Beata Osanna de Mantua, virgen dominica. 18 de junio.
 
Osana (u Osanna) nació en 1449, de padres nobles, la familia Andreasi, nobles de posición social y, como toda vida de santos, de virtudes. Y, para no ser menos, nos señalan que a los 6 años, su ángel de la Guarda le enseñó a orar y a preparar su corazón para entregarlo a Cristo. Para ello comenzó una ardua lucha contra las tentaciones, el dominio del cuerpo y del espíritu; mediante la penitencia, los sacrificios y las renuncias (dormía sobre una tabla, usó cilicio toda su vida, etc). A los 7 años, ya hizo voto de virginidad y a los 14 tomó el hábito de Tercera de la Orden de Santo Domingo, pero, caso curioso, su profesión como terciaria no consta sino con 50 años, seis años antes de morir. O ciertamente fue esta la edad en que abrazó la regla dominica o, probable también, vistió el hábito solo por devoción, como tantos, sin pertenecer a la Orden. Antes de recibir instrucción, la misma Virgen María la enseñó a leer y escribir. 
 
Fue devota de la Pasión y sufrimientos de Cristo, los que llegó a sentir en su propia carne y alma. Particularmente tuvo devoción a la llaga del Costado, que en la mística católica es la expresión gráfica de la misericordia derramada hasta el extremo, el agotamiento. Como se lee de otras santas, Cristo la desposó consigo mismo, mediante el matrimonio místico, siendo "testigos" de la unión, la Virgen María y el rey San David (29 de diciembre). Pero esta vida mística no le hizo olvidar a la suprema virtud, según San Pablo: la caridad. Con su patrimonio socorría a los pobres, los enfermos, los mendigos. Fundó hospitales, atendía personalmente a los necesitados y daba limosnas para fines benéficos. Además, predicaba a los demás sobre Dios, la salvación, la necesidad de la penitencia y la conversión, ayudando a los que le pedían consejo a mejorar de vida, solucionar problemas o hallar la paz. En resumen, su vida fue como su frase preferida: "Perdido el día en que no se ha hecho una buena obra".
 
Cristo intercambió con ella su corazón, como se lee de Santa Catalina de Siena (1 de abril, Impresión de las llagas, y 29 de abril), San Miguel de los Santos (8 de junio), o Santa Lutgarda (16 de junio) haciendo patente esta complacencia en sus virtudes y su vida ascética y mística. Le hizo partícipe de sus dolores y sentimientos, mediante las llagas de la Pasión, que Osanna llevó de manera visible. En 1505, a los 56 años, víctima de una enfermedad dolorosa, falleció, rodeada de la devoción de los mantuanos, que le profesaron devoción desde sus mismos funerales. León X avaló esta devoción, concediendo que la diócesis de Mantua rezara un oficio propio. Y lo confirmó Inocencio XII, extendiendo la memoria a toda la orden dominicana.
 
Sus tributos son los símbolos de la Pasión (cruz, corona de espinas, llagas), un corazón traspasado, el anillo místico, y la azucena de la pureza.


A 18 de junio además se celebra a:
Santos Marco y Marceliano, mártires.
Santa Isabel de Shönau, mística cisterciense
Santos Potentino, Felicio y Simplicio, ermitaños.