San Rieul (Régulo o Raúl) de Senlis, obispo. 30 de marzo, 10 de mayo (traslación de las reliquias), 13 de julio y domingo posterior al 23 de abril.
La falta de datos sobre este santo obispo, le dotó de una leyenda algo estrafalaria. Mientras que hay constancia de su existencia en el siglo III, la tradición le hizo regresar al siglo I, ser discípulo de los apóstoles y apóstol en Francia. Un fenómeno visto en este artículo "Santos en la Máquina del Tiempo".


Según esta, Rieul era griego de nación, convertido por San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo) en Éfeso. Este, admirado por su virtud y ciencia, le bautizó y le ordenó presbítero. Posteriormente sería discípulo de San Dionisio, obispo de París (9 de octubre), identificado con el Dionisio aeropagita mencionado en los Hechos de los Apóstoles en Hch 17, 34. Hay que decir que esta identificación es solo en occidente, pues oriente separa a ambos, santos del mismo nombre con leyendas diferentes. Pero volvamos a Rieul. Envió San Clemente Papa (23 de noviembre) a Dionisio y sus discípulos Rústico, diácono; Eleuterio, subdiácono; Luciano, Eugenio y otros, a la Galia. Llegados allí, Dionisio consagró a Rieul como obispo de Arlés, sucediendo a San Trófimo (9 de diciembre), también discípulo de los apóstoles, encomendándole la evangelización de esta región.

Un día, celebrando el sacrificio de la misa, al llegar al canon, luego de mencionar los nombres de San Pedro y San Pablo, añadió sin darse cuenta los "los mártires, Dionisio, Rústico, y Eleuterio", mientras tres palomas ensangrentadas bajaban al altar. Entendió Rieul que Dionisio y sus compañeros habían sido martirizados por Cristo. Ordenó a San Felicísimo (28 de diciembre) como obispo y sucesor, se fue a Chaton, donde vivía una viuda pagana, de nombre Catulla, que habría escondido los cuerpos de los tres mártires. Rieul bautizó a Catulla, celebró un grandioso funeral por los tres mártires y les construyó un santuario, que siglos más tarde completaría Santa Genoveva de París (3 de enero). Luego se fue a Senlis, donde comenzó una nueva andadura como obispo de esta ciudad. Aquí construyó una iglesia a Santa María y otra a Santos Pedro y Pablo, evangelizó a los paganos, llegando a convertir incluso a Quintiliano, gobernador de la ciudad. Predicó en Rully, donde mandó callar a las ranas de un pantano, que no le dejaban hablar. Evangelizó en Valois y Creil, y camino de Beauvais a ordenar de obispo a su compañero San Luciano (8 de enero), le llegó la noticia de su martirio, así que solo llegó a enterrarle y construir una capilla en su honor en Canneville.

Bosques y campos fueron testigos de su predicación y milagros. Porque milagros nos narra varios la la leyenda: un niño resucitado, agua que brota de las piedras, prisioneros liberados, ídolos paganos convertidos en polvo con solo tocarlos. Exorcizó a un niño, y el demonio quiso meterse en el burro en el que el santo se trasladaba, pero el burro hizo la señal de la cruz en el suelo con una pata y el diablo tuvo que huir.

Murió en el año 140, luego de casi 40 años de labor pastoral. Sus reliquias se depositaron en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo hasta que fueron trasladadas por Clodoveo I a una nueva iglesia dedicada a su memoria, donde cada año se veían ciervos y otros animales inclinarse ante sus reliquias cada día de su memoria, a 30 de marzo. Quiso Clodoveo una reliquia del santo, pero el clero de la ciudad no se decidía a desmembrar el cuerpo, por lo que un oficial arrancó un diente al santo, manando sangre al momento. Todos iban contentos con este milagro, pero llegados a París, Clodoveo y su comitiva quedaron paralizados hasta que reconociendo su error, se dieron la vuelta y devolvieron el diente a su sitio. Sus reliquias también obraban grandes portentos, muchos se acogían al patrocinio del santo junto a su tumba, ocurriendo grandes conversiones y curaciones.


¿Que puede haber de real en esta leyenda? Pues lo primero es el testimonio y afán por llevar a las almas a Cristo de un evangelizador. O dos, pues los historiadores hallan factible que haya habido dos obispos de este nombre, uno en Arlés y otro en Senlis en tiempos diferentes, a quienes la leyenda medieval fundió en uno y dotó de una leyenda para llenar la laguna de conocimientos. La catedral de Senlis se incendió en el siglo IX, y todos sus archivos se perdieron, pero documentos contemporáneos a ese siglo, apuntan a la existencia de Rieul o Régulo, obispo de Senlis en el siglo III, en la incipiente comunidad cristiana.

San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre) y San Luis de Francia (25 de agosto) visitaron varias veces y enriquecieron notablemente el santuario. En 1484 las reliquias se trasladaron a un bellísimo relicario de oro. En 1791 las reliquias fueron trasladadas a la iglesia de Santa María, donde, en 1793 fue profanado para robar las joyas y el oro. Los huesos fueron metidos en un saco y enterrados en el cementerio de la ciudad. En 1795 fueron rescatados en secreto por dos sacerdotes, que los devolvieron en 1799 al obispo. En 1811 el obispo Malezieux mandó hacer el bello relicario de plata y oro que actualmente conservan las santas reliquias.

Se le invoca contra la sequía y los dolores de muelas. Es abogado de los animales domésticos y de los criadores de palomas.



-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.
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