Veo en la cancela de mi parroquia grandes cartelones con las cuentas de Cáritas Madrid. Supongo que en las demás diócesis se habrá hecho algo parecido. Pero una sola diócesis no permite hacerse una idea cabal del alcance de la extraordinaria obra de asistencia a los necesitados que lleva a cabo Cáritas.

La fecha escogida para hacer públicas estas cuentas parece la indicada, en vísperas del Día de la Caridad, antaño Día Nacional de Caridad, pero eso de “nacional” parece que ya no se estila, así que se borra del cartel y todos tan contentos. Bueno, todos tal vez no y con razón.

Observo en las cuentas muchos números, muchas partidas de gastos en beneficio de las personas más necesitadas. Un total de 30,2 millones de euros en 2014, que no sé si es mucho o es poco porque falta comparativas con otros años o una visión de conjunto “estatal” (nada de nacional).

Veo también que el grueso de los ingresos, nada menos que el 81,48%, está formado por “aportaciones personales”, pero las colectas de las jornadas dedicadas a Cáritas sólo contribuyen con poco más de dos millones de euros. ¿Tan pocos ingresos generan las colectas? Por otro lado, ¿la Iglesia institución no contribuye en nada? No localizo ningún epígrafe en este sentido. Me hago un pequeño lío.

Ya sé que pedir aclaraciones en cuestiones de dinero al mundo eclesiástico y adyacentes como Cáritas o Manos Unidas no parece ser de buen gusto, sin embargo creo que facilitar algún dato más no estaría de sobra. Por ejemplo, ofrecer un cuadro resumen de todas las diócesis españolas.

Otro dato que acrecentaría el buen nombre de Cáritas sería conocer si las cuentas en cuestión han sido auditadas por alguna entidad o empresa independiente que garantice la correcta aplicación de los ingresos. “La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”.

Tampoco estaría de más conocer con algún detalle no sólo el número de voluntarios, que debe ser importante, además entregados y afanosos, dignos de admiración, por lo que veo en mi parroquia, sino el número de personal retribuido y el salario medio que perciben. En mi época de vocal del Consejo nacional, sí, nacional, de Cáritas, que presidía Francisco Guijarro Arrizabalaga –un gran cristiano- estos datos eran conocidos. Francisco Guijarro, propagandista, delegado provincial de Hacienda de Madrid, fue el impulsor de la potente estructura que Cáritas tiene ahora. De los chiringuitos diocesanos, cada uno a su aire, se pasó a una organización de ámbito nacional, gestionada con racionalidad empresarial. Al menos entonces, no sé cómo será ahora.

Teníamos de consiliario o delegado episcopal a Ramón Echarren, luego obispo auxiliar de Madrid y finalmente obispo progre de Canarias, con cátedra en Las Palmas de Gran Canaria, que solía chivar a sus amiguitos de El País las deliberaciones y acuerdos de los plenos de la Conferencia Episcopal, aunque no era el único. Las debilidades de los mitrados de ideas “avanzadas”. Y aquí me quedo, que estoy hablando de las cuentas de Cáritas y no quiero pasarme de la raya.