No es nada frecuente que dos cardenales de dos países distintos (en este caso Angelo Scola, arzobispo de Milán, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena) escriban en un diario de un tercer país (Le Figaro, en Francia) animando a la población a todos los europeos a mantener una movilización en defensa de los seres humanos desde su concepción.

En este caso los dos importantes cardenales escriben contra la PMA ("procréation médicalement assistée" o reproducción asistida, que en este caso se refiere a métodos de producción de embriones, no a ayudas para que los matrimonios puedan concebir o mejorar su fertilidad) y la GPA ("Gestation pour Autrui", es decir, la maternidad subrogada o el uso de "vientres" de alquiler para gestar bebés para entregar a "padres clientes").

En el fondo, late una misma crítica: los seres humanos en estos sistemas no son engendrados, sino producidos: se piensa en seres humanos en su fase de embrión y bebé como productos. Y por lo tanto se genera un mercado en torno a ellos: estos seres humanos son mercancías que se compran, venden, encargan y desechan (los matan o congelan)si son defectuosos.

Este es el texto en FIGAROVOX/TRIBUNE
Ángelo Scola, cardenal arzobispo de Milán
Christoph Schönborn, cardenal arzobispo de Viena

»Hace cien años nuestro continente estaba hundido en una guerra, arrastrando tras él al mundo en un conflicto del cual no supo medir las consecuencias.

»La guerra de 19141918 planteó, de manera trágica y nueva, la cuestión del valor de la vida humana: ¿cuántos hombres y mujeres pagaron con el precio de su sangre?

»¿Cuántas familias lloraron a un hijo, un padre, un hermano, un amigo que no volvió nunca más?¿Cuántos padres se quedaron sin hijos e hijos sin padres? Toda la familia europea estaba de luto.

»Hoy, nuevas amenazas se ciernen sobre nuestro continente y plantean la misma pregunta sobre el valor de la vida humana, en términos diferentes.

»En nuestra economía liberal, el mercado no puede convertirse en la norma última, la necesidad no es la única brújula y el hombre no puede transformarse en una variable de reajuste entre la oferta y la demanda.

»En distintos países de Europa, las leyes o la reglamentación ya permiten la maternidad subrogada. Nosotros vemos en ello un doble atentado a la dignidad humana: contra los niños por un lado, condenados a «ser huérfanos de sus padres vivos» según la expresión de Juan Pablo II en su Carta a las familias, y contra las madres por el otro, cuyo cuerpo es cosificado, instrumentalizado, alquilado.

»Si nos inquieta la reciente decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de instaurar filiaciones ficticias, hay que aclamar la reacción viva, creativa, joven y duradera de Francia sobre esta cuestión. Francia ha tenido la valentía de decir "no". El Presidente de la República Francesa en persona se ha comprometido contra la maternidad subrogada.

»La Manif Pour Tous (www.lamanifpourtous.fr/es/), actualmente bien conocida en toda Europa, ya había advertido que cambiar la naturaleza del matrimonio traería otras reivindicaciones que desnaturalizarían la adopción y llevarían a la fabricación de seres humanos.

»Efectivamente, ahí están, en estado latente, todas las condiciones de una esclavitud moderna en la que el niño es concebido como una mercancía, un comercio en el que los más ricos explotan a los más pobres, y una aceleración de la eugenesia occidental.

»Visto desde nuestros distintos países, lo que nos impresiona es que el movimiento francés, incuestionablemente llevado adelante por numerosos católicos, se ha constituido con creyentes de otras confesiones, otras religiones y por no creyentes.

»No se trata, por lo tanto, de una voz eclesial, sino de una voz francesa que se hace oír, a nivel tanto europeo como internacional.

»Su expresión, popular y ciudadana, debería servir de inspiración a los pueblos occidentales y permitir a la Convención Europea de Derechos Humanos adoptar una resolución capaz de proteger los derechos del niño.

»¿No sería esto una prolongación lógica de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre? Hay que garantizar los derechos del niño a conocer su origen y a crecer, en la medida de lo posible, con su padre y su madre, excluyendo cualquier forma de contrato, ya sea económico o no, que le prive de uno o de ambos progenitores.

»La fundación de una familia no puede ser, de hecho, la expresión de la sola voluntad de unos cuantos. Si lo biológico no hace toda la filiación, la filiación no puede hacerse sin lo biológico. Ella prolonga lo que se ha iniciado en el cuerpo.

»Como han expresado nuestros hermanos obispos en Francia, si se abre el acceso a la reproducción asistida o a la maternidad subrogada, toda la filiación se desorientará, pues una generación de niños se verá privada intencionadamente de uno de sus progenitores.

»El Papa Francisco nos llama sin cesar a salir de nosotros mismos e ir a las periferias: no se trata de geografía, sino de existencia. En las periferias de nuestra humanidad se encuentran la extrema fragilidad, la pequeñez y la pobreza: la de los ancianos y la de la infancia.

»Ha sido la atención prestada a estas periferias lo que ha formado el corazón de nuestra civilización.

»No sólo queremos agradecer a los franceses su inesperado despertar y su estimulante compromiso - que será muy útil, en el momento oportuno, en nuestros países -; queremos también llamarlos, sobre todo, a permanecer fieles a su historia.

»No se trata aquí de sus raíces, sino de las ramas, los brotes y los frutos, en resumen, del futuro de nuestra Europa.

(Traducción al español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España)