Liesl Schwabe es escritora y directora del programa de escritura de la Yeshiva University (www.yu.edu), la primera gran universidad de inspiración judía en Estados Unidos y en el mundo, con cuatro campus en Nueva York.

En un artículo en el New York Times (aquí en español), Liesl Schwabe dice que "en mi vida adulta nunca me he considerado cristiana", y explica la importancia que ha dado siempre a la vocación de las mujeres de ser fuertes y "capaces de hacerlo todo".

Pero explica también que fue durante su breve experiencia en una escuela católica de educación diferenciada (solo para niñas), con monjas como maestras, cuando adquirió "la educación feminista más importante que recibí".

De las monjas aprendió compasión y compromiso, insiste. Se ha dado cuenta ahora, quizá, porque ahora tiene una hija de esa edad, que le impulsa a recordar cómo fue educada.

Algunos de sus párrafos más expresivos:

"A mí prácticamente me educó una madre soltera y yo sabía, casi desde que nací, que las mujeres tienen la capacidad de hacerlo todo y en ocasiones se ven obligadas a hacerlo, sobre todo cuando no hay nadie más que las apoye. Entré a Antioch College en 1993, el año en que la política sobre delito sexual que hizo la escuela fue objeto de burla incansable en todo el mundo por introducir la idea del consentimiento verbal. No mucho tiempo después, en un monasterio birmano me rapé la cabeza para convencerme a mí misma de que mi cuerpo físico no me definía".

"Pero la educación feminista más importante que recibí fue en mi escuela católica, a principios de los ochenta, en los suburbios del Medio Oeste estadounidense. Fue ahí donde mis maestras más queridas eran monjas que nos enseñaron a ayudar a los pobres, rezar por los enfermos y a donar nuestras monedas a El Salvador. Fue ahí donde aprendí la necesidad de cooperar y ser autosuficiente, y las posibilidades que eso brinda".

"Vestidas con sus trajes de poliéster y zapatos ortopédicos, la hermana Irene y la hermana Betty, mis maestras de primero y segundo de primaria, respectivamente, emanaban una alegría y un sentido de propósito que me parecían contagiosos".

Alumnas de la escuela femenina Our Lady of the Elms...

"Fundada en 1923, Our Lady of the Elms (Nuestra Señora de los Olmos), en Akron, Ohio, lleva casi cien años siendo una escuela solo para niñas. La institución promete que “en la experiencia de todas las niñas Ems se entreteje Veritas, la búsqueda de la verdad y la justicia”.

"Quizá debido a que mi propia hija ahora está en segundo de primaria, me doy cuenta de que pienso a menudo sobre cómo me enseñaron a buscar la verdad y la justicia, y lo inseparable que esos ideales se volvieron para entender qué significa ser una niña".

Liesl Schwabe recuerda sus años de escuela de monjas sólo para chicas... y alaba lo que aprendió entonces, su "formación feminista más importante", basada en la compasión y el perdón

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"La hermana Betty se paró delante del basurero con las manos en la cadera. "Acuérdate de que no tiramos la comida”, dijo, y los rizos de su peinado parecían un halo. Y sí me acordaba: no tirábamos la comida porque en El Salvador los niños se morían de hambre. Yo creo que esa idea nos ayudaba a no pensar tanto en lo que no nos gustaba de nuestra comida sino, más bien, en lo que no nos gustaba en el mundo. Aunque había muchas cosas que no sabía, sí estaba consciente de que había personas que no tenían suficiente comida".

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"Estábamos rodeadas de mujeres instruidas que no eran ni esposas ni madres, que no usaban maquillaje y que vivían en comunidad incluso compartiendo un auto. Para nosotras eran un modelo de igualdad. Nos enseñaban lo que en ese momento no pensábamos que fuera una manera tan completamente diferente de vivir".

Las futbolistas de Our Lady of the Elms, con cara de ser muy duras

"Mi experiencia con la educación católica fue breve y, en mi vida adulta, nunca me he considerado cristiana. Pero las monjas nos enseñaron generosidad e introspección de una manera tan directa como cuando enseñaban las fracciones y a escribir en cursiva. En otras palabras, mi formación nunca se trató solo de mí, sino del mundo que yo habría de heredar".

"En un momento en el que la violencia en contra de los niños, las mujeres, los desposeídos y el planeta es tan extendida, veo dejos de esperanza en la convicción de las monjas de que la compasión puede ser enseñada y el perdón fomentado".

Artículo completo en español aquí en el New York Times