Tom y Britt Nollé son un joven matrimonio (ella de 27 años, él de 31) muy implicados en Holanda en LifeTeen, el método de evangelización para adolescentes de 12 a 18 años. Britt nació en una familia católica y siempre tuvo fe. En cambio, cuando se conocieron, Tom estaba sin bautizar y no sabía nada de la fe. Nadie en el entorno de Tom vivía un noviazgo casto y de hecho no conocía a ningún cristiano de fe viva. Fue la historia de dos planetas que aprenden a moverse en sintonía. La explicaron a ReL durante el encuentro LifeTeen Europa en Barcelona, del 10 al 12 de marzo.
 

“Soy la tercera en una familia de seis hermanos; mis padres siempre nos llevaron a misa y a mí me gustaba incluso de niña”, recuerda Britt. “En nuestra zona no había catequesis pero me sentía orgullosa de mi fe. Mis padres me la enseñaban y yo leía mi Biblia infantil con gusto. Aún hoy sé donde encontrar las lecturas bíblicas, antes o después de tal episodio, recordando mi Biblia infantil”.
 
“Mi familia era muy abierta, se podía hablar de todo, todo salía a debate a la hora de comer juntos. Eso sí, se hacía lo que decidían mis padres. Íbamos todos a misa: tenías derecho a quejarte, pero tenías que ir. Y aún hoy vamos los seis hermanos. Rezábamos juntos un Padrenuestro y un Avemaría antes y después de comer. Por la noche cada uno hacía su oración individual. Mis padres rezaban el Rosario con frecuencia”.
 

Cuando Britt tenía 18 años, en 2008, entró a trabajar en un restaurante como chef de cocina, y allí conoció a Tom, que era el sumiller, es decir, el experto en vinos para entendidos.
 
Tom explica a ReL cómo fue su primera reflexión acerca de la fe. Le dijo a un amigo:
 
- ¿Sabes?, me gusta Britt.
- Vale, pero es católica –dijo el amigo.
- Bueno, ¿y qué? No tengo problema con los católicos.
- No, no, quiero decir que es católica de verdad. ¡Va a misa cada domingo! – le comentó el amigo.
 
Tom y sus hermanos estaban sin bautizar. Aunque sus abuelos paternos sí eran católicos, su fe no había pasado a los hijos ni nietos. Sus padres habían decidido no bautizar a los niños para que tuvieran “libertad” de decidir de adultos. “Hoy no me parece una buena razón, y nosotros bautizaremos a nuestros hijos porque tenemos fe, pero mis padres no tenían”, explica Tom. Fue a la escuela elemental en un centro católico, del que recuerda que celebraba Navidad y alguna otra fiesta.
 

Britt llevó a Tom a casa, a presentarlo a sus padres. Pero ellos estaban predispuestos contra él porque sabían que no era un chico de fe. Britt les dijo aparte: “Es el chico más católico que haya visto por ahí, sólo porque no esté bautizado no significa que no tenga valores católicos”, decía ella con sus 18 años y muy enamorada.
 
“De hecho tanto mis padres, como mi párroco, como mi responsable juvenil parroquial me insistían en que rompiese con él. Temían que me alejaría de la fe”, explica Britt.
 
Britt se enfadó y, convencida de que no pensaba romper con Tom, se fue de la parroquia llorando. También se fue de casa, a vivir sola. Y durante unos meses dejó de ir a misa, por primera vez en su vida. Britt y Tom acudían solo el domingo a la casa de los padres de ella, a unas comidas más bien tensas.
 

Por otra parte, Britt estaba enseñando a Tom los valores católicos sobre la castidad, el noviazgo y el sexo. “Yo pensaba que era normal tener relaciones sexuales con las chicas, es lo que veía en mi entorno, entre mis amigos. A mí me costaba ver lo que Britt decía”.
 
Pero ella encontró un ejemplo que Tom entendió bien: el sexo, como el vino de calidad, tiene sus reglas, momentos y espacios.
 
“Tom, como sumiller, ama el vino, así que yo, como Jesús, me expresé en parábolas”, recuerda Britt. “El sexo ha de ser para el matrimonio, porque es como una botella muy especial que hay que valorar y guardar para momentos especiales, no puedes usarlo con amigos que no van a entenderlo ni disfrutarlo”, explica Tom. Como sumiller, lo entendió. Y más adelante le serviría también  para entender por qué solo los bautizados y en gracia de Dios pueden ir a comulgar: ese Vino tan especial requiere traje de fiesta y un ritual.
 


Britt estuvo tres meses sin ir a misa, pero enfrascada en sus conversaciones con Tom repasaba libros sobre amor, sexualidad y noviazgo que había conocido en los dos años que vivió en Estados Unidos, o que le pasaba su madre. Por ejemplo, conocía bien, y explicaba, la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II explicada de forma amena e intensa por Christopher West.
 
Y leyeron juntos “Los 5 lenguajes del amor”, de Gary Chapman, muy usados en ambientes cristianos. (El libro explica que hay 5 formas de expresar amor: las palabras bonitas, los regalos, el pasar tiempo juntos, las caricias y el contacto corporal y, por último, los actos de amor y servicio. Unas personas prefieren realizar y recibir algunos de estos, mientras que apenas valoran los otros. Así, una esposa puede dedicar horas a actividades de servicio realizadas con amor para su marido, que él apenas apreciará porque prefiere pasar tiempo de calidad con ella y tener más contacto físico y sexual. Cada pareja ha de aprender qué lenguajes aprecian cada uno de ellos y usarlos).     
                                                                         

Pasados unos tres meses, Britt dijo a su novio: “Oye, me falta la misa. He de volver a misa, a una parroquia que no me agobien”. Tom decidió acompañarla a cierta parroquia, “pero la misa allí era poco acogedora y más bien rara”. Así que volvió a su parroquia de siempre. Tom la acompañó. El párroco hizo un sermón que parecía ir dirigido contra él, y se sintió atacado y molesto. Pensó que la madre de Britt le había contado cosas al cura. Luego resultó que no había sido así.
 
Tom y Britt continuaban hablando de la fe.
 
- Pero, ¿cómo puedes saber que Dios existe y te habla? –preguntaba él.
- Tú rezas, le hablas, escuchas… y llega el momento en que lo sabes –respondía ella.
 
Tom acompañaba a Britt a misa y a encuentros de oración y a veces a retiros de fin de semana, aunque como trabajaba en fines de semana no podía hacerlos completos.
 

Llegó el día, en 2010, en que Tom sintió a Dios. “Lo recuerdo muy bien”, explica Tom. “Entré en el encuentro el sábado, cuando ya había empezado, por la mañana, en una adoración. Pensé ‘ voy a relajarme un poco del trabajo, a ver qué pasa’. No esperaba nada; estaba un poco incómodo, de hecho. Yo estaba allí de pie, al final de una fila de bancos”.
 
“Entonces alguien cantó con la guitarra y sentí que la letra de la canción entraba en mí. Sentí como una manta caliente sobre mí, que me envolvía y abrigaba. Sentí una especie de alivio. Llevaba ya un año y medio yendo a la Iglesia, esperando ver si Dios me daba algo. Aún no estaba ni bautizado. Yo creo que esperaba una señal. Esa fue la señal que me dio el Espíritu Santo”.
 
- Creo que hoy he sentido al Espíritu Santo –le dijo Tom a Britt más tarde.
- ¡Qué bien! He rezado tanto para eso. Estaba rezando hoy para que pasara –dijo ella entusiasmada.
 
Desde entonces he querido saber más, crecer en la fe, y he ido a misa. Deseaba ir a misa y acudía a horarios muy difíciles, madrugando mucho, por mi trabajo”, señala Tom.
 
Finalmente Tom se bautizó con 26 años. A los padres de él no les pareció “ni bien ni mal, aunque mi madre vino al bautizo”. Los padres de ella estuvieron encantados y fue recibido plenamente en la familia.  
 

Hubo un momento complejo meses antes de la boda: Tom estaba trabajando en España (en Talarn, cerca de Tremp, en Cataluña), y no encontraban casa en Holanda, y había muchas complicaciones. “Hice una oración de entrega a Dios, lo puse todo en sus manos. Sentí físicamente, realmente, que dejaba marchar unas cargas pesadas. Y en un mes encontramos trabajo, vivienda… y nos casamos en junio”.
 
Hoy ambos colaboran como impulsores de LifeTeen en Roermond y catequistas de adolescentes. LifeTeen se aplica en dos diócesis holandesas y entusiasma a los jóvenes.
 

Respecto a otras parejas de novios en una situación similar, Tom pide a la parte cristiana de la pareja que tenga paciencia y dé una oportunidad a la otra parte. Y Brett, que siempre se mantuvo firme en su fe y valores, da un criterio: “Si no sabes en qué crees ni cuál es tu postura, tu visión ante la vida, no te abras a otras personas, a relaciones así. Pero si tienes claro quién eres y estás firme en el Señor vale la pena intentarlo”.
 
En su anillo de casados se puede leer: “No hay temor en el amor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4,18). Ese poder del amor de Dios es lo que han vivido y lo que enseñan a los adolescentes.

Para conocer más sobre LifeTeen: www.lifeteen.es