Ha pasado el vendaval sindicalero de la huelga general del día 29 de septiembre. Bueno, más que un vendaval, no fue más que un bufido verbal de no haber actuado en algunas fábricas y transportes públicos, los energúmenos violentos de los piquetes “informativos”. Es lógico que la huelga terminara siendo un semi fracaso, una charlotada al modo del Bombero Torero, oficiada por unos sindicatos sin prestigio, sin afiliados y sin futuro. El sindicato de “clase”, generalista, marxistoide, brazo “armado” de los partidos de izquierda, amamantado por las ubres del Estado, es un modelo desfasado, arcaico, que, como los dinosaurios, se halla en vías de extinción, les guste o no los vividores de ese cuento. El futuro del sindicalismo, lo que reste de él, pasa por los sindicatos particulares de las grandes empresas o de sectores muy concretos, en cuyo ámbito se negocian las condiciones laborales y salariales sin que metan la mano –o la pata- los profesionales del rollo sindical.
 
En el mundo sindicalero actual todo es ficticio, todo falso, todo decrépito, pasado de moda. Como lo era en la Central Nacional-Sindicalista de Girón, según el modelo corporativo del Fascio italiano, o la posterior Organización Sindical de Solís que quería heredar en bloque Marcelino Camacho al servicio del PC. ¡Ay Marcelino, que mal te lo han pagado estos mafiosos de ahora! Es falso porque no representan a nadie; únicamente a los intereses particulares de las camarillas dirigentes y las bandas de liberados. No son en absoluto democráticos, es decir, que no han sido elegidos por el “mundo obrero” al que dicen representar, sino por ellos mismos, en un ejercicio endogámico de cooptación entre los iguales, además de hecho con carácter vitalicio, Dios mediante. Ejercen un poder desproporcionado que nadie les ha concedido, pero que se arrogan, hasta el punto que se cabrean, por ejemplo, si doña Salgado no les consulta los PGEs, o sea, los Presupuestos Generales del Estado, ¡antes de verlos y aprobarlos el Consejo de Ministros! Pero, ¿quién puñetas se creen que son estos sindicatos del régimen? Porque se trata únicamente de los dos sindicatos afectos al Gobierno, a los que muchos plumillas llaman alegremente “mayoritarios”, aunque habría que preguntar en qué sectores lo son, o en todo caso, en qué norma legal se basa el poder político para aceptar únicamente la representación de sus afines y rechazar o negar la de los demás.
 
Lo dicho, todo falso, todo mentira, hasta el nombre que se atribuyen los piquetes violentos, haciéndose llamar “informativos”, como si los trabajadores, funcionarios, autónomos, comerciantes, empresarios, etc. fueran analfabetos, que no se enterasen de nada, que no supieran leer la prensa para enterarse de lo que va el negocio, ni bucear en internet, ni siquiera oir la radio o verla televisión, es decir, una panda de estúpidos integrales que necesitan que vayan a “informarles” de aquel modo los “ilustrados” de la porra y el barrote de hierro. Estos sindicatos mafiosos me recuerdan a los sindicatos gansteriles de Estados Unidos. En alguna ocasión he recordado en estas páginas la extraordinaria película “El salario del miedo”. Puedo añadir las actividades delictivas de Jimmy Hoffa, el capo del poderoso sindicato de camioneros de los USA, a mi entender, el verdadero promotor del asesinato de John Kennedy y su hermano Robert, en una “vendeta” por la traición de los Kennedy a las mafias sindicales, cuyo apoyo fue decisivo para alzarse con la presidencia de EE.UU. Pero una vez subidos en el machito, estos señoritos de Boston que se hacían pasar por “católicos” se dedicaron a perseguir a los capos de los sindicatos, a pesar de que, entre otros favores políticos y privados, proporcionaban al mayor de la saga irlandesa el suculento bocado erótico de la Marilyn, mujer tan explosiva como desdichada. Claro que más tarde, Hoffa desapareció misteriosamente de la faz de la Tierra el 30 de julio de 1975, sin dejar el menor rastro. Eso es lo que se llama “amor con amor se paga”. Aquí las cosas van tan lejos, que doña Sonsoles no lo consentiría, pero sin duda alguna ZP ganó las elecciones de 2004 con la inestimable ayuda de sindicaleros, moritos y la manipulación de la terrible matanza del 11-M. Todo muy mafioso.
 
Pienso, por tanto, que ha llegado ya la hora de parar los pies a estas mafias sindicales, a estos dirigentes mafiosos de cruceros de lujo y restaurantes de cinco tenedores o liberados que viven tan ricamente sin dar un palo al agua –que sí, que conozco directamente casos muy concretos- cuyo principal interés, si no resulta ser el único, es mantener su estatus personal, el enorme poder político que han acumulado y darse la buena vida. Sobre todo hay que evitar que una huelga de cuatro sindicalistas paren los servicios públicos vitales de una gran ciudad o, incluso, de todo el país. La huelga no puede ser un derecho absoluto, aunque figure en la Constitución, sino uno entre tantos de los que constan en los textos legales. Bien mirado, sólo el derecho a la vida tendría que tener carácter absoluto, inviolable, sagrado, en cambio, este Gobierno que nos mal gobierna, es el derecho que con más saña y contumacia viola, autorizando y hasta promoviendo la carnicería del aborto, el mayor atentado contra la vida de los tiempos actuales.