José Manuel Montaner Isnardo es un sacerdote de 45 años, párroco en Valencia, en Santo Domingo Savio y San Expedito Mártir. Está especialmente interesado en la cuestión de la transmisión de la fe en la familia, además de en la pastoral de personas con discapacidad. Hace un tiempo publicó el libro Ánimo, familia, ¡sé lo que eres! , con el subtítulo Transmitiendo con valentía la fe en la familia, acompañados de San Juan Pablo II.

Allí, tras un estudio del hermoso magisterio de San Juan Pablo II, presenta un decálogo sencillo sobre la transmisión de la fe de los padres a sus hijos con unas preguntas de reflexión que sirvan como ayuda a los padres. Presenta así diez enseñanzas prácticas del magisterio de San Juan Pablo II que pueden ayudar a los padres en esta tarea hermosa y también difícil.



1. Descubrid lo que Dios quiere de las familias

Es necesario que los padres vayan descubriendo el ser de la familia, lo que Dios le ha llamado a ser y a vivir. No es compararse ni con nada ni con nadie, sino más bien, es ir viendo qué misión les encarga Dios y cuál es su identidad: mostrar el amor de Dios. Para ello los padres necesitan estar atentos, en sintonía con Dios. Eso se consigue con la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos.

Pregunta: ¿Qué cosas o acciones concretas me pide el Señor como padre, madre, en relación con mis hijos? En estos momentos ¿qué cosas me impiden escuchar al Señor?

2. Mira a Cristo, las veces que sea necesario

Las familias han de mirar a Cristo constantemente, sin miedo y con confianza. Eso les ayudará a descubrir la llamada del Señor en cada momento. También en los momentos de debilidad, de cansancio, de dudas y de pecado han de mirar a Cristo. Santo es "el que cuando peca, sabe levantarse", como decía el Santo cura de Ars.

Pregunta: ¿Cómo puedo mirar hoy al Señor?

3. Sed en casa comunidad de vida y amor

La familia “está constituida como íntima comunidad de vida y de amor” (GS, 48). Los padres han de ser esa imagen que impregna y llena de vida y luz a sus hijos. Los hijos van descubriendo que, a pesar de las dificultades, son amados por lo que son y no por lo que tienen. Dios nos crea "a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor" (FC, 11). Los hijos lo aprenden viendo la fidelidad de los padres, a pesar de las dificultades y problemas.

Pregunta: ¿Qué puedo hacer como padre/madre para manifestar esa comunidad de vida y amor?

4. Educad a los hijos en todas sus dimensiones

Los padres son los protagonistas de la educación de sus hijos. Otras instituciones (parroquia, movimientos, escuelas) colaborarán con ellos, pero nada más. La educación debe tener en cuenta todas las dimensiones de la persona y los padres no deben desatender ninguna.

Pregunta: ¿Con qué película, juego o excursión puedo educar hoy a mis hijos o nietos?

Padre y madre enseñan al niño a caminar en la vida, también en la vida espiritual, hacia Dios.

5. Sed Iglesia doméstica

La familia es la Iglesia doméstica, Iglesia en miniatura. La familia cumple la misión de la Iglesia: "Id y haced discípulos míos, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19s). Eso se puede hacer sin buscar cosas complicadas. Ir juntos a misa, rezar juntos al Señor y a la Virgen, bendecir la mesa al comer juntos... todo eso es ser Iglesia doméstica.

Pregunta: ¿De qué otras formas podemos ser Iglesia doméstica, también ante amigos o vecinos, sean o no creyentes?

6. Sed testigos del Resucitado

Cristo Resucitado se presenta a los discípulos y les dice: "Paz a vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 20s).  Lo mismo le dice a las familias. El domingo toda la familia puede ir a misa, y los padres, quizá ayudados por los catequistas, pueden dar breves enseñanzas a los hijos sobre la fe.

Pregunta: ¿Cómo ser testigos del Resucitado delante de nuestros hijos, yernos, nueras, nietos...?

7. Sed humildes

Dios se deja conquistar por el humilde, repetía San Juan Pablo II. Esa humildad es necesaria que la vivan los padres. No es que pierdan autoridad, para nada, con la humildad la ganan y la tienen.

Pregunta: ¿Cómo aprovechar un acontecimiento cualquiera -laboral, familiar...- para hablar desde las obras, con y de la humildad? 

8. Pedid perdón al Señor y a los demás

Los padres no tienen que tener vergüenza de pedir perdón ante sus hijos, si se han equivocado. Eso no los hace inferiores, sino más bien hace que se descubra lo valiosos que son. Los hijos saben que sus padres no son perfectos. No olvidemos que “el que se humilla será enaltecido” (Mt 18, 14). Además, tampoco han de tener vergüenza de pedir perdón al Señor y de acudir a confesarse con un sacerdote.

Pregunta: Si en tal o cual situación me he enfadado y he gritado más de la cuenta, ¿qué puedo hacer? 

José Manuel Montaner, sacerdote de Valencia, expone en 10 propuestas sencillas enseñanzas para las familias inspiradas en el magisterio de Juan Pablo II.

9. Dad gracias a Dios

Estamos acostumbrados a pedir, pero a menudo nos olvidamos de dar gracias a Dios. Es necesario que los padres den gracias a Dios delante de sus hijos: que den gracias por cada uno de sus hijos, diciendo su nombre; y que den gracias por acontecimientos que han vivido (han salido bien las pruebas médicas de unos de los miembros de la familia, o por el alimento diario, o el trabajo que tienen o un miembro de la familia ha aprobado un examen). Puede hacerse al reunir a la familia antes o después de la comida o la cena.

Pregunta: ¿De qué cosas puedo dar gracias a Dios o a la Virgen hoy?

10. Descubrid la gracia de Dios

Es muy necesario celebrar con toda la comunidad cristiana los sacramentos de la Iglesia, llenarnos de la gracia de Dios. No solo acompañar a los hijos en los sacramentos de la iniciación cristiana, sino celebrarlos y vivir dominicalmente la Eucaristía. Además es muy importante acudir con frecuencia a la confesión. Allí el Señor nos da el alimento para poder continuar esa educación integral de los hijos. Vale la pena ir a misa sin prisas, confesarse...quizá quieras apuntarlo como una tarea a realizar en tu agenda, para organizarte mejor.

Una conclusión: el ejemplo es lo que enseña

En realidad, los niños no aprenden tanto de lo que les podamos decir, sino de lo que nos vean hacer. Los niños ven si sus padres rezan, si van a misa, si ayudan a los necesitados, si colaboran con su parroquia... El día de mañana, también ellos lo harán porque habrán aprendido con el ejemplo de sus padres, no tanto por palabras o discursos.