Santa Franca de Visalta, virgen, abadesa cisterciense. 25 y 26 de abril, y último domingo de agosto (en Montelana).

Franca nació entre 1170 y 117, en Piacenza, posiblemente en el seno de una familia noble, pues a los 7 años sus padres la confiaron al monasterio de las benedictinas de San Siro de Piacenza, para su educación. Latín, Historia Sagrada, música, labores, etc., formaron parte de su formación, como de todas las niñas que podían recibir educación en el siglo XII. A los 14 ó 15 años tomó el hábito benedictino en el mismo monasterio, dedicándose a una vida de piedad y estudio.

Pronto se sintió atraída hacia la obra de San Bernardo de Claraval (20 de agosto) y su reforma de Císter, principalmente por la sobriedad de la liturgia y la austeridad del arte cisterciense. La decoración de su monasterio, llena de monstruos, figuras mitológicas, escenas frívolas y símbolos extraídos del paganismo le eran como "espinas en sus ojos (...), y no le dejaban hallar la paz (...), ni conciliar el sueño" (Storia di una monaca: Santa Franca di Piacenza).

A los 33 años fue nombrada abadesa, y comenzó la reforma de la vida monástica, acercándola al ideal primitivo de San Benito, según la corriente de Císter: estudio de la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, la oración, el silencio y la sobriedad de vida. Esto le valió muchas opocisiones del clero y la nobleza de Piacenza, así como de una facción de las monjas, que le hicieron la vida imposible, hasta que la intervención de San Fulco Scotti (26 de octubre), canónigo regular de Santa Eufemia y luego obispo en Lombardía, puso paz en el monasterio, como primer paso al reestablecimiento de la vida regular.

En 1206, Franca medió y puso paz entre el papa Inocencio III y la ciudad de Piacenza (asuntos político-económicos, como siempre), lo que le atrajo simpatías y reconocimiento por parte de muchos de sus detractores. Sin embargo, los aires de reforma no calaron ni entre las monjas que la defendían y unos años más tarde fue depuesta como abadesa.

En 1214, movida por su aspiración de reforma, comprendió que no podría renovar el monasterio benedictino, sino que debía fundar uno ya perteneciente al Císter completamente, con las monjas que le fueran fieles. Así que, gracias a los padres de su mas fiel monja, Carencia, que donaron las tierras y dinero, fundó un monasterio en Montelana, luego trasladado a Pittolo. La leyenda dice que pasaba noches enteras en en el coro del monasterio, orando, lo que fue debilitando su salud. Ante esto, las monjas escondieron la llave del coro, pero Franca atravesaba la puerta para acudir a su cita con el Señor. Fue abadesa hasta su muerte, el 25 de abril de 1218.

Su cuerpo fue puesto en veneración pública desde el inicio, y ella venerada como santa, aunque nunca ha sido beatificada ni canonizada, sino que el Beato Gregorio X (10 de enero), natural de Piacenza, lo permitió extraoficialmente. El cuerpo, salvado varias veces de expropiaciones y peligros, descansa en el monasterio de San Raimundo, de las benedictinas de Piacenza. Antes de esto, y para que se diera el culto adecuado a sus reliquias, Franca se le apareció al Abad Columba, con dos monjas, a las que Franca identificó como "Santa Ifigenia, la hija del rey Agripa (?), que fue velada por las manos del apóstol Mateo" y "Santa Cirila, hija del emperador romano, cuyo nombre es Decio, que causó la muerte de muchos de los santos de Cristo".

Se le invoca contra las pesadillas y los problemas oculares. Y la razón está en el texto citado antes.

Fuente:
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