Estos días he hecho una miniencuesta a algunas personas sobre qué palabras asocian con la palabra “madre”. Las favoritas han sido las palabras amor y vida.
 
El motivo de esta curiosidad es que hace unos días, el 11 de febrero concretamente, ReL publicaba que la Asociación Médica Británica, en la línea de la ideología de género, decía en una guía a sus médicos asociados que no era apropiado llamar madres a las personas embarazadas, porque ello podía herir la sensibilidad de las personas que habían dado a luz y no se sentían mujeres. Cuando leí la noticia me pareció que era de una idiotez mayúscula, pero luego me puse a pensar si de lo que se trata es de una simple idiotez o de algo mucho más grave.
 
En efecto, en su documento La verdad del amor humano, de 26 de abril del 2012, nuestra Conferencia Episcopal denuncia:

“58. Conocidos son los caminos que han llevado a la difusión de esta manera de pensar. Uno de las más importantes ha sido la manipulación del lenguaje. Se ha propagado un modo de hablar que enmascara algunas de las verdades básicas de las relaciones humanas… De esos intentos de deformación lingüística forman parte… el uso del vocablo ‘progenitores’ en lugar de los de ‘padre’ y ‘madre’”.

“109. En España, la legislación actualmente vigente ha ido aún más allá. La Ley de 1 de julio de 2005, que modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, ha redefinido la figura jurídica del matrimonio... De esa manera se establece una ‘insólita definición legal del matrimonio con exclusión de toda referencia a la diferencia entre el varón y la mujer’. Es muy significativa al respecto la terminología del texto legal. Desaparecen los términos ‘marido’ y ‘mujer’, ‘esposo’ y ‘esposa’, ‘padre’ y ‘madre’. De este modo, los españoles han perdido el derecho de ser reconocidos expresamente por la ley como ‘esposo’ o ‘esposa’ y han de inscribirse en el Registro Civil como ‘cónyuge A’ o ‘cónyuge B’”. (Y los padres han de inscribirse en el Registro como progenitor A y progenitor B.)
 
Alison Jagger, autora de libros de texto que defienden la ideología de género, expresa claramente la hostilidad de las feministas de género frente a la familia. “El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual”. Para S. Firestone, “el fin del tabú del incesto y la abolición de la familia tendrá como efecto la liberación sexual”.
 
Y es que la “ideología del género” quiere terminar con la opresión de la mujer por el hombre, considerando al matrimonio monógamo como la principal expresión de esta dominación, ya que en esta ideología se considera a la mujer como un ser oprimido. La lucha de clases propia del marxismo pasa a ser ahora lucha de sexos, siendo el varón el opresor y la mujer la oprimida. La ideología de género concibe la pareja humana como un ámbito de conflicto, en el que la relación entre los sexos no se basa en el amor, sino en la lucha permanente. La sexualidad es una relación de poder y el matrimonio y la familia son dos modos de violencia permanente contra la mujer y por tanto instituciones a combatir.
 
Para lograrlo se pretende eliminar la idea de que los seres humanos se dividen en dos sexos y se defiende la libre elección en las cuestiones relativas a la reproducción y al estilo de vida. La mujer no debe tener relaciones socialmente legitimadas como el matrimonio, sino que debe ser autosuficiente y evitar establecer dependencias exclusivas. En esta concepción se concibe al ser humano de un modo puramente individualista. Se ha amalgamado, además, la idea de liberación con la del feminismo, estando la sexualidad al servicio del placer. El ser humano tiene que hacerse a sí mismo según lo que él quiera, sólo de ese modo será libre y estará liberado. En pocas palabras, cualquier forma de sexualidad es buena, menos la matrimonial. La figura de la madre en la familia supone por tanto una sumisión y represión sexual que no debe existir, siendo necesario liberar a la mujer por medio de los anticonceptivos y del aborto. La reproducción de la especie puede hacerse por medio de relaciones sexuales esporádicas que no impliquen sumisión al varón y por las técnicas de reproducción artificial.
 
Y ahora volvamos a las palabras del principio: amor y vida. “Dios es Amor” (1 Jn 4,8) y el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gén 1,26). Por tanto nos realizamos como personas si amamos. Ahora bien, creo que la inmensa mayoría de nosotros piensa que seguramente al amor humano más bonito es el de una madre hacia su hijo, lo que precisamente intenta desmontar la ideología de género.
 
Cristo dice de sí mismo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida” (Jn 14,6). En cambio la ideología de género pretende hacer del aborto un derecho, mientras que la madre que cae en esta trampa ve en muchísimos casos arruinada su vida con el síndrome postaborto, mientras por el contrario las madres que logran formar una familia cristiana y que tienen sus hijos como consecuencia del amor conyugal llenan de sentido sus vidas y les espera además la recompensa eterna.
 
Pero uno no puede terminar sin preguntarse: ¿en este rechazo de la palabra “madre”, no hay algo diabólico?