Como tantos otros temas relacionados con el consistorio del 20 de noviembre, las firmes palabras del ahora cardenal Raymond Burke contra la comunión de los políticos pro-aborto quedaron eclipsadas por la "polémica condonera" del libro de Peter Seewald, pero han quedado  grabadas en Radio Vaticana (en http://212.77.9.15/audiomp3/00236048.MP3 ) y viniendo del Prefecto de la Signatura Apostólica (el "tribunal supremo" de la Iglesia) no pueden desdeñarse.
 
En vísperas de su elevación al cardenalato, la periodista Tracey McClure preguntó a Burke por "las observaciones que usted hizo sobre los políticos pro-abortos, por ejemplo, los que reciben la Comunión” y si se sentía desanimado porque muchos “no están recibiendo el mensaje”.

“Pienso que es natural sentirse tentado a desanimarse, y yo he padecido esas tentaciones”, respondió el cardenal Burke. “Por ejemplo, sobre la cuestión de si puede recibir la Santa Comunión una persona que pública y obstinadamente defiende el derecho de una mujer a abortar al hijo que lleva en sus entrañas, me parece algo muy claro en los 2000 años de tradición de la Iglesia: la Iglesia ha afirmado enérgicamente que una persona que está pública y obstinadamente en pecado grave no debe acercarse a recibir la Santa Comunión y, si él o ella lo hace, entonces se le debe negar la Santa Comunión”.

El cardenal Burke explicó que la sanción de negar la Comunión a una persona que disiente públicamente de las enseñanzas de la Iglesia busca “evitar que la persona cometa un sacrilegio. En otras palabras, evitar que reciba el Sacramento indignamente, ya que la santidad del Sacramento mismo exige estar en estado de gracia para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

Es desalentador que algunos miembros de la Iglesia digan que no entienden esto o que digan que de alguna manera existe un atenuante para alguien que, aunque está pública y obstinadamente en pecado grave, pueda recibir la Santa Comunión”, dijo el cardenal Burke.
 
“Esta respuesta por parte de muchos miembros de la Iglesia proviene de la experiencia de vivir en una sociedad que está completamente secularizada, y la idea que está grabada a fuego – el pensamiento centrado en Dios que ha marcado la disciplina de la Iglesia – no la entienden fácilmente los que son bombardeados cada día con una especie de aproximación sin-Dios al mundo y a muchas cuestiones. Es por eso que yo trato de no desanimarme para continuar proclamando el mensaje en una forma que la gente pueda entender”.
 
El cardenal pidió a los obispos que en este tema no dejen solos a sus sacerdotes frente a sus feligreses pro-aborto.
 
“No ha sido fácil para mí afrontar esta cuestión frente a algunos políticos católicos. Y he tenido a algunos sacerdotes que me hablan y me dicen qué duro es cuando ellos tienen individuos en sus parroquias que están en una situación de pecado público y grave… y entonces, ellos miran al obispo para animarse e inspirarse para afrontar esta situación”. Por eso, “cuando un obispo adopta medidas pastorales apropiadas respecto a este tema, también está ayudando mucho a otros obispos, y también a los sacerdotes”.
 
Burke insistió en que es necesario predicar este mensaje “a tiempo y destiempo, tanto si es cálidamente recibido o no es recibido, o es resistido o criticado”.
 
 En noviembre de 2009,  el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, declaró ante la prensa que «los sacerdotes saben lo que tienen que hacer» cuando se acerca a comulgar alguien en grave pecado público. Pero el día 29 La Razón demostró que no siempre es así.
 
El periódico envió a unas periodistas a preguntar a la parroquia de San Pedro Apóstol, en Olías del Rey (Toledo), a la que pertenece la urbanización donde reside el presidente del Congreso y diputado socialista José Bono, a quien no se le conoce oposición (y sí apoyo) a la actual Ley del Aborto española. El párroco, Juan Carlos Bustos, colombiano, afirmó que si Bono (al que no conocía) se acercase a comulgar en la parroquia del pueblo él sí le administraría la comunión porque «yo no sé si se acaba de confesar con otro sacerdote».
 
En Olías hay un seminario de la congregación de los Operarios del Reino de Cristo, de origen mexicano. La urbanización donde está la residencia de José Bono cuenta con su propia iglesia, a cargo de la misma congregación. Un sacerdote de este templo, el padre Álvaro, mexicano, con poco tiempo en España, también ignoraba las declaraciones de los obispos sobre el aborto y los políticos. Explicó a La Razón que «un sacerdote no puede negarle la comunión a una persona». Le parece que sería un escándalo hacerlo porque «haría público su pecado».
 
Pero, ¿y si se trata de un pecado público, como es el caso de votar públicamente a favor del aborto? «En ese caso, si recibiese una orden específica del arzobispo, sí se la retiraría», comenta el sacerdote.

El padre Álvaro desconoce el texto del cardenal Ratzinger de 2004 que pide a los párrocos reunirse con los pecadores públicos para «instruirlos respecto de las enseñanzas de la Iglesia». Como dijo Burke en Radio Vaticano, los curas "miran al obispo para animarse e inspirarse para afrontar esta situación".