La universidad se concibe como un centro de conocimiento, cultura, ciencia y de debate de ideas. Sin embargo, cada vez es menos frecuente que eso ocurra en las universidades donde el rodillo ideológico con frecuencia aplasta con fuerza al discrepante.

Esto es lo que ocurrió el pasado 11 de mayo en los Encuentros Complutense, que se definen a sí mismos como “un espacio abierto de debate y reflexión que pretende conectar e interactuar con la sociedad”. Ese día el asunto de debate era la “universidad laica”, que acabó con los abucheos e improperios contra un catedrático que estaba entre el público y que utilizó su turno de intervención para desmontar los argumentos laicistas y contra la Iglesia Católica que repitieron una y otra vez los ponentes, por lo que tuvo que cortar su alocución.


Sin embargo, ya antes de celebrarse este “encuentro” en la Complutense se sabía que la objetividad brillaría por su ausencia pues Europa Laica, una organización laicista, era parte de la organización de este evento de la universidad pública.

El moderador era Pedro López López, profesor de la Complutense pero también miembro de la directiva de Madrid Laica. Como ponente estaba Fermín Rodríguez Castro, responsable del área de Educación de Europa Laica o Luis Enrique Otero Carvajal, decano de la Facultad de Geografía e Historia y favorable a la eliminación de las capillas. El feminismo tenía también su cuota en el encuentro con Asunción Bernárdez, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Complutense y María José Fariñas, subdirectora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III.



Durante las dos horas de intervenciones de los ponentes se denunció una y otra vez el supuesto inmenso poder de la Iglesia, sus excesivos privilegios y la situación de excepcionalidad que se da en la universidad española con la existencia de capillas y símbolos cristianos. Más que un debate fue un monólogo dirigido contra un solo objetivo: el catolicismo.


Entre el público se encontraba el catedrático de Filología Clásica, Felipe Hernández, que en el turno para el público pidió la palabra para que existiera algo parecido a un debate. 

En su intervención hizo una defensa de la libertad y también de la herencia cristiana que forjó las universidades desmontando los argumentos dados hasta ese momento. Para ello, hizo algunos recordatorios a los presentes. “En el escudo de la Universidad de Oxford aparece Dominus Illuminatio Mea (El señor es mi luz). El escudo de Londres sigue con su cruz y su lema Dominus Dirige Nos (Señor dirígenos). El laboratorio Cavendish de la Facultad de Ciencias de Cambridge, donde trabajó Newton y varios premios Nobel, tiene como lema:‘grandes son las obras del Señor para los que se deleitan en su estudio’”.

Este profesor decía a los presentes que “estas universidades no son rara avis y ponía más ejemplos de cómo en “universidades alemanas o francesas conviven capillas, espacios religiosos y va quien quiere y quien quiere no va, y responde a la tradición de las universidades, que son una creación de la Iglesia”.


Además, recordó que la Universidad Complutense tiene su origen primero en el cardenal Cisneros, lo que se deja entrever en el escudo del centro y cuyo lema es “la verdad penetrará todas las cosas con su luz”.

“En nombre de esa libertad y de la tradición cultural española no veo ningún inconveniente en que haya símbolos, cruces y espacios discretos religiosos para que los profesores y alumnos podamos pasar a rezar tranquilamente”, dijo el profesor Felipe Hernández.

Este catedrático también recordó una sentencia, que los expertos en Derecho obviaron en la conferencia, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la presencia de crucifijos en la escuela pública italiana. El fallo decía que el símbolo de la cruz sintetizaba los valores del cristianismo y por tanto los principios en los que se apoya la cultura europea siendo un símbolo que no divide sino que une.


Por ello, defendió la presencia de las capillas en las universidades e hizo un recordatorio a las feministas, algo que fue la gota que colmó el vaso y por el que fue silenciado entre los abucheos de los presentes. “A vosotras feministas, el primer sistema que pone en valor a la mujer por su dignidad humana es el cristianismo, porque en la Grecia que idealizamos…”, hasta ahí pudo hablar Felipe Hernández. Luego ya sólo pudo decir a los que le gritaban que “la censura no es propia de la universidad”.

Ante el trato recibido, este catedrático escribió una carta al director de Encuentros Complutense a la que ha tenido acceso Religión en Libertad, que igualmente ha podido hablar con este profesor en cuestión.


Precisamente, fue una capilla de la Universidad Complutense la que fue asaltada por Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid en la actualidad, y otras decenas de feministas


En su misiva a José Manuel García Vázquez, que posteriormente pidió disculpas a este catedrático por el trato que se le dio, Felipe Hernández afirma que en dicho encuentro “tuve una de las experiencias más negativas y desalentadoras de mi trayectoria universitaria, en la Complutense y fuera de ella”. Y definía la forma en la que se le silenció como “francamente bochornosa”.

En su escrito al director de este supuesto foro de debate, el catedrático de Filología le recuerda que “como universitario se me hurtó en el debate mi legítimo derecho a la discrepancia”.


“Creo que la Universidad Complutense como universidad pública que es debe tener especial cuidado en que sea verdaderamente plural y pública en todos los actos que organice: un espacio abierto al debate y donde tengan cabida las diferentes sensibilidades de todos los que formamos su ‘campus’; que tolere, e incluso fomente las legítimas discrepancias, y donde no se ‘adoctrine’ ideológicamente, un concepto en el que, por cierto, todos los ponentes insistían, sino que se debata crítica y respetuosamente”, concluyó.

Además de criticar la falta de pluralidad en un debate de estas características, Hernández ha denunciado en Religión en Libertad la utilización de esta institución pública como “acto propagandístico” puesto que Europa Laica recogía firmas en el interior del recinto y ofrecía merchandising.