Los temas candentes en la bioética son la eutanasia, el aborto, la revolución reproductiva, la donación de órganos y la muerte cerebral, el bienestar animal, etc. Pero hay otros que, aunque también se refieren al cuerpo y a la muerte, son ignorados casi por completo. Por ejemplo, la cremación es un asunto candente, pero no suele aparecer en las publicaciones de bioética.
 
Sin embargo, un reciente artículo de Toni C. Saad en The New Bioethics cuestiona por razones filosóficas la creciente aceptación a la cremación.
 
El cristianismo rechaza la cremación como una negación simbólica de la resurrección del cuerpo. Probablemente el declive del fervor en las sociedades tradicionalmente cristianas explica en buena medida la creciente popularidad de la cremación. En el Reino Unido, se ha convertido en el método más común de disponer de los cuerpos. Pero si Saad cree que la cremación no es lo ideal es por otras razones no teológicas.
 
Los cementerios son lugares de memoria colectiva. “Excluir la muerte de una comunidad la priva de la memoria compartida de quienes un día formaron parte de ella y la hicieron como es ahora. Esto conduce… a una amnesia colectiva”, escribe. Por ejemplo, recientemente se descubrió un cementerio de esclavos debajo de un aparcamiento en Portsmaouth (New Hampshire, Estados Unidos). Supone el incómodo recordatorio de injusticias históricas que, sin el cementerio, habrían corrido el peligro de ser olvidadas por los habitantes del lugar en un rincón oscuro de su pasado.
 
Además, los cementerios nos obligan a enfrentarnos a la idea de la muerte en una época en la que se la margina: “Los agonizantes son descartados de la vida antes incluso de su muerte, se les olvida colocándolos en residencias y hospitales… Y luego, para purificar la esfera de los vivos del espectro de la muerte, los restos de los muertos no son devueltos a la comunidad para entrar en una nueva fase de pertenencia a ella, sino que son aún más descartados dejándolos fuera del campo de los vivos”.
 
Saad afirma que enterrar a los muertos mejora la salud psicológica de la comunidad de los vivos. Sin memoriales visibles, perdemos el sentido de la historia. “Los vivos se creen así desvinculados de todas las generaciones que les precedieron, y por tanto tienen un menor sentido de la existencia (continua en el espacio y en el tiempo) de sus propias vidas, de quienes se fueron antes que ellos, y de quienes vendrán”.
 
Y concluye: “Enterrar los cuerpos es tratarlos en una forma antropológica, personal e intuitivamente mejor, y supone entregar en depósito a la comunidad una rica memoria. Permite que la muerte esté entre nosotros, pero a una cierta distancia, permitiéndonos aprender de ella todo lo que debemos, y vivir bien teniéndola presente. La muerte debe ser didáctica en esta forma”.

Publicado en Bio Edge.
Traducción de Carmelo López-Arias.