Por primera vez en cuatro años, alrededor de 30.000 cristianos de las ciudades de la llanura de Nínive podrán celebrar la Navidad en sus casas. ¿Cómo será para ellos la cena del 24 de diciembre, con las velas encendidas en torno a una humilde mesa, y cómo mirarán las imágenes de María, José y el Niño, que hablan a la vez de alegría y pobreza, y que para ellos representan su propia historia en carne viva, historia de fidelidad y de exilio?

Algunos tendrán la fortuna de celebrar la Misa del Gallo en iglesias todavía ennegrecidas y mutiladas por el horror del Daesh, y en esa noche las hermosas oraciones de la liturgia caldea y siriaca, recitadas tal vez entre lágrimas de alegría y dolor, tendrán una densidad inigualable. He aquí un pueblo que realmente espera, su propia existencia ha sido toda ella un Adviento. En esa noche de luz será imposible olvidar aquella otra noche de miedo y desazón, en junio de 2014, cuando 120.000 cristianos eligieron el camino del exilio dejando atrás la tierra donde están enterrados sus antepasados, sus huertos y sus casas, para no perder el único bien que la barbarie del Daesh no podía arrebatarles: su fe en Cristo vencedor de la muerte.

Estos hermanos nos han regalado el tesoro de su testimonio, la belleza de su perdón, su increíble paciencia y su ímpetu de reconstrucción. Ahora es tiempo de regresar, y nos sentimos en deuda con ellos. A cambio del inestimable don de su fe, que ha atravesado la tormenta, podemos ofrecerles la ayuda humilde pero eficaz que necesitan para reconstruir sus pueblos. Con un gesto clamoroso de comunión, las tres grandes iglesias mayoritarias, caldea, sirio-católica y sirio-ortodoxa, han constituido el Comité de Reconstrucción de Nínive, toda una profecía cara al futuro de la presencia cristiana en el país. Ayuda a la Iglesia Necesitada, que ha acompañado a los cristianos en su duro exilio durante todos estos años, ofrece ahora su apoyo económico y técnico para restaurar la limpia y modesta belleza de nueve pueblos en aquel confín norteño de Irak.

Conmueve ver cómo estas familias vuelven a empezar sin rencor. Son una verdadera semilla de esperanza para la difícil unidad del país, como tantas veces ha dicho el patriarca caldeo Luis Sako. La mayoría no podremos estar allí para contemplar este espectáculo. Es un consuelo saber que Ayuda a la Iglesia Necesitada nos ofrece mente, brazos y corazón, para que participemos en esta hermosa historia.

Publicado en Alfa y Omega.