En Canadá el suicidio asistido es legal desde junio de 2016 pero ya desde un año antes Quebec tenía su propia ley eutanásica. Precisamente, la revista médica Le Spécialiste ha analizado el  caso de la región francófona para analizar el impacto de esta ley en el tiempo.

El artículo, que aparece en el número de diciembre de la publicación de la revista de especialistas médicos de Quebec, se centra en la ciudad de Laval, que tiene 435.000 habitantes.

El dato más relevante que aparece es que tras 18 meses de aplicación de la ley, las objeciones de conciencia de los médicos contra la ley del suicidio asistido han sido mucho mayores de lo que se preveía durante la redacción de la normativa.

De este modo, antes de aprobarse la ley, el 48% de los médicos dijo que participaría en el suicidio asistido, el 30% con condiciones y el 28% que nunca lo haría.


Una vez en funcionamiento esta ley los resultados son muy distintos. El 77% de los médicos que ha recibido solicitudes para ayudar a un paciente a morir se han negado a participar, utilizando todos ellos la clausula de objeción de conciencia.

Encuestados por las razones para no participar, estas fueron las más comunes: “una gran carga emocional, seguida de una percepción de falta de experiencia clínica y un temor a ser estigmatizado por sus compañeros y la sociedad”. Después, aparecían otros motivos como no agregar más “carga clínica”, un “proceso que lleva mucho tiempo” y “preocupaciones legales médicas”.

La conclusión a la que se llega es que una cosa es hablar de un eufemismo como “aliviar el sufrimiento” y otra cosa es participar en la muerte de un ser humano, por lo que en el momento de la verdad muchos médicos se han echado atrás pese a  que antes de aprobarse la ley dijeran que sí participarían.


Pocos meses después de la ley de Quebec, llegó la eutanasia a todo el país, aprobada en junio de 2016 y que al finalizar el año ya se había cobrado la vida de al menos 744 personas. Los datos, difundidos por CTV News, son altísimos, pero según la doctora de Vancouver Ellen Wiebe, que declaró haber matado por lo menos a 40 pacientes, “los números aumentarán, estoy segura de ello. Creo que alcanzaremos a Holanda y Bélgica porque tenemos leyes similares. Esto significa que la eutanasia representará el 5% de las muertes del país”.

Sin embargo, la ley canadiense es mucho menos restrictiva que las de Bélgica y Holanda. De hecho, según la ley C14, para que te maten hay que tener una enfermedad incurable para la cual "la muerte natural es razonablemente previsible". El problema es que la enfermedad incurable y su razonable previsibilidad no son establecidos por datos médicos objetivos; basta que "el personal médico o de enfermería crea que la persona cumple todos los criterios".

No es necesario, por lo tanto, que la ley sea respetada; basta que el médico piense que lo es. La diferencia es importante, sobre todo porque la ley especifica que un médico no puede ser acusado de homicidio ni siquiera cuando su opinión sobre el respeto de los criterios de la ley se revele "equivocada". Por último, el texto de la ley garantiza una inédita inmunidad a "todo" el que "haga algo" para proporcionar la muerte de un tercero que la haya pedido.