Tenía 17 años y había dejado los estudios dos años antes, y su corta y desordenada vida tenía una cita ante el abortorio para poner las cosas todavía peor. Pero aquel día los Rescatadores Juan Pablo II estaban a las puertas del matadero y uno de ellos, Jesús Marina, consiguió hablar con ella.

"Tengo claro que quiero abortar", dijo la joven madre. Pero esa actitud decidida cambió cuando empezó a conocer que había otras posibilidades. Lo que más deseaba era desahogarse: "Quería hablar. Al día siguiente quedamos para hablar en una cafetería cercana a su casa. De repente se derrumbó. No le gustaba su vida, pero su bebé le estorbaba", cuenta Marta Velarde Mayol en el blog de dicho grupo provida.

Al cabo de unos días, la conversación surtió efecto: “Lo he pensado mucho y tenéis razón, es una oportunidad para hacer las cosas bien”. Acompañada permanentemente por los rescatadores, antes y después del parto, la chica dio a luz a una niña, Lisa.

Nada más nacer le detectaron una grave enfermedad, y eso las unió todavía más, la muchacha no se separaba de su hija: "Cada vez que la llamábamos estaba de nuevo en el hospital. Lisa estaba cambiando a su madre, Dios decidió que fuera así", explica Marta.

Lisa murió cuando tenía sólo diez meses: "Su madre sólo vivía para ella. Se ha muerto en paz. Y en paz ha dejado a su madre, que nos comentó lo feliz que la ha hecho. Su vida ha salvado a su madre".