Ante el aumento vertiginoso de la depresión en las llamadas sociedades más avanzadas, hay una necesidad de sanar heridas emocionales y sentirse más amado y valorado. Humanamente no siempre es fácil poder sanar afrentas de otros, y perdonarse por pobrezas cometidas.

Por eso es necesario reclamar ayuda a Dios, y esta oración del P. Robert DeGrandis S.I., puede ser un buen inicio para restablecer una paz interior. Está publicada en el portal Es posible la esperanza 


En presencia de Jesús oramos por la sanación de nuestra autoestima y nuestra propia imagen manteniendo delante una foto de nuestra infancia, solo o en familia:
Padre Santo, en el nombre de Jesús, invoco tu misericordia y me dirijo a Ti para que me toques y me des una buena y justa imagen de mí mismo y una verdadera autoestima en Cristo Jesús.

Señor, ten misericordia de mí.

Señor, me he sentido indigno, inapropiado, inferior; me he sentido feo, tímido, patoso o que no hago nada bien. Me han criticado y llamado apodos que no me gustaron y me han hecho sufrir; me siento inseguro y no amado.

Señor, ten  misericordia de mí.

Señor Jesús, llévate mis sentimientos de fracaso, de vergüenza, decepción, culpabilidad, timidez, ira o enfado. Te pido que me liberes de estos sentimientos y emociones que me han mantenido en la esclavitud y me han apartado de vivir una vida plena como varón/mujer.

Señor, ten misericordia de mí.

Amado Señor, hazme saber cuánto me amas y que soy la niña de tus ojos. Me dirijo a Ti, para que sepan que Tú has muerto en la Cruz, no sólo por mis pecados, sino también por mis profundas heridas emocionales y mis recuerdos dolorosos.

Señor, ten misericordia de mí.

Te Ruego Señor, que sanes todo lo herido y roto que hay en mi persona. Ayúdame a amarme, a aceptar tu perdón, a perdonarme a y perdonar a todos aquellos que me hayan causado injusticias: padre, madre, hermanos, tíos, abuelos, primos y demás parientes, profesores, sacerdotes, compañeros de trabajo, jefes, vecinos y amigos. Cualquiera, Señor, que no me  haya mirado con cariño y me haya rechazado consciente o inconscientemente.

Señor, ten misericordia de mí.

Jesús, llena el vacío de mi vida. Y dame el amor y la seguridad que no he recibido. Dame confianza, alegría y energía nuevas para que pueda hacer todas las cosas a través tuyo.

Señor, ten misericordia de mí.

Señor devuélveme una buena imagen de sí mismo, aquella con la que yo fui concebido/a como varón/mujer y que pueda verme como Tú me ves: especial, único, digno, hermoso, para que yo llegue a ser  la persona que Tú creaste y quieres que sea. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén


(Cfr. Robert DeGrandis)


Si es posible, también se aconseja hacer un rato de oración en silencio ante el Sagrario con el Santísimo expuesto.

Se reza un Padrenuestro.

Si hay alguien contigo, le das un abrazo de paz.

Oración final:
Dios, autor de nuestra salvación y de nuestra liberación, escucha nuestras súplicas, y a quienes redimiste por la sangre de tu Hijo concédeles poder vivir para Ti, y en Ti gozar de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.