El 10 de Enero del 2014, el periódico ABC ha dedicado su Tercera, es decir su página de más prestigio, a un artículo titulado “Sepulcros blanqueados” del prestigioso jurista don Antonio Garrigues Walker. Cita una serie de frases del Papa, pero creo no hay que olvidar que ya en la famosa entrevista volviendo de la JMJ de Río, el Papa aclara que su postura en los temas conflictivos es: “la de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia”, y de hecho se ha pronunciado entre otras cosas sobre el sacerdocio femenino, de la que nos dijo que era una cuestión cerrada ya desde Juan Pablo II, y el aborto, claramente rechazado en los números 213 y 214 de la Evangelii Gaudium, como no podía ser de otra manera, porque la Iglesia no es una organización criminal.

Pero volviendo al artículo, encontramos en él lo siguiente: “Si sigue en su línea de pensamiento, hay que dar por seguro que Francisco va a ser el Papa que ponga en marcha un ecumenismo auténtico en su raíz, capaz de superar los encerramientos dogmáticos tradicionales que reforzó el Papa Ratzinger, afirmando que la Iglesia Católica ‘es la única verdadera’ y que había que oponerse con firmeza ‘a una mentalidad relativista que termina por pensar que una religión es tan buena como las otras’, añadiendo como remate que ‘si bien es cierto que los no cristianos pueden recibir la gracia divina, también es cierto que objetivamente se hallan en una situación deficitaria si se compara con la de aquéllos que en la Iglesia tienen la plenitud de los medios salvíficos’; o en otras palabras, que los cristianos tienen de hecho más y mejores posibilidades de alcanzar el Reino de Dios que aquéllos que no lo son, es decir más del 65 por ciento de la Humanidad. El nuevo ecumenismo requiere -como base esencial- que ninguna religión se proclame como la única verdadera. Para ser verdadera no es necesario que las demás sean falsas. Todas las religiones son igualmente verdaderas, y es esta realidad lo que debe permitir un respeto recíproco y un diálogo natural que conduzca a un hermanamiento y a una acción conjunta”.

Leyendo estas líneas está claro que el autor no es católico, ni siquiera cristiano. La base del Cristianismo es que Dios se ha hecho Hombre, y ese Hombre es Jesucristo, verdadero Dios y Hombre, que vino a este mundo para salvarnos. Jesucristo es “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6), así como “Luz Verdadera” (Jn 1,9), y por tanto seguirle o no seguirle no es indiferente en nuestra realización y salvación personal. Garrigues, él sí encerrado en “una mentalidad relativista que termina por pensar que una religión es tan buena como las otras”, tiene que dar por buena la frase de Zapatero: “la libertad os hará verdaderos”, y no como dice el evangelio “la verdad os hará libres” (Jn 8,32). El relativismo se basa en la no aceptación de la Verdad absoluta, que no existe o es inalcanzable, por lo menos a nivel objetivo, porque cada uno puede tener su verdad, distinta de la verdad del otro.

El que todas las religiones sean iguales, es decir poner en el mismo plano a católicos, musulmanes y aztecas, me parece una idiotez, aunque me permita escoger la que me da la gana, a seguir mis pasiones e instintos, sin certezas ni certidumbres, pues carezco de certidumbres morales que me sirvan de referente y guía, porque si no hay una Verdad objetiva el Bien y el Mal son intercambiables y soy yo quien decide lo que está bien y lo que está mal. En cambio el Ecumenismo Católico busca reconstruir, como dice el último Concilio, la unidad de los cristianos en una fidelidad cada vez mayor a Cristo a fin de realizar el “que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21).

Por ello también pensamos, siguiendo a Jesucristo, que es a través de la verdad como alcanzamos en todos los ámbitos de la vida, la auténtica libertad, una libertad que tiene tanto derechos como obligaciones, una libertad basada en el compromiso y la responsabilidad, y no en el egoísmo individual o colectivo, una libertad que cree en la democracia, pero que considera ésta con el fundamento, más que de la opinión mayoritaria, en el respeto hacia todo ser humano y su común dignidad intrínseca.

Desde que leí ese artículo, no he podido por menos de pensar que saber de Derecho, no significa ni mucho menos saber de Religión o de Teología. Y es que para escribir sobre algo hay que saber algo sobre lo que se escribe, y es que si no, uno se expone a hacer el ridículo.