No es el primero ni con total seguridad será el último libro que el rodillo de lo políticamente correcto y de la ideología de género logra sacar del mercado por cuestionar sus planteamientos. Aunque para ello también hace falta la colaboración de grandes empresas que hagan el juego a estas ideologías cada vez más predominantes.

La última víctima ha sido el libro Cuando Harry se convirtió en Sally, donde su autor Ryan Anderson argumenta de manera extensa, razonada, meditada y llena de matices contra el movimiento y la ideología transgénero presentando igualmente a las víctimas de estas transiciciones.

La pujanza del movimiento trans que impera en la actualidad ha logrado que Amazon retire de la venta en su plataforma este libro tras tres años en el mercado. Una censura en toda regla a un libro que plantea los puntos débiles de esta ideología.

Anderson explicó a CNA que fue alertado de la situación ya que “la gente que intentaba comprarlo me dijo que había desaparecido”.

Ryan Anderson, autor del libro, ha denunciado la censura que está sufriendo su libro

“No es que aparezca como que está agotado. Las páginas están caídas. No se puede comprar una copia usada. No puedes comprar el kindle. No puedes conseguir la versión audible”», recalcó el autor.

Mientras tanto, el editor de este libro ha pedido explicaciones a Amazon pero todavía no ha recibido contestación. Según las normas del gigante de la distribución, los contenidos que están prohibidos son aquellos que “determinamos que son discursos de odio”, junto con “otro material que consideramos inapropiado u ofensivo”. Uno de estos dos motivos debe estar detrás de la censura del libro que muestra las vergüenzas de la ideología trans.

(Protesta a Amazon por la censura de contenidos contrarios a la ideología de género y reclama libertad de expresión a través de la iniciativa iniciada en tufirma.org

Austin Ruse analizaba este libro en Crisis Magazine y aseguraba que lo que más le había llamado la atención del libro "era el capítulo dedicado a las víctimas del transexualismo y su rabia genuina hacia los médicos y terapeutas que les mintieron, no les ofrecieron opciones y les causaron un daño real y permanente. No estoy seguro de que Anderson quisiera realmente expresarlo de este modo, pero en el capítulo sobre «las personas que de-transicionan» [que después de transicionar a un género no asignado biológicamente, desean volver al género con el que nacieron], la culpa de los médicos y terapeutas -que realmente parece que podrían ser procesados legalmente-, se lee en cada página.

Así, aparece el caso de una chica que empezó a ponerse gel de testosterona a los 18 años; al cabo de poco tiempo, empezó con inyecciones. En la universidad su ‘voz se rompió’, sus caderas se estrecharon y sus hombros se ensancharon. Luego le amputaron sus pechos sanos en una operación chapucera que le dejó cicatrices tremendas. Anderson resalta que en todas estas interacciones con los profesionales médicos nunca fue asesorada, ni le preguntaron ‘por qué sentía tanto deseo de ser un hombre’. Ahora dice: ‘Me he convertido en una mujer que parece un hombre. Siempre tendré una voz rota y ya nunca tendré pechos…’. Nunca recibió asesoramiento.

Esta es la portada del censurado por Amazon. 

Anderson afirma –cuenta Ruse- que es un tema común en quienes se arrepienten de su cambio de sexo: sienten como si hubieran sido presionados a llevar a cabo la transición. Dice: “Lamentan que los profesionales médicos nunca se interesaran en las cuestiones psicológicas subyacentes”. Es como si sólo hubiera una respuesta a la disforia de género: tratamiento y cirugía.

Otro de los numerosos casos que aparecen en el libro que Amazon ha censurado es el de Car, una de las muchas personas que han “de-transicionado” y que relatan sus historias en YouTube. Socialmente transicionó a los 15 años, empezó a tomar hormonas a los 17 y después hizo que le amputaran los pechos. “De-transicionó” a los 22.

La experiencia que tuvo Cari con los profesionales es la habitual. Un terapeuta especialista en género le recetó testosterona después de 3 ó 4 visitas. Dice: “Cuando estaba transicionando, nadie en el ámbito médico o psicológico intentó disuadirme, ofrecerme otras opciones, hacer realmente algo para impedir que siguiera adelante; sólo me dijeron que esperara a cumplir los 18…”.

Cari quiere saber si hay algún otro trastorno médico en el que “entras en el despacho de un médico, le dices que te sientes de una cierta manera -que no se puede demostrar objetivamente, pero que puede estar causada por un trauma, problemas mentales o factores sociales-, y lo que recibes es un tratamiento médico que altera tu vida en cuanto lo dices”.

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