es la unión más profunda entre un hombre y una mujer. Este es el drama que viven hoy los jóvenes: entregan el cuerpo, pero no entregan el corazón, y eso hace que el corazón se rompa.


-Castidad es la actitud exterior; pureza es la virtud interior. Hay un pasaje del Evangelio en el que el Señor dice que si un hombre mira a una mujer deseándola en su corazón, ya ha pecado con ella.

»Está situando la virginidad en un ámbito más allá de los gestos físicos. Hoy parece que una pareja puede hacer de todo, menos una penetración, y no han perdido la virginidad.

»Esto es falso, pues la pureza parte de una mirada limpia, que no reduce a la otra persona a una sola parte. Si un chico o una chica mira al otro viendo su totalidad, con su belleza, pero también con su alma, que es hijo de Dios, que tiene una dignidad eterna, está teniendo una mirada pura.


-Llevar un noviazgo casto consiste en dejar las manifestaciones de ternura propias del matrimonio para el matrimonio.

»Cuando se empieza a llegar al umbral de excitación y el cuerpo se prepara para una entrega total que no se debe dar porque no es el momento, quiere decir que hemos pasado un límite.

»Cada pareja tiene que hablar, observar qué significado le da a sus gestos y ver qué despiertan en el otro.


-La castidad es una virtud por la que yo integro todas las fuerzas de mi cuerpo, mi alma y mi espíritu; de mi mente y mi corazón, para ponerlas al servicio del amor, de un proyecto de donación.

»Eso es lo que llamo  “integridad virginal”, porque si estoy de una pieza, me puedo dar de una pieza. En todo esto, la clave está en recuperar el significado de la sexualidad, que consiste en un  “me entrego totalmente a ti en lo más profundo de mi intimidad para hacerme una sola cosa contigo para siempre”.


-Cuando el mundo nos dice que el sexo es un bien de consumo que no tiene consecuencias, nos engaña. Si te entregas a varias personas, dejas un pedazo de alma en cada una de ellas y tu corazón se desintegra.


-Tras la pérdida de la virginidad, por las circunstancias que sean, puede llegar un momento en que te des cuenta de que no tenías que haberlo hecho.

»Lo importante es no perder la esperanza, porque la buena noticia es que Dios lo puede todo y puede hacernos recuperar la virginidad del corazón. Cristo puede hacer que todos los dinamismos de nuestro ser vuelvan a unificarse para vivir en pureza, a la espera de la entrega definitiva. Y esa es la virginidad 2.0.


-En primer lugar, se trata de tener conciencia del valor de la virginidad y de lo que supone haberla perdido; después, tener el deseo de recuperarla. Para ello se invita a la fe en el poder del Espíritu Santo.

»Después se insiste en la importancia del arrepentimiento y en la sanación de las heridas y de sus consecuencias.

»Es importante reconciliarse con el pasado y mirar nuestra vida desde la perspectiva del Amor Misericordioso, y ver que Dios, de esos errores, saca un bien.

»Por último, se realizan algunos actos en un ambiente de oración, con los que se sella un pacto con Dios por el que uno se compromete a vivir, en la medida de sus posibilidades, la castidad y la pureza; y Dios se compromete a devolverte un corazón íntegro. En este itinerario, lo más importante es creer y querer.


-Yo hablaba mucho de la virginidad prematrimonial y poco a poco fui encontrando jóvenes con los que había que hablar de segunda virginidad, porque habían descubierto el valor de la castidad más tarde.

»Además, veía las consecuencias de la pérdida de la virginidad en uno de los chavales que acompaño espiritualmente y me conmovía mucho, porque quería vivir las cosas bien con su novia actual, que se había guardado para él. He encontrado muchas personas que se preguntan:  “¿Puedo recuperar esa virginidad para entregarme en el futuro a la persona que amo?” . 


-Un día, hablando con este chico, leí un párrafo de san Agustín en La Ciudad de Dios sobre el caso de unas vírgenes que fueron violadas en Roma. San Agustín les dice que no han perdido la virginidad porque la castidad es una virtud del alma que desde el alma santifica al cuerpo.

»Esto me dio una luz inmensa, porque descubrí un principio teológico sobre el cual podía construir un itinerario de recuperación de la virginidad del corazón, que es el principio del poder regenerativo del Espíritu Santo. Tuve esa luz y en cuatro días escribí el libro.


-Porque es un entrenamiento, en el sentido literal, para el matrimonio. Un cónyuge tiene que ser casto porque se debe a una sola persona y habrá momentos en los que no podrá tener relaciones con ella.

»Por ejemplo, si un hombre no ha sabido o no ha querido contenerse con su novia, ¿cómo sabrá que puede contenerse cuando no pueda tener relaciones con su esposa cuando esté de viaje, o ella esté enferma?

»Por el contrario, al vivir la castidad, se gana en libertad: porque te quiero, decido amarte sirviéndote y respetándote cuando no pueda tener relaciones… Eso también forma parte de la entrega sexual.

Puede obtener el libro aquí