Jueves 8 de marzo, día de la mujer trabajadora.
 
Esta mañana, desde la oficina, escuchaba los gritos histéricos de la huelga feminista, alternando castellano y euskera, entre los que se ha llegado a corear: “Vamos a quemar el Corte Inglés”. Sí, lo he oído. A mí y a otras compañeras esquirolas nos ha dado la risa floja. Estamos como cabras. Con la cantidad de exigencias legítimas de igualdad y conciliación que hay, ¿cómo hemos podido acabar así? Mezclando la causa femenina con todas las ideologías posibles, enfrentando por sistema a hombres y mujeres. Todas habríamos secundado la huelga con otro argumentario, porque reivindicaciones legítimas a favor de la mujer en el ámbito laboral, las hay.
 
Una compañera dice que habría que corear: “Yo quiero cobrar lo mismo que un tío y, si me abre la puerta, ¡mejor!”. La realidad es que ya cobra lo mismo porque trabajamos en la Administración Pública. La pena es que la puerta hace tiempo que dejaron de abrirla. Y no les culpo. La confusión la hemos generado nosotras. El feminismo radical ha tocado y quizás hundido la identidad masculina.
 
Bromas aparte, todavía hay mujeres que sufren violencia y discriminación y no sólo en países lejanos. Por ellas siento profunda empatía y saldría a la calle para defenderlas.También hay mujeres que nunca hemos sentido discriminación por el hecho de serlo y es de justicia que lo contemos. Sin embargo, vivimos la conciliación como un problema, como algo casi imposible, y echamos en falta representación en esta huelga para nuestra causa, que es la causa del 90% de las mujeres reales. No hay en el argumentario nada que favorezca la situación de la mujer madre trabajadora. Tampoco de las mujeres a quienes les toca cuidar de sus padres o de cualquier familiar enfermo. La conciliación es la problemática más frecuente y horizontal en estos momentos, mucho más real y grave que la brecha salarial o el techo de cristal. En mi caso, no he sufrido ni una ni otro. No digo que no se den, pero creo que se están sobredimensionando, perdiendo una oportunidad de oro de exigir flexibilidad horaria y otras medidas que faciliten la conciliación.
 
Copio y pego un texto que también he recibido hoy y me ha arrancado otra sonrisa. No lo toméis al pie de la letra y que nadie empiece con el rollo de que asigna un rol de género sumiso, por favor. Es humor y ya tiene años. Es de William Golding, autor de El Señor de las Moscas, Nobel de Literatura:
 
"Las mujeres están locas
Creo que las mujeres están locas si pretenden ser iguales a los hombres.
Son bastante superiores y siempre lo han sido.
Cualquier cosa que le des a una mujer la hará mejor.
Si le das esperma, te dará un hijo.
Si le das una casa, te dará un hogar.
Si le das una sonrisa, te dará su corazón.
Engrandece y multiplica cualquier cosa".