A José Carlos Martínez le salvaron antes de nacer. El doctor Jesús Poveda, uno de los pioneros del movimiento provida en España, convenció a su madre en la puerta de la Clínica Dator, en Madrid preguntándole "¿Qué necesitas para no abortar?". Hoy José Carlos tiene 25 años, vive con su mujer y sus dos hijas en Soto del Real (Madrid) y proclama su agradecimiento al médico que rescató su vida y no ha dejado de ayudar a su familia desde entonces.

La suya es una de las cuatro historias de acogida que protagoniza la nueva campaña de Navidad de la Asociación Católica de Propagandistas. La entidad ha instalado carteles en las marquesinas y el metro de más de 80 ciudades en España con el mensaje Pobre. Odiado. Marginado. Ha vuelto a nacer, con el que quieren invitar a todos a acoger al prójimo esta Navidad como a otro Cristo.

-Tu historia comienza en la puerta de un abortorio.

-Mi madre iba a abortar, y Jesús la paró en la puerta y la convenció de que no lo hiciese. Empezó preguntándole qué ayuda necesitaba para no abortar y desde entonces no ha parado de preguntar “¿En qué te puedo ayudar?”. Jesús es mi padrino, y el de mis dos hijas; y está ahí siempre, para cualquier cosa que esté en su mano. Ha atendido mis llamadas a las cinco de la mañana… Sin ir más lejos, ahora me va a ayudar a pagar el comedor de las niñas, que es una pasta.

-También te ayudó cuando te enteraste de que serías padre.

-Sí. Yo tenía entonces 17 años y la que hoy es mi mujer, Andrea, tenía 15. Sus padres no querían ni pensárselo, querían que abortase, y mi opinión no le importaba a nadie. La llevaron a la Dator, pero la clínica cometió un error: allí te hacen una ecografía y te la dan para que la lleves al médico, pero te dicen que no abras el sobre. ¿Y qué va a hacer una chica de 15 años si le dicen que no puede abrir un sobre? Ella lo abrió, vio al niño y a partir de ahí empezó a querer tirar adelante con el embarazo.

-¿Tú querías abortar?

-No, no me lo planteé en ningún momento. Tenía segurísimo que la niña iba a venir. Mi problema no era si se iba a hacer o no, sino cómo. Cómo convencer a cierta persona, cómo conseguir el dinero necesario… Cuando Andrea vio la ecografía fue un punto a mi favor. Yo fui a hablar con Jesús, como quien tiene un incendio y llama a un bombero. Él habló con los padres de mi mujer, fue llevando toda la situación. Las aguas se calmaron, fuimos haciendo planes de futuro…

-¿Salieron bien?

-No, muy mal. Yo era joven, me agobié mucho y cometí ciertos errores. Acabé internado un año y medio en un centro de menores, y mi mujer ingresó en la Residencia Norte, un centro de la Comunidad de Madrid que acoge a mujeres embarazadas y madres sin recursos. Yo falté al nacimiento de mi hija, pero -de nuevo- Jesús sí estuvo allí. Se encargó de comprar todo lo que necesitaban: pañales, toallitas, leche… Cuando salí, vivimos momentos muy duros, hemos estado de okupas, hemos luchado mucho, siempre con la ayuda de Jesús, hasta normalizar la situación, como estamos ahora.

-Desde tu experiencia, ¿qué es para ti la acogida?

-Acogida es que Jesús se hiciese cargo de mí -un niño que no tenía nada que ver con él- como si fuera mi padre. Él ha sido el único que ha estado siempre, con la administración todo han sido pegas. Si vas dando amor y ayudando a los demás, al final todo va creciendo. Yo era uno y me salvaron; ahora tengo dos niñas, y espero que el día de mañana también ellas pongan su granito de arena en la historia.

José Carlos, con el doctor Jesús Poveda.

-¿Crees que hay relación entre la acogida de tu padrino y Dios?

-Creo que Jesús ha aprendido de Jesucristo, y que Jesucristo puede actuar a través de Jesús, sí; tal vez por eso él es tan buena persona. Y puede ser que al ayudarnos entre todos, estemos ayudando a Dios, que quiere que todo vaya bien. Y en mí… bueno, yo intento no desviarme del buen camino, pero a veces la lío. ¡Soy más humano que Jesús! (ríe) Pero sí creo que a veces mis hijas pueden ver ese pedacito de Dios en mí también.

-Por último, ¿todos podemos acoger?

-Sí, no hace falta que sea un caso muy extremo. Al acoger a otra persona, sales beneficiado tú; no lo haces por ganar algo, ni por lo que otros vayan a decir. A la gente que tenga nivel económico y quiera ayudar, les diría que lo hicieran, simplemente. Quien de verdad quiere ayudar, lo hace. No hay que buscar mucho más. Si quieres ayudar, ayudas; no preguntas. Como mucho, preguntas “¿En qué te puedo ayudar?”.