Sin duda hemos visto escrito muchas veces este lema con sus iniciales: A.M.D.G.=Ad maiorem Dei gloriam. Pero, ¿qué significa?
 
El lema tiene su origen en San Ignacio de Loyola, cuyos principios, motivaciones y métodos de santificación, experimentados por él mismo, son el alma (principio vivificador y unificador) no sólo de la Compañía de Jesús, sino también de las asociaciones que participan de su espíritu.
 
«A mayor gloria divina», «a la mayor gloria de Dios» son equivalentes a otra fórmula frecuente en San Ignacio: «Al mayor servicio divino». En San Ignacio la gloria divina se identifica con «la salvación de las almas» a la cual se dirige el que se pone al «servicio divino».
 
«El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y mediante esto salvar su alma» (Ejercicios espirituales 21). Esta frase es el pórtico de la experiencia espiritual que Ignacio propone en sus Ejercicios. Sirve para comprender esencialmente el planteamiento de Ignacio, no sólo en los ejercicios espirituales, sino también como lema de su vida y de su obra, la Compañía de Jesús. Esa frase es principio, es decir, inicio y elemento nuclear rector de toda la experiencia espiritual ulterior, y fundamento, es decir, base o cimiento de todo el edificio espiritual que se irá construyendo a continuación.
 
La gloria divina es la manifestación y comunicación de la bondad de Dios a las criaturas a las que, por pura, libre y gratuita generosidad quiere hacer partícipes de su ser. Vivir para la gloria divina no es darle a Dios algo añadido, como si pudiera adquirir nuevas perfecciones, sino vivir reconociendo la presencia y fuerza de su amor salvífico. Es vivir a Dios en toda su riqueza y profundidad. Es vivir todo lo demás desde Él, sabiendo que fuera de Él nada tiene sentido. Es vivir la vida recibida desplegando lo recibido, el amor de Dios.   
 
Esa vida se traduce en servicio divino, es decir, en ofrecimiento permanente de la persona para cumplir la voluntad de Dios. Es vivir en relación con Él y con su creación realizando el agrado continuo de su Señor, amándolo. «Su seguro servidor» era la expresión final en cartas de la época y se utilizaba para expresar la voluntad del firmante de querer agradar en todo al amigo interlocutor.
 
Añadir, por último, que la palabra «mayor» (gloria) se comprende desde la dinámica ignaciana del magis, expresión enfática y frecuentemente sembrada en las páginas y vida de Ignacio. «En todo», «enteramente», «señalarse», «crecer», «ir adelante» son expresiones ignacianas sinónimas de magis: un más o máximo que nunca dice ¡basta! Un más que no es cuantitativo, sino cualitativo, entendido como entrega total y sin reserva de la persona en cada instante de su vida.

Para ampliar tu conocimiento de la vida y espiritualidad de San Ignacio, puedes leer el último libro del autor del artículo: El peregrino de Loyola.