Mark Regnerus es profesor de Sociología en la Universidad de Texas en Asutin, y se ha especializado en el comportamiento sexual, la familia el matrimonio y la religión. Con más de cuarenta artículos y contribuciones publicados, el más célebre sigue siendo su estudio de 2012 en Social Science Research sobre las diferencias que presentan en cuarenta variables distintas los adultos jóvenes educados por sus padres respecto a los educados por parejas del mismo sexo.

Los peores resultados que su investigación obtuvo para estos últimos provocaron un intento de censura y expulsión de la universidad por parte del lobby LGTBIQ, que fue respondido por 18 sociólogos respaldando la seriedad científica del trabajo, independientemente de lo que se pensase al respecto.

Regnerus, quien es también miembro destacado del Austin Institute for the Study of Family and Culture, acaba de publicar un libro, publicado por la Universidad de Oxford, que también está dando que hablar: Cheap Sex. The transformation of men, marriage and monogamy [Sexo fácil. La transformación de los hombres, el matrimonio y la monogamia], donde muestra la influencia transformadora de la tecnología (anticonceptivos, pornografía, redes sociales de citas) sobre la vivencia cultural de la sexualidad en la sociedad moderna, también en el contexto de la revolución sexual iniciada en los años 60 y 70 del siglo XX.



En torno a este libro, Mark Regnerus concedió recientemente una entrevista a The Catholic World Report donde precisa qué entiende por sexo fácil y cuáles son sus consecuencias para las relaciones normales entre hombre y mujer.


"Sexo fácil", explica, "es la realidad de que el acceso a las experiencias sexuales se ha hecho más fácil o 'barato' a lo largo de las últimas décadas. Se ha acelerado la rapidez con la que las relaciones se convirten en sexuales, se ha retardado el progreso de esas relaciones hacia el matrimonio, y los hombres y mujeres tienen menos certezas sobre la persona con quien están".

Hemos pasado de un modelo institucional, el modelo del “alma gemela”, basado “en la estabilidad, en la familia como objetivo último, en la asunción de que el hombre y la mujer son distintos y eso les atrae, con una mentalidad de intercambio de lo que a cada uno le falta”, a una idea de “mera relación” que resulta “mucho más contingente, individualista y frágil”. La pareja sigue siendo la estructura básica de la unión, “pero nunca roba la primacía al individuo y su voluntad”.
 

Regnerus señala que las personas con atracción por el mismo sexo son la vanguardia de esa “mera relación”, en la medida en que “sus relaciones muestran más claramente las características de esta forma de relacionarse: elevado número de parejas, menor duración de las relaciones, mayor tendencia al uso de tecnología sexual, como la pornografía”. También por “la elevación de la identidad sexual a rasgo individual, algo sintomático de que se pone más el foco en el yo sexual que en las uniones y relaciones”.
 
Aun así, puntualiza, la comunidad LGTBI no ha estado sola en esto, pues “la mentalidad de la ‘mera relación’ y sus costumbres han colonizado también las relaciones heterosexuales, incluido el matrimonio”.


Regnerus destaca el papel de la pornografía en este proceso, “porque alienta la mentalidad de ‘mera relación’, de que el sexo es algo que se refiere al individuo”, en vez de “una visión de la unión sexual como algo que se refiere fundamentalmente a hombres, mujeres y matrimonio”. Eso ha contribuido a facilitar el camino a la redefinición del matrimonio para incluir en él a parejas del mismo sexo.
 
Por este motivo, explica como católico, resulta tan difícil para la Iglesia conseguir que los fieles se mantengan fieles a su visión del sexo, del matrimonio y de la familia, pues “no son tan reiterativos como los mensajes de los medios de comunicación, nada favorables a la perspectiva católica sobre la sexualidad y el matrimonio”.
 
Como sociólogo, Regnerus cree que las cosas van a ir a peor: esa mentalidad continuará extendiéndose y, “como no respeta ni siquiera nuestros compromisos más profundos”, el matrimonio puede llegar a ser algo minoritario, aunque nunca desaparezca del todo.
 
En ese sentido, la pornografía seguirá siendo decisiva. Celebra que varias cadenas de hoteles hayan cancelado sus canales porno y la mayor conciencia de que la adicción es un problema social, pero al mismo tiempo “la tecnología le prepara el terreno a casi cada rincón de nuestra vida social”.
 

Por último, Regnerus explica que, como sociólogo, se limita a exponer cuál es la situación y no tiene “consejos que dar para revertirla”. Pero sí considera útil “saber que hay algo que está yendo mal” y que no debe culparse solamente a los hombres, a las mujeres y a la cultura por esta decadencia: “No habríamos llegado a este punto sin la tecnología (píldora anticonceptiva, pornografía, citas on line), que ha hecho el sexo más fácil y por tanto más ‘barato’. Comprender cómo ha sucedido es un buen primer paso para ayudar a la gente a moverse por el escenario de las relaciones con mayor prudencia y mayor castidad. Para que las cosas cambien hay que empezar por ver los problemas claramente”.