No entiendo el empeño de ciertos organismos de la ONU y no pocos gobiernos occidentales, entre ellos el español que ocupa una posición muy de vanguardia en esta cuestión, intentando corromper a la juventud. No entiendo, sobre todo, el beneficio que puedan obtener los patrocinadores de la descomposición moral de los jóvenes. Alguien, en estas mismas páginas, ha hablado de ganancias de la industria farmacéutica de preservativos y píldoras abortivas, así como los abortorios que se están extendiendo por el mundo entero. Menos, claro está, en los países musulmanes. Pero esa explicación se me antoja insuficiente, reducida a un aspecto meramente económico. Sería como matar moscas a cañonazos. De modo que tiene que haber un propósito de alcance mucho mayor, mucho más perverso orientado al dominio del mundo a través de la parte más vulnerable del individuo, especialmente de los jóvenes.
 
Algo así ya lo intentaron los promotores de la revolución sexual del “sesenta y ocho”, que en España empezó hacia los setenta de la mano de las células comunistas de la Universidad. Aquella marea diseñada por los ideólogos marxistas de la Escuela de Frankfurt (Marcuse, Adorno, Habermas, etc.), tenía un objetivo claro: separar, enfrentar a los alumnos con padres y maestros, que a juicio de aquellos representaban la autoridad –familiar y docente- la tradición, la moral religiosa judeo-cristiana propia de occidente, la ética burguesa que alienaba a los jóvenes. El fundador del Partido Comunista italiano, Antonio Gramsci, ya había descubierto que la batalla por el dominio de la clase obrera estaba perdida. Los peones de brega, la infantería del movimiento comunista mundial, en cuanto alcanzaron empleos más cómodos y mejor remunerados al socaire de las modernas industrias, un pisito en propiedad, automóvil utilitario propio y empezaron a mandar sus hijos a la Universidad, hicieron como el del chiste: “Pepe, bórrame del Partido que me ha tocado la lotería”.
 
En ese ínterin, los filósofos o sociólogos de Frankfurt, llegaron a la conclusión que la mejor manera de romper la línea tradicional de trasmisión de valores “burgueses” que estaban impregnando todos los estratos sociales, era apelar a la “liberación” sexual, a la ruptura generacional, a la línea de defensa más débil del comportamiento humano. Y así empezó el cambio en California, alambique de grandes cambios, en lo moral siempre a peor, donde ejercía la docencia Macuse, precursor o ariete del modelo hedonista que iba a extenderse por todo el mundo occidental: sexo, droga y rock and roll. La juventud registró una gran descomposición, la sociedad perdió las amarras y la religión, con sacerdotes y religiosos incluidos, pagaron su cuota al nuevo paradigma del “todo vale”.
 
¿Estamos ante una reedición o continuación de aquel modelo perverso, corrompido y corruptor? Podría sospecharse que así es. En buena medida, los revoltosos de entonces son maestros ahora. Extrañamente, o quizás de forma no tan extraña, muchos de ellos terminaron en la enseñanza, y desde sus cátedras y pizarras, imparten teorías y doctrinas realmente aberrantes, adulterando y envenenando todos los productos educativos. Pero tampoco a mi modo de ver es una explicación completa del nuevo orden de cosas. La “educación” de nuestros días, incluida la que dirige esa boba de buena presencia llamada Lucía Figar, en la Comunidad de Madrid, navega, ciertamente, a la deriva, dominada por los hijos del sesenta y ocho. Pero el fenómeno desborda con mucho el ámbito de las aulas. Cuando alcanza a los grandes organismos de la ONU, sería un tanto ridículo reducirlo a los estrechos márgenes de la enseñanza, aunque aporte su granito de arena. Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero. Entonces, ¿a qué se debe tanta y tan poderosa gente enfangada en propósitos tan abyectos y perversos? ¿Qué quieren: el descreimiento total de la juventud a través del sexo a escape libre? ¿Qué buscan: repetir la experiencia soviética de ateísmo radical? ¿Qué pretenden: el dominio del mundo a través de medios tan ruines y perversos? ¿Qué esperan dominar: una sociedad corrompida y miserable? Repito, no lo entiendo. Me gustaría que alguien me lo explicara, no con intuiciones o suposiciones, sino con algún conocimiento de causa y cierta documentación. Las explicaciones tremendistas o partidistas en función de intereses políticos, no ayudan a clarificar las cosas. Lo que ahora necesitamos es mucha luz y no pocos taquígrafos, porque de lo contrario vendrá de verdad el lobo y acabará tragándonos a todos.