Este no es un tiempo para retirarse del mundo. Necesitamos involucrar al mundo y convertirlo”. Este es el llamamiento que hacía recientemente a los católicos el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput.

El prelado estadounidense, de ascendencia piel roja, insiste cada vez con más insistencia en animar a los católicos a no tener miedo a dar la batalla mostrando al mundo la belleza y verdad de la fe pese a que sientan la hostilidad. Y deja claro que que haga cada católico cuenta, “nuestras acciones son importantes. Nuestras decisiones importan”.

La familia está en medio de esta guerra y es para el obispo el objetivo a eliminar por las nuevas ideologías totalitarias. Y por ello llama a vivir con más intensidad y en voz alta la alegría del Evangelio.


En su columna en Catholic Philly, alertaba de que “nadie quiere que le digan lo que tiene que hacer” pero, sin embargo, en la sociedad actual la mayoría se sitúa dentro de la corriente dominante y de lo políticamente correcto.

Por ello, alabó la Declaración de Nashville, en la que líderes evangélicos aprobaron un documento que defiende el matrimonio ante la ideología de género y que, según el propio Chaput, “reafirma las creencias bíblicas históricas sobre el matrimonio, la castidad y la naturaleza de la sexualidad humana”. Sin embargo, esta declaración ha generado gran controversia en el país.


Chaput lleva tiempo llamando a los católicos a no esconderse y dar la batalla / Foto- Catholic Philly


De este modo, Chaput advierte a sus feligreses que “no vivimos en un tiempo ‘normal’. Vivimos en medio de una guerra cultural. Un esfuerzo metódico se está desarrollando ahora en los medios de comunicación para refundir las verdades bíblicas como una forma de ‘odio’, para redirigir la opinión pública lejos de esas verdades verdades bíblicas  y para silenciar a cualquier persona que permanezca fiel a la enseñanza cristiana en asuntos de sexualidad, identidad, familia y matrimonio”.

Para el arzobispo estadounidense “el mensaje es simple: “O te adecuas a los nuevos dogmas del rebaño o atento a las consecuencias”.


En esta batalla por la familia y el matrimonio, la sexualidad es de vital importancia. “Es un bello regalo de Dios y tiene un propósito, -recuerda-, y dentro del matrimonio, la intimidad sexual es una fuente de unidad, alegría y nueva vida”.

Al mismo tiempo, Chaput advierte que la “Escritura es clara acerca de la naturaleza destructiva de la promiscuidad en cualquier forma. El llamamiento a la castidad se aplica a todas las personas, cualesquiera que sean sus inclinaciones sexuales”.


Ante la ideología de género, que se extiende por el mundo y entre algunos miembros de la Iglesia, el arzobispo insiste en que “las personas merecen respeto y comprensión como hijos de Dios. Y citando al cardenal Sarah dijo que “las relaciones del mismo sexo son gravemente pecaminosas y perjudiciales para el bienestar de los que participan en ellas. Las personas que se identifican como miembros de la comunidad LGTB deben conocer esta verdad en la caridad, especialmente de los sacerdotes que hablan en nombre de la Iglesia”.

“En otras palabras –explicó Chaput, necesitamos decir la verdad con amor. La verdad sin amor se convierte en un arma. Pero ningún amor verdadero, ninguna misericordia auténtica, puede existir separando la verdad”.


Una vez en este punto, Chaput se pregunta cuál es el punto central de su carta. No es otra cosa que “Dios existe”, algo que se olvida en muchas ocasiones. “Su creación tiene un orden natural. Nuestra sexualidad es parte de ese orden que da vida. Tarde o temprano, la naturaleza derrota a la ideología. No importa cuán fuerte o ampliamente compartido pueda parecer una mala ideología. Siempre perderá”, escribe Chaput.

Eso sí, existe un problema y es que, añade el arzobispo de Filadelfia, “como aprendimos en el pasado siglo, el pensamiento necio y perverso puede tardar mucho tiempo en morir. Y puede arruinar innumerables vidas y envenenar sociedades enteras por el camino”.




A su juicio, el sexo es el que conforma la idea de qué y cómo somos como seres humanos por lo que “el comportamiento y las relaciones sexuales nunca son asuntos meramente privados. Siempre tienen implicaciones y consecuencias sociales”.

Antes de concluir su carta, monseñor Chaput quiso comentar una noticia y dejar una reflexión sobre esta necesidad de que la Iglesia y los católicos sigan en esta “batalla” que se está librando.


Recordó cómo el pasado 6 de seotembre se sometió en el Senado  a una audiencia con Amy Barrety, profesora  de Derecho en la Universidad de Notre Dame, católica practicante y madre de familia numerosa para el cargo de juez en el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito. La noticia se produjo por el acoso que estos senadores sometieron a la candidata por su conveniencia para el puesto debido a su fe.

“El dogma vive a todo volumen en ti”, le dijo una senadora a Barret, que criticaba que si accedía al puesto no sabría diferenciar entre su fe y su trabajo.

“Aquí está la idea, -reflexiona Chaput-, muchos cristianos fieles todavía dejan que sus convicciones ‘vivan en voz alta’ en sus corazones y en sus acciones. Se llama ser testigo. Lo que se necesita es un poco de valor. Así que tal vez ellos –y todos los demás que buscamos seguir a Jesucristo- debemos subir el volumen”.