Religión en Libertad publicó el jueves último un amplio y documentado informe titulado “¿Qué le pasaría a la fe si Cataluña se independizase?”. En él se detalla la creciente secularización del Principado, camino de convertirse dentro de pocos años en un páramo religioso. No obstante Cataluña fue siempre, desde los más remotos tiempos en que ni siquiera se llamaba de ese modo, una región fértil en santos, mártires, fundadores y un profundo humus religioso, hasta fechas bien recientes. Podríamos decir que hasta mediados del siglo XX. O más exactamente hasta la conclusión del Concilio Vaticano II, y no por causa del Concilio, sino por la desbandada clerical que produjo el “olvido” conciliar de aceptar el celibato opcional al modo protestante.

Si primero fue la fuga masiva de clérigos y no pocas monjas, así como la desertización de seminarios y noviciados, a renglón seguido vino la marxistización de numerosos conventos y centros religiosos, en particular de jesuitas y capuchinos sobre todo en Cataluña, fenómeno extendido a toda España y a Iberoamérica con la Teología de la Liberación.

No se había extinguido todavía el impulso marxista en el interior de la Iglesia, cuando tomó el relevo del acoso laicista la masonería, al menos en España y una vez más en Cataluña, actualmente muy influyente en esa comunidad autónoma.

De las aproximadamente 180 logias que “trabajan” en España, algo más de una treintena lo hacen en Cataluña, mayormente en Barcelona, la ciudad más masonizada de nuestro país. En Barcelona también están las sedes “centrales”, si puede decirse así, de las dos principales obediencias españolas: la Gran Logia de España, en la Gran Vía de las Cortes Catalanas, número 617, con 137 logias federadas que dice agrupar al 70 por ciento de los masones españoles o extranjeros residentes aquí, dato que debe ser cierto a juzgar por el número de logias que reúne, perfectamente identificadas y localizadas.

Luego está, ya muy distanciada de la anterior, pero a su vez muy superior a la media docena de obediencias que vienen a continuación, la Gran Logia Simbólica Española, nacida de una escisión del Gran Oriente Español, que a su vez, en el 2001, se integró en la Gran Logia de España, de manera que el histórico Gran Oriente ha desaparecido del mapa operativo, aunque la Gran Logia de España retiene a efectos legales, la marca del otrora su gran rival.

La sede de la “Simbólica” se halla en la calle Aviñó, 27, de Barcelona, que hasta la guerra civil tuvo su sede la Gran Logia Regional del Nordeste de España, dependiente del Gran Oriente Español. La “Simbólica dice tener 50 talleres en toda España, en los que “trabajan” unos 700 masones. Yo he localizado solamente 25, debidamente identificados. Personalmente la llamo la “mexicana”, porque se creó tras la muerte de Franco, cuando regresaron de México los masones exiliados en el país azteca que afirmaban tener la legitimidad del sello del antiguo Gran Oriente español, aunque legalmente se anticipó en registrar el nombre José Antonio Villar Massó, viejo falangista pero a la sazón gran maestre del Gran Oriente apoyado por los masones españoles exiliados en Francia.

La poderosa influencia de la masonería en Cataluña se comprueba observando su gran penetración en los partidos de izquierda, especialmente en Esquerra Republicana, masonizado desde sus mismos orígenes, o sea, de los tiempos del teniente coronel Maciá y su continuador Companys. Eso aclara su radicalismo laicista, que compagina con sus combativas aspiraciones separatistas.
 
También está muy influido por el tic antireligioso, el PSC, lo que hace sospechar la presencia de numerosos masones en sus estructuras de dirección. El anterior gran maestre de la Gran Logia de España, el médico Josep Corominas Busqueta, fue diputado en las Cortes Española por el PSC.

Iniciativa, también muy laicista, sigue más bien la línea de su ancestro comunista el viejo PSUC.

También debe de haber masones en Convergencia, dado su radicalismo independentista, ya que ahora “soberanismo” y masonería perecen ir de la mano De no ser así, resultaría difícil de explicar la excelente acogida a los convergentes de un periódico tan significado como el “The New York Times”. Entonces, ¿está también trufado de masones Unión Democrática de Cataluña, partido originariamente democristiano? No creo, porque en la práctica “Unió” no pasa de ser un peón de brega de Convergencia y la imagen amable del catalanismo estridente en el Parlamente español.

El que sí parece que no tiene ninguna penetración masónica en sus estructuras es el PPC, aunque yo no pondría la mano en el fuego, por si acaso. Con este panorama a la vista, ¿puede extrañar a nadie que la práctica religiosa en Cataluña vaya de mal en peor? ¿Se enteran los obispos de las diócesis catalanas de donde parten los tiros que matan la fe en Cataluña? ¿Se enteran los pastores de las restantes diócesis españolas? Mucho me temo que no, que ni siquiera están bien informados del movimiento corrosivo que tan directamente nos afecta. Luego vendrá el llanto y el rechinar de dientes, como ya se advierte en Cataluña.