Según el Guttmacher Institute, fundado originariamente como rama de investigación de Planned Parenthood (la mayor industria del aborto en Estados Unidos), el número de médicos en el país dispuestos a practicar abortos, que no paró de crecer desde la legalización en 1973 hasta su pico en 1982 (2908 aborteros), cayó hasta 1720 en 2011: esto es, una caída del 40,85% que alarma al sector.

El descenso va parejo con el del número de abortos, situado ahora al mismo nivel que en 1973. Y aunque influyen otros factores, como la difusión de métodos anticonceptivos y el final de la etapa fértil de las mujeres nacidas en el baby boom de los sesenta y setenta, una causa primordial es el estigma social en que ha caído el aborto gracias a la persistencia en el trabajo de los grupos provida y a la ruptura, a través de internet, del cerco mediático puesto al tema por los medios clásicos, más dependientes de los poderes políticos y económicos.

Susan Hill, presidenta de la pro abortista National Women´s Health Foundation [Fundación Nacional para la Salud de las Mujeres], admite el problema que se le plantea a la industria del aborto: "Necesitamos médicos jóvenes, y los necesitamos desesperadamente. La situación es muy grave, realmente seria".

Según un artículo publicado en 2011 por Debra Stulberg, investigadora de la Universidad de Chicago, sólo el 14% de los ginecólogos practican abortos, y sólo el 40% de los programas de formación de ginecólogos y obstetras enseñan a hacerlo, hasta el punto de que el lobby abortista ha movilizado asociaciones, como Medical Students for Choice, para captar estudiantes de Medicina dispuestos a convertirse en aborteros al concluir la carrera.


Pero los programas de formación producen a veces el resultado contrario. Brad Mattes cuenta en LifeNews el caso de Lesley Wojick, una joven partidaria del aborto que quedó horrorizada al asistir a su primer aborto y quedó paralizada al ver en acción el instrumental. Algo "chirriaba" en lo que ella quería hacer en la vida, dice: "No sé... Es algo muy insensible. Tiene que haber algo más que vaciar el útero con un instrumento como el de un dentista". En esa primera carniceria a la que asistió voluntariamente para formarse en algo a lo que pensaba dedicarse, los oídos de Lesley se espantaron con los gritos de la madre, a quien le dolía la intervención.

El caso es que Lesley sigue siendo partidaria del aborto, pero tras lo que vio aquel día no se considera "emocionalmente preparada" para practicarlos.

Otros aprendices de aborteros sí han ido más lejos en su reflexión sobre lo que vieron. Brad Mattes cita a uno, sin revelar su nombre, que también antes era partidario del aborto y que también quería prepararse para ganarse así el pan. Se encontró con algo tan "crudo" que le quitó el sueño: el sonido de la aspiradora llenándose de sangre, tejido y órganos del feto, el sonido que deja de sonar, el vaciado de la aspiradora con su macabro contenido... "No he podido luego dejar de pensar en lo que ese niño podría haber sido. Esas imágenes me torturan... y eso que sólo fui un espectador. Nunca jamás volveré a ser partidario del aborto ni apoyaré el asesinato de ningún ser humano, sea cual sea el estadio vital".


A este problema de carencia de nuevos aborteros se une que muchos de los más veteranos cometen abortos ilegales que les han llevado a juicio. El más sonado en Estados Unidos fue el del infanticida en serie Kermit Gosnell, cuyo juicio en la primavera de 2013 cambió la opinión sobre el aborto de varios periodistas que cubrian el juicio. Además, en los últimos meses varios aborteros han sido denunciados por mujeres por graves lesiones causadas por abortos fallidos, en particular durante los últimos meses de gestación.


El problema es de tal magnitud, que muchos médicos, ante la imposibilidad de atender todos los casos, están empezando a practicar abortos a distancia, sin tan siquiera examinar a la madre. Mediante teleconferencia, hablan con ella y autorizan el consumo de una pastilla que induzca el aborto. Eso les permite agrandar "mercado" para mantener la rentabilidad del negocio. Dados los peligros que esto implica para la gestante, esta práctica se ha prohibido Arizona, Iowa, Kansas, Nebraska, Carolina del Norte y Wisconsin.

Y hay estados, como Texas, donde desde que es preceptivo enseñar a la madre una ecografía del niño que lleva dentro las clínicas abortistas cierran una tras otra: la imagen es disuasoria y casi ninguna mujer que la ve quiere seguir con el procedimiento.


Por todo ello, California ha cedido a la presión del lobby abortista y ha autorizado a no médicos a practicar abortos dentro del primer trimestre. Si en los años setenta los abortistas querían legalizar el aborto para que lo practicasen médicos (y así la vida de la madre no peligrase mientras acababa con la de su hijo), ahora quieren que el aborto lo practique personal no médico para poder mantener el negocio. Razón: la ausencia de profesionales dispuestos a arrostrar el estigma social que supone esa dedicación.