San Telesforo, carmelita, papa y mártir. 5 y 30 de enero (carmelitas), 22 de febrero (Iglesia griega).

Para hablar de San Telesforo, tenemos dos fuentes principales, bastante confiables, que son San Ireneo de Lyon (28 de junio, 3 de julio y 23 de agosto, Iglesia Oriental), que dice: "Clemente fue sucedido por Evaristo. Alejandro siguió a Evaristo, y luego, el sexto de los apóstoles, fue llamado Sixto, después de él, Telesforo, que fue martirizado gloriosamente". (Adv. haereses. III, III, 3). Llama la atención que solo de Telesforo mencione que fue martirizado, cuando los demás también lo fueron. Incluso de San Clemente (23 de noviembre) y de San Sixto I (11 de enero, traslación de las reliquias a Alatri; 3 y 6 de abril), sobre todo del primero, se narran sendos martirios. Es extraño no lo señale Ireneo también de ellos, aunque hoy podemos saber por qué: las leyendas son tardías. Sixto no será considerado mártir hasta avanzado el siglo V.

Pero volvamos a las fuentes: La segunda es el escritor Eusebio de Cesarea, en cual, en su Historia Eclesiástica (IV, VII, XIV) le menciona en tiempos de Adriano y muerto bajo Antonino Pío. Otra fuente utilizada a la hora de hablar de Telesforo, pero a la que hay que mirar con desconfianza es el Liber Pontificalis, que le atribuyen normas litúrgicas, lo cual son solo fabulaciones pues son muy posteriores. Y, para escribir un poco más del santo, me remito "Flores del Carmelo, vida de los Santos Carmelitas", que tampoco escapa a adornar lo poco que se sabe del santo. Y resumo:

Es Telesforo una muestra de cómo entre los colaboradores y sucesores de los apóstoles, y pastores de la primitiva Iglesia, hubo siempre monjes de la viña de Elías. Nació el santo en Grecia, aunque algunas leyendas le hacen oriundo de Calabria (llamada en antiguo “Magna Grecia"). Por aquellos lares recibió el hábito carmelita, luego de haberse formado en las letras y la piedad. Eligió las soledades del Carmelo para huir de la vanagloria y adulaciones de los hombres, por su vasta sabiduría. Pero le fue poco, pues luego de hacer vida monástica, prefirió la soledad total y el ascetismo de la vida del anacoreta. Ayuno, penitencia, oración y trabajo fue la vida de Telesforo hasta que se sintió llamado a defender a los cristianos perseguidos por el poder imperial. Y no tiene precio como lo narra y compara el “Flores...”.

nuestro santo anacoreta viendo que ya instaba la ocasión, por allarse los católicos tan perseguidos de los emperadores gentiles, dejando los brazos de Raquel, como otro Jacob, salió a la lucha, y a ejemplo del rinoceronte, que estado en tiempo sereno retirado en su cueva y soledad, cuando oye que se arma alguna furiosa tempestad que con sus truenos hace huir a los demás animales o los deslumbra con su luz, y deshace con el ardor de sus rayos, sale de su cueva veloz y pasa intrépido la campaña: salió Telesforo de su cueva y para hacer rostro a los mayores peligros en que los fieles se hallaban, partió a Roma, donde resonaba más cruel la tempestad y era más fatal el estruendo” (1)
 

Este estilo narrativo nos sumerge en una literatura hagiográfica típica del barroco: a base de comparaciones con relatos bíblicos, piadosos, cotidianos y naturales, e incluso mitológicos, se nos pretende dar una lección, en las que el ejemplo primero siempre se ve superado el hecho que se está narrando. Se pretende dar solidez a lo que se quiere decir, con datos previos y conocidos, o que se suponen conocidos y por tanto, fieles. No es un estilo superado del todo y empleado a veces para la apologética: defender cosas con otras que tal vez no hayan sido defendidas previamente.

O sea, que Telesforo se fue a Roma a defender a los cristianos perseguidos. Llegó estando reinando el emperador Adriano y a este le sucedió Antonino Pío, y hubo un tiempo en que la Iglesia respiró paz, crecieron los fieles, y Telesforo destacó como orador, reformador de costumbres y ejemplo de pastor. Ocurrió el martirio del papa Sixto I (ya vimos que no fue mártir en realidad, y menos si había paz) y viendo que no había alguien más digno para sucederle, a los dos días fue elegido Telesforo para ocupar la cátedra de San Pedro. Era el año 142.

Según la leyenda, comenzó Telesforo un papado de engrandecimiento de la Iglesia, elaboración de normas y corrección de costumbres. Prohibió la lectura de las Sibilas y Cicerón a los cristianos, por hacer memorias a dioses y oráculos. Estableció el ayuno obligatorio para los clérigos durante siete semanas antes de la Pascua, ampliando la cuaresma para estos. Mandó se cantase el himno “Gloria in excelsis Deo” (en realidad no entra en la liturgia hasta mucho después).

El “decreto” por el cual más se le conoce y ha consagrado su iconografía, es aquel mediante el cual establecía que el día 25 de diciembre, Natividad del Señor, los presbíteros celebrasen tres misas. Una a medianoche, en memoria del Nacimiento de Cristo; otra al alba, en memoria de la adoración de los pastores; y la tercera a tercia (9 de la mañana), en memoria de la manifestación a los hombres. En realidad esta costumbre de las tres misas por Navidad tiene otro origen: No nacen hasta el siglo V. La primera mención a la celebración de la Natividad en diciembre es en el siglo IV. Primeramente se celebraba solamente una misa de medianoche en San Pedro, en 431 el Concilio de Éfeso determina se celebre otra misa solmene en Santa María la Mayor, ante el “verdadero” pesebre del Señor. Pero en el siglo VI, comienza la costumbre de que cuando el papa se dirigía de Letrán a San Pedro, se detenía en la iglesia de Santa Anastasia, cuya memoria (anterior a la celebración de la Navidad) es aún a 25 de diciembre. Allí el papa celebraba una misa que conmemoraba a Santa Anastasia y la dedicación de este templo. Es una tradición tan antigua y sólida, que hasta hace muy poco, en la segunda misa de Navidad podía hacerse una conmemoración a Santa Anastasia.

Combatió a herejes y gnósticos: Valentino, presbítero resentido por no ser nombrado obispo, que se creó la teoría de que Cristo era hijo de 15 dioses y 15 diosas. Refutó a los ositas, que tenían a Cristo como una serpiente a la que adoraban; a los Caianos, que defendían y adoraban a Caín frente a Abel; a Marción y su doctrina de un dios malo del Antiguo Testamento y un Dios bueno, del nuevo. Todas estas herejías enfrentaban a los cristianos y confundían a los paganos, pero en medio de la tormenta, Telesforo emergía como árbitro y con su palabra, corrección y caridad, ponía paz y castigaba a los herejes. Tanto fue su celo y firmeza, que ninguno de estos herejes se atrevió a pisar Roma, por miedo a ser vencido por la oratoria y ejemplaridad de Telesforo.

No convenía esto a los sacerdotes paganos, y a los herejes, que cada día perdían fieles, por lo que, sintiéndose derrotados, se fueron al emperador con calumnias y temores acerca del ascendiente de Telesforo sobre los pobladores de Roma, instigándole a comenzar la cuarta persecución. Comenzó la masacre. Telesforo, previendo su fin y para dejar la iglesia local sólida, ordenó tres obispos, doce presbíteros y ocho diáconos, enviándoles por la ciudad y sus alrededores para atender a los perseguidos, consolar a las viudas y fortalecer a los presos. Encargó a San Justino (1 de junio), antes filósofo pagano, luego escritor cristiano y finalmente mártir, que escribiera su famosa “Apología”, que con tanta erudición convencía a paganos y herejes. Vacilaba el emperador Antonino en continuar la persecución, cuando los sacerdotes gentiles planearon matar a Telesforo, como si supieran aquello de “herido el pastor, dispersado el rebaño”.

Predicaba un día el santo papa cuando entre los fieles se infiltraron sacerdotes y fieles paganos, que le apresaron y le llevaron a la cárcel. Luego de muchos tormentos, fue decapitado, el 5 de enero de 154, luego de 11 años de papa, y fue enterrado en la cripta de San Pedro. Este martirio le costó al imperio, según la leyenda, una hambruna generalizada, un terremoto en Rodas, Carbona, Cartago y otras ciudades. El Tíber inundó la ciudad y arrasó con todo lo que pudo. Y reconociendo el emperador que era castigo del cielo, dejó en paz a los cristianos.

Tenido como santo mártir desde el principio, y fijada su memoria el 5 de enero, no entra Telesforo en el calendario carmelitano sino mucho después, cuando se conforma la “historia profética”, y todo monje o eremita antiguo pasa a ser carmelita. En la reforma del breviario que hizo Gregorio XIII en el siglo XVI, fue eliminado del propio. En el siglo XVII, Clemente VIII lo incluyó en el Breviario Romano y finalmente, Clemente X, también en el siglo XVII lo devolvió a los carmelitas como santo propio, fijando su festividad para la Orden a 30 de enero por ser el 5 la vigilia de la Epifanía, a la par que se trasladaba a San Andrés Corsini al 4 de febrero, (hoy a 9 de enero). Finalmente, en la reforma del año 1969 fue eliminado del misal romano y del propio de la Orden.

En la iconografía es reconocible, además del hábito carmelita, por llevar un cáliz con tres hostias, en memoria de las tres misas de Navidad. Es su atributo característico, así como una filacteria o pergamino con un texto alusivo a sus supuestos decretos (ayuno cuaresmal, Pascua, misas de Navidad), y en ocasiones con unos peces, que recuerdan la penitencia cuaresmal rigurosa. Otros atributos son los comunes a papa y mártir: palma, cruz y tiara papal, etc.


Fuentes:
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-“Breve historia de la Navidad”. FRANCISCO JOSÉ GÓMEZ FERNÁNDEZ. Madrid, 2013.
-https://ia800300.us.archive.org/12/items/bookofpopesliber00loom/bookofpopesliber00loom.pdf