Tras las elecciones del domingo y mientras muchos, incluidos los partidos políticos, intentan reflexionar sobre lo sucedido, intento también hacerlo desde mi doble condición de ciudadano español y sacerdote católico.

La vida me ha ido enseñando que desde luego vale la pena fiarte de Jesucristo y de su Iglesia, es decir de su Magisterio. Y en este tema de la política, hay un texto de la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI, que me parece muy acertado.

Dice así: "Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado”.

Creo que vale la pena que nos detengamos un poco en cada uno de estos valores fundamentales.

"El respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural”. Siempre me ha intrigado que los nazilaicistas (luego veremos por qué les llamo nazilaicistas) arremetan, con razón, contra la pena de muerte, pero se queden tan tranquilos ante el asesinato de inocentes, sea antes del nacimiento, con el aborto, sea al final de la vida con la eutanasia. Los avances científicos médicos van todos en la misma dirección de reconocer que el embrión y el feto son seres humanos, y cada vez son más los científicos que afirman que existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Algunos de estos avances son claros hasta para un profano en la materia: muchos padres y abuelos llevan en sus móviles la foto de la ecografía de sus hijos y nietos a los que les falta todavía bastante para nacer. En cuanto a la eutanasia es, en sentido propio, toda acción u omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte con el fin de eliminar cualquier dolor, y constituye siempre un homicidio, gravemente contrario a la Ley de Dios, sin contar que en los lugares donde se permite, se están llevando a cabo múltiples asesinatos, especialmente de ancianos por lo que muchos de ellos no quieren ir a un hospital.

“La familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer”. Aunque la ideología de género diga otra cosa, es indudable que la familia estable y monogámica es el lugar ideal para la crianza y educación de los hijos. Es indudable también que la ideología de género con su intento de basar la relación sexual en la lucha de sexos, en la corrupción de menores y en la sexualidad al servicio del placer y de los más bajos instintos es un ataque directo contra el sentido común.

“La libertad de educación de los hijos”. En el Alfa y Omega del 17 de diciembre hay un buen artículo de Teófilo González Vila sobre “Educación y Libertad”. En él nos recuerda que hay un fundamental pacto educativo en la Constitución en cuanto que ésta garantiza la libertad ideológica, religiosa (art. 16.1) y educativa (art. 27.1). No hay verdadera democracia sin libertad y no hay libertad si no la hay en educación. No nos extrañe por ello que los laicistas, que defienden que es el Estado y no los padres quienes deben educar a los hijos, y niegan también la libertad de crear centros docentes coincidan con los nazis alemanes no sólo en el aborto y la eutanasia sino también en cuestiones educativas.

“La promoción del bien común en todas sus formas”. El bien común es "la suma de aquellas condiciones de la vida social mediante las cuales los hombres pueden conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfección y consiste primordialmente en el respeto a los derechos y deberes de la persona humana"(Concilio Vaticano II, Dignitatis Humanae nº 6). "Supone en primer lugar el respeto a la persona en cuanto tal" (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1907), con especial atención a la protección y promoción de los más débiles y marginados. "En segundo lugar el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo"(CEC 1908); e implica finalmente la paz y la seguridad del grupo y de sus miembros (cf. CEC 1909). Como el legislador debe proceder buscando el bien común, ello significa que no puede proceder a su antojo y provecho. El bien común que trata de conseguir el Estado y por tanto los políticos con sus leyes es el bien común temporal.