El padre Romano Scalfi (1923-2016) ha fallecido a los 93 años tras una vida dedicada a Rusia y al cristianismo del Este de Europa, primero para liberarlos de la opresión comunista y después para llevar a Occidente la belleza de la liturgia, la literatura y la iconografía ruso-bizantina.

Así es como en 1957 fundó la asociación Rusia Cristiana  (www.russiacristiana.org) cuando este joven sacerdote italiano se empeñó en dar a conocer las riquezas de las tradiciones espirituales, culturales y litúrgicas de la Rusia ortodoxa así como favorecer el diálogo ecuménico y contribuir a la presencia cristiana en este país entonces comunista.

Con su solemne barba monástica para muchos jóvenes él se convirtió en el starets [anciano maestro espiritual en Rusia] de Occidente, maestro de fe y de vida, amante de los alejados y defensor de los perseguidos, apasionado lector de los Padres de la Iglesia y voz de la “Iglesia del Silencio” de Europa, de la cual publicaba testimonios clandestinos.

Y a esto dedicó su vida, que más parece una epopeya. En un reportaje publicado por Religión en Libertad sobre la figura del padre Romano Scalfi se contaba cómo le llegó su amor por la cultura oriental y como se las apañó para lograr evangelizar en la URSS y sacar los textos prohibidos allí para darlos a conocer en Occidente:


Con 23 años, viendo celebrar la divina liturgia bizantina, se enamoró de Rusia y de su alma. Corría el año 1946 y era seminarista en Trento. En esa liturgia lenta, resplandeciente de armonía y cantos, descubrió por primera vez "el conocimiento denominado sobórnico [en ruso el adjetivo soborny tiene el doble significado de católico y conciliar, ndt] de la tradición oriental, corazón y razón juntos, comprometidos y conquistados", explicaba. 

Y “belleza” es la palabra que Scalfi utilizaba también para recordar a su madre. "Nunca me olvidaré del día en que, con cuatro años, la vi arrodillada delante de un crucifijo. ¡Su rostro era tan bello y estaba tan absorto en la oración! El rostro de mi madre ha sido para mi la primera belleza"


El padre Scalfi era un enamorado del cristianismo oriental

Una vez acabado el seminario estudió en el Pontificio Instituto Oriental, en Roma. Su padre espiritual, don Eugenio Bernardi, es beato. "Una humanidad de una belleza encantadora", decía Scalfi. De nuevo esa palabra, ´belleza´. 


En 1957 el sacerdote cruzó por primera vez las fronteras bien vigiladas de la URSS de la posguerra. "Simulamos una avería en la carretera para librarnos del "ángel custodio" que nos pegaron en la frontera. En los pueblos rurales, muy pobres, los hombres y las mujeres se nos acercaban intrigados por el coche occidental. Empezábamos a hablar y pronto el discurso versaba sobre nuestra vida y la de ellos; en las palabras surgía, aun en la confusión, un sentido religioso, una pregunta de sentido todavía presente con fuerza".

Empiezan los años de los envíos clandestinos de los Evangelios, de los libros escondidos en los forros de las maletas. Decenas de miles de Evangelios entraron en la URSS y en los países satélites:"Recordaré siempre a una mujer en una iglesia de Kiev; se arrodilló delante de mi para darme las gracias por ese regalo". 


Las visitas de Scalfi se intensificaron. «No me detuvieron nunca, pero supe que me vigilaban siempre y que sabían todo. En 1970 fui declarado persona non grata. No volví a la URSS hasta la caída del Muro». 

Sin embargo, también en esos años, gracias a los colaboradores del Centro “Rusia cristiana” que había fundado, los intercambios fueron intensos. Por obra de la asociación llegaron a Italia unos 900 textos del samizdat.