San Guillaume de St-Brieuc, obispo. 29 de julio.

Guillaume, o Guillermo, para castellanizarle, nació en 1184 en la parroquia de San Albano, Lamballe, y fue hijo de Olivier Pinchon y Jeanne Fortin, que educaron piadosamente a su hijo. A los 12 años, su obispo, Josselin de St-Brieuc, conoció de sus virtudes y se convirtió su protector, cuidando de que se formara en las Sagradas Escrituras, Santos Padres, ciencias, artes, teología, etc. En 1207, con 23 años de edad le ordenó sacerdote y le nombró canónigo de su catedral. Y en 1220 fue nombrado obispo de Saint-Brieuc, a la muerte del obispo, Silvestre. Por estas mismas fechas recibió una cuantiosa herencia de sus padres, que dedicó exclusivamente a los pobres. Lo último que le quedó, unas posesiones, las vendió en la hambruna de 1225. Lo mismo hacía con todas sus rentas, impuestos, beneficios eclesiásticos: los “invertía” en socorrer a los pobres. Hasta tal punto llegó su pobreza que en una ocasión que se hospedó en una posada, al otro día halló que no llevaba nada en el bolso, ni un céntimo. Providencialmente, un amigo que por allí pasaba, ángel que dice la leyenda, satisfizo su deuda.

En 1226 se enfrentó al duque Pedro I de Bretaña, el hombre más influyente de Francia. Este, en su justa defensa del país, se excedió pretendiendo incautarse impuestos y diezmos de título eclesiástico y San Guillaume le reprochó su actitud impositiva contra la Iglesia. La respuesta del duque fue calumniarle en Roma, destituirle y nombrar a un obispo que le servía a sus intereses. Desterrado nuestro santo obispo, se fue a la diócesis de Poitiers, a ayudar al obispo, muy mayor y que necesitaba ayuda. Allí, en solo cuatro años, restauró la catedral, organizó la beneficencia, visitó conventos y hospitales. En 1230 se solución su situación y regresó a Saint-Brieuc, donde fue aclamado por su agradecido pueblo. Emprendió la reconstrucción y ampliación de la catedral que no vio terminada. El 29 de julio de 1234 falleció, sin tener siquiera una sábana limpia para tender su cadáver. Fue enterrado en su catedral, y según su petición, solo bajo una lápida, sin monumento funerario alguno. En 1239, la necesidad de las obras en la catedral hizo obligatorio el traslado de los restos y al elevar las reliquias, se halló el cuerpo incorrupto y emanando un suave olor. Esto, y su vida entregada a la caridad y la justicia, hicieron que le canonizasen en 1247, siendo el primer santo bretón canonizado oficialmente. En el siglo XV una iglesia dedicada a su memoria se levantó en St-Brieuc.

Fuentes:
- “Vie des bienheureux et des saints de Bretagne”. P. JOSEPH DE GARABY. Saint-Brieuc, 1839.
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