El Papa Francisco ha ordenado la excomunión de un sacerdote en Australia después de que una larga investigación demostrase que había vulnerado el secreto de confesión. El caso se ha producido en la diócesis de Brisbane protagonizado por el sacerdote nigeriano Ezinwanne Igbo, que pese a no haber incurrido en ningún delito penal australiano si incurrió en una importante vulneración del derecho canónico.

Este caso se produce además en un momento en el que las autoridades australianas han lanzado una campaña para que en investigaciones judiciales se pueda traspasar el secreto de confesión, con el pretexto de atajar así los casos de abusos sexual. Sin embargo, la Iglesia se ha negado en todo momento  a ceder en este aspecto.


Tras la denuncia contra el sacerdote por incumplir el secreto, se abrió un proceso que duró dos años, en el que la Santa Sede confirmó el juicio del arzobispo de Birsbane, instándole a hacer pública la decisión.

La diócesis aclara que ”mientras la excomunión permanezca en vigor, el padre Ezinwanne no puede participar en la parte ministerial de la celebración de la Misa ni en ningún otro culto; no puede celebrar ni recibir los sacramentos; y no puede ejercitar ningún ministerio en la Iglesia”.

Esa misma nota informa que sólo el Papa puede levantar esta excomunión.