El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, concluyó este viernes su visita a México iniciada el 6 de mayo, con una fuerte repercusión en todos los medios, tras una rueda de prensa en el Distrito Federal en la que calificó de “blasfemo” el culto de la Santa Muerte difundido particularmente en los ambientes criminales mexicanos.

El Consejo Pontificio de la Cultura fue creado por el beato Juan Pablo II en 1982, para favorecer el diálogo entre la Iglesia y la cultura. En 2011 partió la iniciativa del Atrio de los Gentiles para promover un diálogo entre creyentes y no creyentes, con importantes resultados en varios países europeos. En ese contexto el cardenal Ravasi fue invitado a México.

“Es un culto blasfemo, una degeneración de la religión”: así definió el cardenal Ravasi el culto de la Santa Muerte, precisando que son prácticas “antirreligiosas” porque “la religión celebra la vida, y aquí solamente hay muerte. No es suficiente tomar aspecto de religión para crear una religión. Esto es una blasfemia”.

La mafia, el tráfico de droga, el crimen organizado no tienen aspectos religiosos, no tienen nada que ver con la religión, incluso si usan la imagen de la Santa Muerte”, añadió.

En 1992, con la reforma de la ley para las asociaciones religiosas, el culto público de la denominada Iglesia Católica Tradicional Mex-Usa, relacionada con religiones brasileñas, tomó personalidad jurídica, dando sede a la devoción de la Santa Muerte. En el 2007 el Ministerio del Interior le revocó el estatus jurídico.

En México se festeja el Altar de Muertos, una devoción popular católica a los ancestros fallecidos, pero que no tiene que ver ni con Halloween, ni con este culto, aunque sus seguidores, generalmente gente de escasa cultura, tienden a confundir las cosas. La Santa Muerte es representada con un esqueleto vestido.


El cardenal italiano ha sido invitado por instituciones académicas, católicas y no católicas del México, así como por la Conferencia del Episcopado Mexicano para dictar conferencias y promover el diálogo fe-cultura, laicidad y trascendencia, así como la relación cultura-educación, en las ciudades de Puebla, Monterrey y el Distrito Federal.

"¿Se puede concebir una cultura sin la pregunta sobre Dios, se puede hacer cultura en una dinámica exclusivamente inmanente?", fue una de las preguntas planteadas por el purpurado en su lección magistral.

A lo cual respondió que trascendencia e inmanencia “no se excluyen y no se deben contraponer”, y debemos continuamente “unir, ser fieles a la historia, a la inmanencia, a la realidad en la que estamos, a la economía, a la política, la sociedad, todo lo que comporta”, pero gracias a aquella “apertura que está en nosotros, que Dios puso en nosotros: no podemos eliminarla ni hacer otra cosa que no sea buscar la trascendencia”.

Y citó al escritor francés Antoine de Sanit Exupery: “Ustedes le conocen por El Principito . Él en una obra suya escribe que cuándo debes formar un verdadero marinero, un verdadero navegante, no tienes que enseñarle solamente cómo se construyen la barca con pedazos de madera, con las velas, las antenas, los mapas” y concluyó que “esas cosas son necesarias, pero no son suficientes, porque en él debes meter el sentido del mar espacioso, infinito”.