A veces basta poco para cambiar las cosas. En el Hospital Santa Úrsula de Bolonia han sido fundamentales 19 horas, 4 minutos y 19 segundos: éste es el tiempo que ha vivido en esta tierra Giacomo, instantes de vida que han cambiado las cosas.

Ahora en el hospital hablan de “Recorrido Giacomo”, un protocolo que quiere ponerse en marcha en el servicio de neonatología para cuidar a esos niños especiales que, como Giacomo, nacen y están condenados a vivir pocos minutos.

El pequeño Giacomo, sobre el que pendía un despiadado diagnóstico de anencefalia, nació y fue acogido entre los brazos de su mamá y su papá y de sus hermanos. Estuvo con ellos un tiempo que puede parecer insignificante y que, en cambio, ha sido pleno y denso.

Esta experiencia ha puesto a todos de acuerdo en el servicio sobre el hecho de que se necesita hacer algo para enfrentarse a este tipo de situaciones, según cuenta Lorenzo Bertocchi en La Nuova Bussola Quotidiana.

El ginecólogo le había dicho a la madre, Natascia (quien ya había tenido que enfrentarse a la misma situación once años antes): “No cometa la locura de la otra vez”. (Como ha explicado Natascia en una entrevista, entonces a su hija Michela le diagnosticaron también anencefalia, y continuó el embarazo, muriendo la pequeña a los pocos instantes de nacer.)

En un primer impulso, Natascia pensó incluso en ceder esta vez, pero con el apoyo del marido decidió hacer lo que hizo once años antes. Y en medio, un diálogo con el cardenal Carlo Caffarra.

En una entrevista concedida a Massimo Pandolfi, del Resto del Carlino, Natascia ha contado que fue a ver al cardenal para plantearle tres preguntas:

1) el niño no tiene cerebro: ¿es vida?;
2) es la segunda vez que me sucede: ¿no será un plan del diablo?;
3) ¿dónde está ahora Michela? ¿Y dónde irá Giacomo?

El cardenal no se echó atrás y no evitó las repuestas con atajos. Respondió.

A la primera: es un niño verdadero y, sobre todo, es tu hijo.

A la segunda: es un don de Dios, porque el diablo no puede ni dar ni quitar la vida. Puede sólo alejarte de la verdad y es lo que está intentado hacer.

A la tercera: Michela está en brazos de Dios, donde irá Giacomo.

Pero –dice Natascia– el cardenal fue más allá: "Me cogió las manos, las estrechó con fuerza y me dijo: ¡estaré siempre contigo! Ve cada día a San Lucas, pídele a la Virgen que te ayude a seguir adelante como se te pide, ahora no puedes porque estás demasiado destrozada. Pero ¡pide ayuda! Pide, pide".

Y así se ha llegado a esas 19 horas, 4 minutos y 19 segundos, toda la vida de Giacomo que según su madre Natascia “han incidido en mi vida más que cuarenta años”.

Cuando el diario QN le pregunta "qué sentido ha tenido todo esto", Nastascia no lo duda: "Le respondo con un ejemplo. Desde hace un par de años nuestro matrimonio andaba en dificultades, estábamos abrumados por las cosas que nos atrapaban, habíamos perdido el corazón de todo. Así la vida se nos escapaba, nos limitábamos a soportarla. Yo ya no amaba la realidad. Ahora todo ha cambiado".

Es el "milagro de Giacomo". Natascia explica que durante meses pidió el milagro de la curación del bebé antes de nacer, y le escribió a Benedicto XVI y a Francisco, quienes le respondieron "con ternura". Al sexto mes se rindió: "Alcé la bandera blanca y dije: me rindo, pero, Jesús, demuéstrame ahora tu ternura y tu poder".

Y el resultado fueron esas 19 horas que pasó con él. Sus otros dos hijos, Federico y Francesca, "jugaron con Giacomo, le acariciaban... Francesca, la más pequeña, cuando dibuja a nuestra familia pone seis personas, inclyendo a Michela y Giacomo.

Y hay un segundo "milagro"  de Giacomo, cuyo caso cambiará los protocolos del Hospital Santa Úrsula de Bolonia. ¿Por qué ha impresionado al personal médico del centro? Una enfermera se lo confesó a Natascia: "Vi un niño que no debía haber estado, y sin embargo estaba. Y una familia que lo amaba".


Frente a la reciente sentencia de la consulta que ha eliminado de hecho la Ley 40 abriendo la jungla salvaje de los niños probeta, el cardenal Caffarra no podía dejar de intervenir. Lo ha hecho con un comunicado que lleva un título inequívoco, Por qué no puedo callar.

Quien conoce al arzobispo de Bolonia sabe que su sufrimiento, y también su impaciencia, son auténticos y bien fundamentados. Por mucho que se obstinen sus detractores, sus consideraciones no son de carácter confesional. Ya lo había dicho el verano pasado cuando se dirigió al alcalde de Bolonia: se están poniendo en discusión evidencias “que al explicarlas dan ganas de echarse a llorar”.

En el comunicado publicado en el suplemento de Avvenire Bologna 7, Caffarra se refiere no sólo a la sentencia sobre la fecundación heteróloga, sino también a la del tribunal de Grosseto que ha impuesto la inscripción en el registro civil de un matrimonio entre dos hombres, y la decisión de un juez de absolver a una pareja que había recurrido a la práctica del llamado “vientre de alquiler” en la India para tener un hijo.

"No estamos discutiendo sobre las conductas", ha escrito el arzobispo de Bolonia: "Es la persona humana como tal la que está en peligro, porque se están redefiniendo artificialmente las vivencias humanas fundamentales: la relación hombre-mujer; la maternidad y la paternidad; la dignidad y los derechos del niño. Se están poniendo en cuestión las relaciones fundamentales que estructuran a la persona humana".

Son temas que él conoce bien; de hecho, no fue casual que el Beato Juan Pablo II lo quisiera como primer presidente del Instituto de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Y el caso de Giacomo demuestra de manera concreta cómo el cardenal se pone en juego a fondo en lo concreto.

"No me interesa el aspecto ético de la cuestión, y tampoco estoy hablando de temas éticos", advierte Caffarra: "Desgraciadamente, la cuestión es mucho más profunda. Es una cuestión antropológica".

El suyo es un grito de apóstol: "¿Por qué Dios se ha hecho hombre? ¿Por qué ha muerto crucificado?", se pregunta el arzobispo. "Sólo hay una respuesta: porque ha amado locamente al hombre". Por tanto "cada vez que hieres al hombre, que le robas su humanidad, hieres al Dios-hombre. Esta es la razón por la que no he podido callar. Para que la Cruz de Cristo no sea vana".