La tenaz labor de los rescatadores ante los abortorios consigue éxitos muchas veces, fracasos otras tantas (cuando se pasa de largo ante ellos o son escuchados sin fruto) y en ocasiones se quedan con la incógnita de haber hecho mella o no en el propósito de una madre de eliminar a su hijo incrementando la cuenta de resultados de los médicos de, por ejemplo, Family Planning Associates.

Esta asociación se presenta a sí misma como "reconocida líder nacional en planificación familiar y servicios de aborto, siendo su seña de identidad la profesionalidad y la calidad".

Y ante ella, como ante las clínicas de Planned Parenthood, se planta uno de esos rescatadores tras recorrer cada día 16 kilómetros en bicicleta, apostándose ante esos profesionales de calidad e intentar salvar de la muerte a algún inocente. Y el sábado pasado se encontró con un caso por el que su grupo, radicado en San Diego (California), pide oraciones estos días: "Rezad por C.", piden.


C. llegó junto con su madre al abortorio y el joven se paró a hablar con ella. Lo primero que hizo fue contarle el "horrible historial médico" del hombre que iba a suprimir su embarazo. Inmediatamente, a C. se le llenaron los ojos de lágrimas. Estaba claro que no quería someterse a esa intervención, pero su madre estaba decidida a rematar el asunto y tiraba de ella hacia las puertas del centro. Como la chica se resistía, su madre se metió en la clínica a denunciar la actuación del rescatador.

Eso le permitió a éste hablar a solas con la chica y conocer detalles del caso. El feto estaba ya de diez semanas, y el rescatador le enseñó un pequeño muñeco (similar el "bebé Aido" español) para que viese su aspecto. La joven le explicó que ella no quería abortar y que sabía que hacerlo estaba mal, pero que tenía un buen trabajo y no quería que el parto arruinase su vida. Su novio y padre de la criatura estaba dispuesto a tener el hijo, pero ella temía dejar de trabajar, y además su madre quería que abortase a toda costa. Ése era el único día que podían hacerlo, porque al día siguiente ella salía de viaje a Italia durante dos semanas, y volvería a Estados Unidos justo al borde del límite legal del aborto.

El rescatador fue muy claro y no se anduvo con tapujos. La vida, le explicó, es como una bala. Una vez que aprietas el gatillo, ya no hay vuelta atrás. Le ofreció la ayuda de su organización, COLFS (Culture of Life Family Services, Servicios Familiares de la Cultura de la Vida), donde le harían una ecografía con ultrasonidos para ver a su hijo y le ofrecerían alternativas.


En ese momento salió la madre, echa una furia con el rescatador, y tiró de su hija, que seguía llorando, para llevársela de allí, pero al menos no fueron en dirección a la clínica, sino hacia su casa. El rescatador le regaló un rosario para llevar a Italia: "Ella (la Virgen) te cuidará", le dijo, un mensaje que la joven pareció recibir con agrado.

Pero no han vuelto a saber de ella. En unos días regresará a California y tendrá que tomar una decisión. Ahora ya no depende de la dureza de corazón de su madre, ni del médico beneficiario de la operación, ni de su tibio novio, ni siquiera del joven de la bicicleta. Todo depende ahora de C. y de quienes quieran rezar por ella.