Desde hace más de 15 años la eutanasia es legal en Bélgica y desde hace algo más de dos también se puede aplicar a niños. El siguiente paso en este país es que se extienda no sólo a enfermos sino a todo aquel que no quiera vivir, sea cuales sean sus circunstancias.

Y de este modo las cifras no paran de crecer. En 2016 se sometió a la eutanasia a 2.025 personas, una media de 5,5 muertes de este tipo al día. Pero cada año la cifra aumenta de manera alarmante.

Seguirán creciendo si además instituciones católicas se suman a las prácticas eutanásicas. En Bélgica se ha levantado una gran polémica después de que la revista cristiana Tertio haya informado que los Hermanos de la Caridad, una congregación laica masculina de Derecho Pontificio, realizarán la eutanasia a todos los enfermos que así lo deseen en los hospitales psiquiátricos  que gestionan en Bélgica.


Según informa José María Ballester en La Cuarta Columna, el superior de esta congregación en Bélgica, Raf De Rycke, explicó en la televisión pública flamenca que esta decisión que han tomado “no se trata de un giro de 180 grados” sino que únicamente “asocian criterios complementarios para que nuestros pacientes puedan elegir entre las dos opciones: la de vivir y la eutanasia”.

Despreciando la doctrina católica que da nombre a sus centros y a su congregación añade: “partimos de los mismos valores fundamentales: el respeto a la vida es un fundamento importante, pero no absoluto, de ahí que no pensemos igual que Roma”.


Desde Roma, el superior general de los Hermanos de la Caridad, el también belga Reé Stockman ha asegurado que “deplora” la nueva política llevada por los miembros de su congregación en Bélgica. “Para nosotros, el derecho a la vida es absoluto”, añadía.

Hasta la fecha, en los centros regidos por estos hermanos cuando se producían peticiones de eutanasia, doce el año pasado, se derivaban a otros centros. Ahora para morir en estos hospitales católicos únicamente deberán pedir “cuidados complementarios”.


Recientemente, otra institución supuestamente católica belga también destrozaba frontalmente las enseñanzas de la Iglesia para escándalo de muchos católicos. El pasado mes de marzo la Universidad Católica de Lovaina, que tiene como gran canciller al cardenal De Kessel, abrió expediente disciplinario y suspendió los cursos que impartía el profesor Stéphane Mercier por impartir una clase en la que argumentaba por qué hay que oponerse al aborto, al que tildaba como “asesinato”.

La universidad, que lleva el título de católica, recordaba en un comunicado que “en el espíritu de la ley que despenalizó el aborto votada en 1990, (la universidad) respeta la autonomía de las mujeres para tomar esa decisión en las circunstancias previstas por el legislador”.