Si nada cambia, se ha anunciado que en los próximos días Vincent Lambert dejará de ser alimentado e hidratado, lo que provocará su muerte.

“Lo que hicisteis a cada uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40): Jesús interroga a nuestra conciencia. El señor Vincent Lambert interroga a nuestra conciencia. ¿Y si fuese yo? No nos podemos contentar con juicios apresurados. Lejos de mí pretender enjuiciar a dos categorías profesionales que han abordado este caso en cuerpo y alma y con la mayor atención: los médicos y los juristas. Sin embargo, dado que la familia está dividida y los médicos están divididos, ¿no es legítimo pensar al respecto?

Hagámoslo:

1. ¿Deben considerarse la alimentación y la hidratación como un cuidado excesivo, como un ensañamiento terapéutico?

Vincent Lambert no se encuentra en estado terminal. No hay ninguna urgencia médica en suspender su alimentación y su hidratación.

"Suministrar agua y nutrientes destinados a mantener la vida responde a un necesidad elemental del enfermo" [declaración conjunta católico-judía sobre el cuidado de los enfermos firmada en 2007 por parte católica por el entonces arzobispo de París, André Vingt-Trois, con ocasión de la aprobación de la llamada 'ley Leonetti' de 2005 sobre los derechos de los enfermos en estado terminal].

"[En] el enfermo en estado vegetativo... la administración de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por vías artificiales, representa siempre un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico. Por tanto, su uso se debe considerar, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y hasta que demuestre alcanzar su finalidad propia, que en este caso consiste en proporcionar alimento al paciente y alivio a sus sufrimientos" [Juan Pablo II, discurso a los participantes en un congreso sobre tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo, 20 de marzo de 2004].

A nosotros, los cristianos, esto nos interroga: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber” (Mt 25, 35), dice Jesús.

Para evitar los sufrimientos (cuyo grado de percepción, en el estado actual de nuestros conocimientos, nadie puede predecir) que implica suspender la alimentación y la hidratación, se anuncia una sedación. ¿No es ésta una aplicación cuestionable de la ley Leonetti, la cual, sí, permite la sedación, pero como algo reversible y en caso de dolor incontrolable e insoportable (y no provocado por una falta de atención)?

2. ¿Debe considerarse la discapacidad como una enfermedad?

Vincent Lambert no está enfermo, sino que tiene una discapacidad tetrapléjica y un estado de mínima conciencia tras un accidente de tráfico como consecuencia de un grave traumatismo craneal. ¿Por qué no se encuentra en un centro que pueda acogerle, como es el caso de cientos de discapacitados en nuestro país, centros de los cuales nuestro país puede estar muy orgulloso? ¿Es debido a la extraordinaria presión mediática?

3. ¿Hay que calcular el coste de los gastos y considerar que los tratamientos demasiado caros no son legítimos?

¿Se me va a negar un cuidado porque es demasiado caro? Esto nos afecta a todos. Sin duda, en algunos hospitales de países más pobres que nosotros se plantea la cuestión de la mejor utilización de los recursos escasos. Pero lo que se hace con otros enfermos en Francia, ¿por qué no puede seguir haciéndose para Vincent Lambert?

4. ¿Debe considerarse que las personas en estado de mínima conciencia no tienen suficiente dignidad para vivir?

¿Cómo olvidar a esas personas que se despiertan después de largos años? ¿Cómo olvidar que las personas en coma pueden contar lo que se les ha dicho al lado de la cama? ¿Qué mensaje mandamos a las 1500 personas en estado de conciencia mínima del hospital de Berck, de otros hospitales o que viven con su familia?

5. ¿Debe considerarse que es la justicia, el juez, quien debe decidir quién tiene derecho a vivir o quién debe morir, quién es digno de vivir y quién no?

¿Qué puerta abre la judicialización de la salud de Vincent Lambert?

El Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ha pedido que se suspenda la supresión de los cuidados. El médico anuncia a la familia la supresión de los cuidados la semana del 20 de mayo. Si acudimos a la justicia, nada justifica entonces que no se apliquen las medidas cautelares pedidas por este comité de la ONU.

* * *

En fin, ¿por qué considerar que los católicos que plantean estas cuestiones y promueven una cultura de la vida son “tradicionalistas” o “integristas”? El objetivo de esas etiquetas es, claramente, descalificar lo que dicen. Como cristiano, llamo la atención sobre todas las personas vulnerables, como los menores inmigrantes, las personas discapacitadas o las que se encuentran en testado terminal. Es triste constatar que Vincent Lambert es instrumentalizado, en particular por los impulsores de la eutanasia.

Como obispo en una diócesis en el departamento de los Altos Alpes [Hautes-Alpes], conozco la dificultad de caminar por la cima. En ese caso estamos. Entre, a un lado, la pendiente de la eutanasia, del individualismo extremo que quiere elegir su muerte, y al otro lado la pendiente del ensañamiento terapéutico y del transhumanismo que considera la muerte como un fracaso, está la cima: acompañar a las personas discapacitadas, cuidados paliativos para las personas en estado terminal, aceptación de la muerte como algo natural. Es la senda más respetuosa con la dignidad de la persona humana, la senda de la fraternidad.

La senda más hermosa recorre las cimas. Gracias, Vincent Lambert, por conducirnos hasta ellas; gracias por interrogar a nuestra conciencia. Rezamos por usted, por su familia y por el personal que le atiende.

Publicado en el portal de la diócesis francesa de Gap y Embrun.

Traducción de Carmelo López-Arias.