Hubo un tiempo en que Dave Druitt bebía mucho y afectado por su paso en la guerra de Vietnam "perdía la cabeza", se atrincheraba en casa y ¡organizaba trampas con explosivos!

Sin embargo, una experiencia especial le acercó a Dios, cambió todo su vida para bien. Hoy va a misa a la parroquia de la Natividad en Burke (Virginia, EEUU), visita prisiones para evangelizar y ayuda a expresidiarios.


Dave Druitt se crió en una familia episcopaliana (anglicanos liberales de EEUU) y estudió en una escuela episcopaliana, con buenas notas.

Al poco de empezar a estudiar lo que entonces se llamaba "ciencia de computadores", fue enviado a la guerra de Vietnam, jovencísimo, tras un año de entrenamiento.

"Mis amigos cayeron allí uno tras otro", explica al Catholic Herald de la diócesis de Arlington.

Cuando volvió, su mente no era la misma. Había interiorizado la noción de que le quedaba poco tiempo, que iba a morir enseguida. Y además quería dejar claro que el tiempo que le quedaba no lo pasaría obedeciendo órdenes de otros.

Se fue al desierto de Arizona, se metió en un club de motos y de carreras de desierto y bebió mucho, muchísimo. Buscaba en el alcohol el olvido y la seguridad que su enfermedad -desorden de estrés postraumático- le había quitado. 

Durante 25 años pudo compaginar su alcoholismo con trabajar en una empresa de seguridad de importancia nacional... hasta que empezó a alucinar, se atrincheró en un sótano y colocó minas caseras explosivas. Obviamente, perdió el trabajo.


En 2001, conducía su coche cuando un camión 18 ruedas lo expulsó de la carretera y cayó en un río. Casi se muere: fractura de cráneo y de cuello, rotura en los pulmones, espalda rota en tres puntos... 

Pero adquirió sabiduría. Dice que vio una luz blanca. "El Cielo es real. He encontrado a Dios, y Él también es real", dice. "Si no lo entiendes, será un conflicto para tu comprensión. Pero Dios está ahí, creas en Él o no", asegura.

Dios existía pero... ¿en qué iglesia servirlo? En el hospital pensó en su infancia, cuando había viajado por tres países muy distintos: Turquía, Bolivia y Camerún. "En todo el mundo ves san-esto y san-lo-otro: hospitales, orfanatos, de todo... la Iglesia Católica ayuda a la gente. La huella de bien que deja la Iglesia supera la mala fama", dice. 

Había sobrevivido a un accidente tremendo y unas heridas imposibles: era una señal de que Dios le quería vivo y funcionando bien.

Se apuntó a todo: un grupo de oración, iniciación cristiana de adultos, ministerio de visita a prisiones y Alcohólicos Anónimos. Y más adelante a un Cursillo de Cristiandad. Y a tocar el bajo y la guitarra en distintas bandas locales.

Las secuelas de su desorden traumático le impedía un trabajo de oficina, pero puso en marcha una iniciativa de servicios de pintura en el vecindario. Y además fue reclutando a ex-convictos para que trabajaran con él, tanto hombres como mujeres. Son hombres de distintos orígenes, pero a todos les anima a orar con él.

Junto con un diácono jubilado llamado Jim Bayne, Dave Druitt se implicó en el ministerio de prisiones Kairos (kairos-bkcc.org), que emplea un método inspirado en Cursillos de Cristiandad -bien conocido por el diácono Bayne- pero adaptado a la realidad de la carcel. Cada mes los voluntarios visitan el centro correccional de Buckingham, que tiene unos mil presos. 


Dave cree que los presos son como él: "víctimas del combate". Los ha escuchado, y ve que arrastran heridas y "creen que no hay esperanza, que nunca podrán volver a la carretera, que están en la cuneta"... pero Dave salió de la cuneta y les ayudará a salir también a ellos.

De Alcohólicos Anónimos repite una frase: "Si entregas tu vida a Dios, tendrás un nuevo Empleador, con E mayúscula". Dave sabe que ayudar a dejar el alcohol es un paso clave para recuperar a muchas personas.

"Nueve de cada 10 exconvictos cometieron un error y han aprendido de él, pero quizá no pueden trabajar e un empleo de 9 a 5. Son personas quebradas, aunque sean buenas personas con buenas habilidades". Por eso su empresa se adapta y optimiza esa situación.

Dave está contento, ve cambiar a la gente y él mismo siente que controla su vida precisamente porque ya no la controla, sino porque la entregó a Dios. "Ya no vivo mi vida; esta vida es algo en lo que me metió Dios", asegura.