San Simón Stock, una de las figuras más importantes de la Orden del Carmen, es un santo lamentablemente casi desconocido. En parte porque se sabe poco de su vida de infancia y juventud, así como algunas lagunas de su vida carmelitana. Todos los detalles legendarios que se le añadieron a partir del siglo XV para rellenar vacíos, más que bien, le hicieron mal, llegando incluso a su eliminación del calendario litúrgico por parte de los carmelitas descalzos. Hoy, afortunadamente, ha vuelto a figurar en él. Generalmente se le menciona solamente con relación al Escapulario del Carmen, pero su obra de consolidación y propagación de la Orden es interesante y muy digna de considerarse. También tocaré algunos detalles de la historia del Escapulario, dejando aparte, por razones de espacio, los detalles de la leyenda, que siempre aportan "sabor y floritura". Y ahora, vámonos al siglo XIII:

San Simón Stock, VI General de la Orden del Carmen. 16 de mayo.

La referencia más antigua a un "Simón, General de la Orden del Carmen", se halla en la vida del Beato Jordán de Sajonia (13 de febrero), en el “Vitæ Fratrum Ordinis Prædicatorum”, de Gerardo de Frachet, en el siglo XIII. Nos dice que Fray Simón, prior General de la Orden del Carmelo, narró a los dominicos como otro fraile carmelita tuvo una visión de Jordán de Sajonia, el mismo día del ahogamiento de este, que le alentó a no abandonar la Orden, tentación que tenía dicho carmelita. Y le prometió que todo el que al Señor servía, se salvaría.

No aparece otra referencia hasta el siglo XIV, en el catálogo "Priores Generales" de Juan Grossi. Le mencionan como “Simón Stock, de la provincia de Inglaterra, hombre santo y célebre por sus milagros, muerto el 16 de mayo, en Burdeos". Curiosamente, en el siglo XV, en un "Catálogus Sanctorum" conocido como “muy breve” no aparece entre los Generales, sino entre los confesores. A esta redacción le seguirían las “breve”, “larga” y “larga parisina”, siendo que los dos últimos son ampliaciones o correcciones de los primeros, ya sea en datos de un santo o de nuevos santos. El texto “breve” le pone como VI General y narra la visión de la Virgen entre ángeles, dándole el Escapulario. Le llama Simón de Gascuña, por el sitio donde murió.

La redacción “larga” ya añade los datos que han pasado a la leyenda: habitó en un tronco de árbol, lo quer le hace un santo dendrita. También añade la profesión en Aylesford, elección milagrosa como General, admiración de papas, reyes y obispos por él. Y, claro, la narración de la visión del Escapulario y la vestición de Eduardo II de Inglaterra como terciario. Este texto dice que gobernó la Orden 20 años. Mientras, el texto “largo parisino” añade que fue General cincuenta años, aunque esto hoy se sabe que sólo se puso para poner bajo su priorato e influencia, todas las batallas y triunfos de la Orden en el siglo XIII.

Simón murió el 16 de mayo de 1265 en Burdeos, donde se hallaba de visita. Se desconocen las causas de la muerte, aunque si vivió 100 años como dice la leyenda, pues no hay que averiguar mucho. El culto a San Simón aparece junto a su tumba, en 1435, y pasa a Inglaterra e Irlanda en 1458. Toda la Orden asume su culto en 1564, fecha bastante reciente, como vemos. Las reliquias se salvaron de la destrucción de la Revolución Francesa y luego de esta se depositaron en la Catedral de Burdeos. En 1951, con el VII Centenario de la Entrega del Escapulario y la reintroducción de los carmelitas de la Antigua Observancia en el santo monasterio de Aylesford, un trozo del cráneo fue enviado a este sitio. Su culto permaneció y aumentó hasta la revisión del calendario litúrgico, en que los carmelitas descalzos lo suprimieron del oficio propio, en algunos sitios se quitó su imagen y casi parecía una figura molesta. Mientras, los “calzados” lo mantuvieron con categoría de Fiesta. Finalmente volvió al calendario descalzo. Su día es uno de los varios que se gana la indulgencia plenaria a los que llevamos el Escapulario del Carmen.


Su iconografía está relacionada íntimamente con la visión del Escapulario, y le ha hecho famoso y le ha encumbrado entre los más importantes santos de la Orden, aunque no dejó ni escritos místicos o teológicos. Es sobre todo en la pintura donde ha sido más favorecido, aunque no le faltan hermosas esculturas del momento de la visión. No se sabe a ciencia cierta el año exacto, pues hasta el siglo XVII no se fija la fecha del 16 de julio de 1251. El P. Ildefonso de la Inmaculada OCD, a quien debemos la rehabilitación de San Simón Stock en el propio de la Orden, en su libro “San Simón Stock. Reivindicación histórica”, da pautas para seguirle la pista al santo Escapulario y al mismo San Simón. Con respecto al primero, tomaré datos de una separata de la Revista “Monte Carmelo”, de 1987, sobre un texto del mismo P. Ildefonso. Y resumo, esperando no alargarme demasiado:


Lo primero para dilucidar este tema es si, efectivamente, el Escapulario fue dado por la misma Virgen María y si era hábito de la Orden. Al primer punto nunca se podrá responder con total seguridad, pues la visión, si ocurrió, fue en privado y no existe ninguna alusión a ella ni por parte de San Simón, ni sus sucesores en el Generalato de la Orden. Al segundo punto, algunos han intentado responder que el escapulario formaba parte del hábito y que San Simón sólo le dio importancia a partir de una supuesta revelación mariana, como forma de consolidar la Orden, pero la historia del Escapulario desmiente que formara parte del hábito en los orígenes.

El primer testimonio escrito sobre la visión es muy posterior, aunque atribuido erróneamente al secretario del santo, Pedro Suavington. Una prueba de esto último es que, precisamente, en la narración de la visión de María, la expresión “llevando en la mano el Escapulario de la Orden” es bastante anacrónica, pues en las fechas en que se dice ocurrió la aparición (1251) el Escapulario no es hábito de la Orden, y lo demostraron fácilmente los Bolandistas, en su dura pelea contra las leyendas carmelitanas. Pero esa demostración, si bien pareciera destruir la afirmación del origen celestial del uso del Escapulario en la Orden; también demuestra que, en el tiempo de la verdadera redacción, siglo XIV, sí que era considerado ya como prenda propia de los carmelitas.


El Escapulario, signo ya presente en el monacato oriental, era prenda utilizada en origen para el trabajo, pero solo en los carmelitas tiene valor como pieza perteneciente al hábito, y, al mismo tiempo singular y distintiva, con su historia propia. El Escapulario está presente en las principales órdenes mendicantes: dominicos, servitas, trinitarios, hospitalarios y mercedarios, etc. En casi todos los orígenes de estas órdenes está la Virgen María como dadora del carisma y el hábito al fundador, o como hábito de la misma Virgen (servitas,por ejemplo). Pero en la Orden del Carmen no es así, en primer lugar porque San Simón no era su fundador, sino uno que entró a la Orden cuando esta tenía ya un hábito propio. La Orden del Carmen venía de Oriente, con una Regla, tal vez unas Constituciones, y con un hábito ya definido: túnica, capucha muy amplia, casi hasta las rodillas y capa cerrada por completo y barrada (solo temporalmente). No se usaba el Escapulario. Un argumento poco sólido es que los carmelitas tomaron el Escapulario cuando se hicieron mendicantes, para asimilarse a las otras órdenes, pero esto se cae por sí solo cuando vemos que ni franciscanos ni agustinos lo incorporaron al hábito, prefiriendo ambos la capucha, más o menos larga. Es decir, que no era necesario para la adaptación.


San Simón y sus colaboradores tuvieron que adaptar la Orden al estilo mendicante, principalmente en tres puntos: Conventos en las ciudades, predicación pública y que los religiosos estudiaran en las universidades. Era hacerlo, o morir, dada la oposición tenaz de franciscanos y dominicos, representados en San Buenaventura (15 de julio) y Santo Tomás de Aquino (28 de enero y 7 de marzo), que iban camino del Concilio de Lyon decididos a suprimir a los carmelitas y a los agustinos. Murieron antes de llegar, afortunadamente .

En fin, que San Simón fue el General que tuvo que asumir los cambios en el carisma y la Regla. Imaginaos lo traumático que podía ser esto para muchos que, llegados de Oriente o profesos en Europa, habían elegido el eremitismo como forma de vida; como para, por añadidura, comenzar a decir que la Virgen quería que se introdujese el Escapulario como hábito propio. Repito, no era el fundador que diseñaba un hábito; se trataba de cambiar algo innecesario para la vida eremítica, ajeno a la espiritualidad carmelitana. Era un problema, salvo que hubiera una fuerza mayor, que hiciera del todo necesaria la introducción del Escapulario, fuera bajo San Simón Stock o no.

Y la mejor muestra de esto es la dureza de varios sucesores de San Simón, como el inmediato, el General Nicolás el Gálico, que llega a hablar de relajación, aunque sin culpar directamente a San Simón, pero es evidente que le culpa de ello. Él y algunos frailes posteriores lamentaban mediante escritos el abandono de la vida eremítica, los conventos urbanos y, principalmente, que los religiosos estudiasen y se formasen, considerándolo una falta de humildad tremenda. Y sin embargo, mientras hay recelo por cualquier cambio, no hay condena a la introducción y uso del Escapulario, sino una asunción escalonada del mismo por parte de la Orden. Sí, porque no hay que pensar que fue decirlo San Simón y, hala, todos a usar el Escapulario carmelita sin variación alguna. No podía el General, por una visión particular, cambiar la Regla, las disposiciones de los capítulos en algo tan grave como el hábito religioso (se ve que eran otros tiempos). Veamos estos “escalones”:



1263: El “Antiq. Ordinis Carmelitarum Ordinale” de Dublín, no posterior a este año, habla del hábito el Punto 45: “ha de ser enterrado [el religioso] con túnica y la capucha cubriendo su faz, y superpuestas las manos en forma de cruz, con las sandalias y el cíngulo, todo con decencia y dignidad”. [5].

Sin embargo, 50 años más tarde, en el Ordinal de Sigberto de Beka, al tocar el punto de los enterramientos, dice el Punto 45: “El Hermano ha de ser enterrado con la túnica gris y el Escapulario, y la capucha cubriendo su faz, dispuestas las manos en forma de cruz, con las sandalias y el cíngulo dispuestos decentemente”. Ya está presente el Escapulario como parte del hábito, y mencionado aparte.

1281: Se celebra el Capítulo General de Londres, que legisla, y muy claro, sobre el Escapulario: Punto 13: “Los Hermanos han de dormir ceñidos con la túnica y el Escapulario bajo pena de culpa grave”, Llama la atención que esta regulación va más lejos que la de los dominicos y servitas, que lo mandaban, pero no obligaban bajo culpa, aunque el Escapulario era parte indisoluble de su hábito, mientras que no lo era para el hábito carmelita. El punto 22 define el hábito: “Los vestidos de los Hermanos han de ser de lana y pobres (…) túnicas redondas que desciendan hasta el talón de los pies y unas capuchas que lleguen hasta media pierna. Establecemos que los Hermanos que celebren o ayuden en la misa conventual usen Escapularios finos de paño gris y honesto, quedando prohibidos interior o exteriormente los Escapularios blancos”. Es notable la diferencia de telas. La túnica ha de ser basta, pero el Escapulario fino y delicado aunque no de tela rica. Y lo más importante: ha de ser del color del hábito, formando uno con este, pero de mejor calidad (¿por qué?). Aunque de manera ajena al hábito, se ha establecido su uso de forma exterior, visible y distinguible. Sin embargo, aún no aparece en las profesiones, pero es que tampoco aparece una bendición especial para la capa, a la que el mismo Capítulo llama “signo de nuestra profesión”.

1287: El importante Capítulo de Montpellier cambia la capa barrada por la capa blanca, con autorización de Honorio IV, hasta hoy. Este capítulo, rebatiendo al anterior, afirma que la capa no es “de esencia” el hábito de la Orden, por lo que, al cambiar las capas barradas a blancas, no se está cambiando el hábito regular, que es la túnica, la capucha y el Escapulario. Dice el Capítulo: "Las Capas Blancas: (…) estarán abiertas con el fin de que por esa parte el Escapulario, que queda debajo, y el hábito [la capucha] se distingan claramente; y sean el hábito y la capa de distinto color, de modo que se diferencien entre sí (…) y el vestido interior aparezca en la parte inferior por debajo de la capa como cosa de un palmo más o menos”. Es decir, que en seis años, desde el Capítulo anterior, el Escapulario ha entrado a formar parte del hábito y ha ganado a la capa en distintividad.

1294: En las Constituciones de Burdeos no aparecen puntos sobre el Escapulario al tratar del hábito, y se entiende al leer el punto sobre las profesiones, el XXI. La profesión se celebra con el novicio vestido con túnica, pero sin capucha. La capa y el Escapulario son bendecidos ¡con la misma fórmula utilizada para bendecir la túnica y la capucha anteriormente! El prior, entregando el Escapulario, dice: “Recibe este hábito en remisión de tus pecados y aumento de la santa religión. En el nombre del Padre…” Y entregando la capa dice lo mismo, pero sustituyendo “capa”, por "hábito”. Es decir, el hábito ya no es la túnica, que pasa a un segundo plano, sino el Escapulario. La capa y el Escapulario serán desde entonces los signos distintivos de la profesión carmelitana.

Y es único de ella, decía antes: El Escapulario es indisoluble con la túnica, pero tiene su propio carácter, sentido e historia. Él es el “hábito de la Virgen” que traemos, al decir de Santa Teresa. La capa también toma sentido particular, pero no es llamada “hábito”, sino que mantiene su nombre. Aún hoy, en la imposición del Escapulario del Carmen a los seglares se les dice “recibe este hábito…

Por eso ni Montpellier ni Burdeos hablan del Escapulario como pieza aparte en las Constituciones: porque al hablar del hábito, el Escapulario está comprendido en él. Es el hábito oficial.

1324: Capítulo de Barcelona. La capucha ya ni se menciona singularmente, sino que está asimilada con la túnica aunque sean dos piezas separadas en la práctica. En la profesión no se le nombra, sino que el novicio se presenta solo vestido con túnica. Se le impone especialmente el Escapulario. A partir del siglo XIV, los escritores ya no diferencian entre hábito y Escapulario. Al narrar la visión, dicen que María le entregó “el hábito”, porque ya es este el signo mariano.

Es decir, que el Escapulario pasa de ser inexistente, a ser un objeto de devoción obligatoria, casi como un segundo hábito; a ser el hábito por excelencia solo entre 30 y 70 años de la tradicional fecha (1251) de la visión de San Simón Stock, y a solo 22 años (Montpellier) de su muerte. Y sin un motivo de necesidad alguna: ni práctica, ni pastoral, ni de parecerse a otros en los que, repito, el Escapulario no reviste una singularidad especial. Y más aún: Para el cambio de capas, estando plenamente probado que las anteriores a las barradas eran blancas (recordemos en los inicios del siglo XIII la disputa con los caballeros teutónicos en Tierra Santa, que reclamaban tener la exclusividad del color de la capa), hubo que pelear por ello, pedir y esperar la autorización del papa. Pero para el Escapulario no se ve nada de eso. Mas bien, las leyes que lo mencionan, regulan sobre algo ya establecido, que se va introduciendo poco a poco, pero firmemente.

Sobre su extensión a toda la Iglesia, traspasando las fronteras de la Orden, ya podríamos hacer un artículo aparte, y más largo tal vez. Grandes santos y papas han sido devotos y testigos del Escapulario del Carmen. Curiosamente, las causas “históricas” que le dieron una estocada casi mortal al Santo Escapulario, al ser analizadas, se vuelven contra sus detractores:La historia de los Capítulos demuestran la relevancia que va ganando el Escapulario. Ciertamente, no podemos probar la visión de San Simón Stock, pero tenemos más garantías los que le defendemos y vestimos, que los que lo han abandonado, defenestrado y negarse a imponerlo a los fieles.



-Acta Sanctorum. Volumen III, Mayo 16.
-“Saint Simon Stock: recent developments”, en revista Mount Carmel XXVII. 1979.