Bruno se considera un hijo pródigo del siglo XXI, un joven que ahora canta y compone letras dando gracias a Dios porque antes ha sido rescatado totalmente de las tinieblas. Desde que era un adolescente vivía en el mundo de las drogas, e incluso estuvo en la calle. Así hasta que tocó fondo. Pero un “ángel” le rescató, y tras pasar por un proceso de rehabilitación tuvo un profundo encuentro con Dios. Gracias al Opus Dei descubrió los sacramentos y vio que Dios le llamaba a ayudar a los vagabundos y a honrar a Dios a través de su trabajo en un almacén de un supermercado.

“Vengo de una familia que está marcada por las drogas. Tengo un hermano que está actualmente en la cárcel desde hace más de diez años. Siembre ha sido rebelde, se fue de casa con 14 años y yo sentí la necesidad, muchas veces de estar con él”, recuerda Bruno sobre aquella etapa de su vida

Tal y como cuenta a la web del Opus Dei,  cuando tenía 17 o 18 años –señala- “nunca quería estar en casa, quería estar en la calle, quería drogarme”.

Vivía en la calle, lejos de la familia, de los amigos y de Dios. Sin embargo, un día en medio del vacío más absoluto alzó la vista a lo alto. “Recuerdo perfectamente dirigirme al Cielo y pedir un milagro. Y todavía sucede hoy”. La vida no podía ser ese vacío que sentía.

Fue desde ese momento que intentó pedir ayuda. Sabía que solo no podría salir de las drogas. Tenía entonces 19 años cuando descubrió Vale de Acór, una institución que ayuda a la reinserción de las personas drogodependientes.

Esta ayuda le sacó del vacío y como él mismo reconoce le hizo ver de nuevo la importancia de la amistad y el sentido de la vida. En esta asociación conoció a Salvador, uno de los voluntarios, y a la postre, una de las personas que le acabaría mostrando el amor de Dios.

Salvador había fundado la Asociación Más Juntos para llevar voluntarios a visitar a personas sin hogar en Lisboa. “Conocí a Bruno de forma muy natural. Crecimos en amistad, y un día lo reté a que saliera a la calle con nosotros”, cuenta.

Para entonces, Bruno ya había dejado el consumo de drogas y aceptó este nuevo reto. “A través de Salvador pude estar con gente que vivía en la calle. Y con realidades idénticas a la mía”, explica Bruno, que considera que “ayudar a una persona que está en una realidad similar a la mía es el propósito de mi vida”.

Ha pasado ya un tiempo pero este joven portugués sigue siendo voluntario porque sabe que en cada vagabundo que se encuentra y al que ofrece su mano puede ser otro “Bruno”.

Esta experiencia es la que le llevó a encontrar a Dios, pues fue viendo que entre los pobres y marginados se encuentra de manera más poderosa la mano del Altísimo. Esta conversión le vino de la mano de la formación cristiana que ofrece el Opus Dei.

Con la prelatura ha participado en momentos de oración y en retiros mensuales. Bruno descubrió igualmente la importancia de tener un director espiritual que lo ayudara a hacer “reflexiones serias sobre el sentido de la vida y la importancia del trabajo”.

“La insistencia en el trabajo me tocó mucho”, reconoce.

Este joven trabaja de noche en un supermercado de Lisboa, en una actividad solitaria. Al principio, reconoce que en este trabajo “era muy vago: sólo pensaba en el dinero”.

Pero entonces un día “Salvador me envió la homilía de San Josemaría Escrivá, Trabajo de Dios. Esa homilía me tocó mucho por el simple hecho de afirmar que es en el trabajo donde puedo encontrar a Jesús. Tengo la oportunidad de trabajar con los auriculares, escuchando música muchas veces. Pero en otras vuelvo a escuchar esta homilía. ¿Y por qué lo hago? Porque me permite tener un diálogo con Jesús. Un diálogo que normalmente no tendría”.

Ahora, los días y las noches de trabajo de Bruno están llenos de amigos, visitas a personas sin hogar y ayuda a otras personas. Esto es lo que intenta mostrar también con su música, a través de su rap. “Quiero transmitir el mensaje de lo que viví y enfocarme en letras autobiográficas para que la gente se identifique con mi historia”, concluye.