Los Schwandt son una familia católica muy numerosa de Michigan (Estados Unidos). Aunque hay otras familias en el país parecidas a ella, por su particular historia la de los Schwandt lleva años suscitando la atención de los medios de comunicación nacionales, sobre todo desde los últimos embarazos.

Y es que en ésta sólo hay hijos varones. Por más que la madre tenga ya el deseo de una niña, no hay forma que nazca otra cosa que no sea un niño. Así es como sumaron 13 hijos, y todos varones. Pero hace unos meses volvieron a ser noticia por un nuevo embarazo. Como es costumbre, los padres, Jay y Kateri, no querían saber el sexo del bebé hasta que naciera.


Ya ha nacido. Y sí. El pequeño de los Schwandt es también un varón. 14 hijos y 14 niños, desde el mayor que ya ha pasado los 20 años hasta este recién nacido, que ha venido al mundo siendo noticia.



Esta curiosidad que han despertado en tantos medios les ha permitido hablar de su fe católica y también eliminar ciertos clichés sobre las familias numerosas. Y además con toda sencillez.

Kateri siempre ha tenido la ilusión de tener una hija, y aunque en los últimos embarazos se había ilusionado con esta idea, en éste tenía la certeza de que sería niño. No se equivocó.


En un reportaje que publicó la Diócesis de Grand Rapids, a la que pertenecen, esta familia contaba cómo se organizaba y vivía su fe.  Ir a misa con tantos niños sería para muchos un quebradero de cabeza, pero ellos tienen una rutina muy bien organizada.

Su parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Rockford está a pocos minutos de casa. La misa de 11 de la mañana es la elegida. “Tenemos una rutina bastante buena. Todo el mundo se levanta y me voy a la iglesia con quien esté listo, que por lo general suelen ser los más pequeños. Viene una de los hijos mayores para que me ayude, y así tenemos ya guardado unos bancos”, cuenta el padre. “Yo levanto la retaguardia”, añade la madre, refiriéndose a los adolescentes, los más remolones en la cama. Y así a las 11 están todos sentados en el templo.


Cuando se tomó esta foto aún no habían nacido los dos más pequeños

Jay y Kateri aseguran que no se ven distintos ni mejores a otras familias católicas. Afirman que alimentar a tantos niños, vestirlos o simplemente prepararlos para salir a la calle puede parecer algo desalentador, pero consideran que es lo mismo que hace cualquier familia, sólo que a gran escala, y con un poco de más de planificación.


La fe es el engranaje de la familia, confiesan los padres. Y además debe empezar desde los padres, que muestran a su prole el camino a seguir con lecciones de amor, paciencia, servicio y perdón, que se van presentando en el día a día.

“Cada uno de ellos es diferente en cuanto a personalidad, y una de las mejores cosas que hemos hecho ha sido enviarlos a la escuela católica porque van a la iglesia y comienzan todos los días con una oración”, afirma la madre.

Cuando Jay y Ketari se conocieron y se casaron siendo muy jóvenes nunca imaginaron que tendrían una familia tan grande y que serían noticia en los medios de comunicación. Ella provenía de una familia muy numerosa y estaba acostumbrada a este ambiente. Él, sin embargo, no.




“No necesitábamos mucho para ser felices”, recuerda Kateri, que afirma convencida que han ido recibiendo niños depositando siempre su confianza en Dios y acogiendo con alegría a cada uno.

“Siempre he sentido que Dios nos da lo que necesitamos para la situación en la que Él nos pone”, explica Kateri.

Al igual que su familia ha llamado la atención de muchos, también ha suscitado las críticas e incomprensiones de otros tantos, incluso dentro de la Iglesia. Las preguntas van siempre por el número de hijos y sobre cuántos hay que tener. “Todos los que Dios quiera que tenga y tantos, de manera realista, que pueda mantener”, es la respuesta que da siempre Jay.


Este matrimonio encuentra su fuerza en la fe, y especialmente en la Eucaristía. Jay define a su mujer como “el pilar espiritual” de la familia. Durante muchos años ella ha sido, pese a tener tantos hijos, catequista en la parroquia.

Jay, por su parte, es adorador, y participa en uno de los turnos de la adoración perpetua de la parroquia. Si no acude “siento que me estoy quedando sin nada”, así que ha buscado un momento que no le impida faltar por sus obligaciones como padre ahora de 14 hijos. Para ello, acude los lunes a las 2 de la madrugada al turno de adoración.




Además, han inculcado a todos los hijos que la misa dominical es el centro de la vida familiar. Desde muy pequeños, y gracias al ejemplo de los hermanos mayores, se van percatando de ello. “Para cuando tienen 4 o 5 años, cuando toca ponerse de pie, se ponen de pie; cuando es hora de arrodillarse, se arrodillan”. Por su parte, los mayores ya van a grupos parroquiales y participan en misiones en otros estados.

Este matrimonio está encantado y asegura que lo importante es que cuando sus hijos sean lo suficientemente mayores “como para tomar sus propias decisiones, al menos les hayamos mostrado el camino correcto espiritual y fielmente”.


Pero también es muy importante –resaltan- cuidar el matrimonio, aunque sea en muchas ocasiones con pequeños detalles, ya sea dar pequeños paseos cerca de casa o estar sentados juntos diez minutos en el porche mientras los mayores cuidan de los hermanos más pequeños.

“El matrimonio, como cualquier otra cosa, evoluciona. Al igual que los profesionales tienen que tener una formación continua, constantemente debes alimentar tu matrimonio”, aconseja Kateri.