El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, clausuró este domingo el Encuentro de Laicos sobre el Primer Anuncio, que se ha celebrado este fin de semana en el salón de actos de la Fundación Pablo VI, congregando a más de setecientos participantes seglares y un buen número de obispos.

El evento, en palabras de los organizadores, se ha caracterizado por "la alegría y el ambiente festivo", al que ha contribuido la presencia de música cristiana.

La ponencia final: la misión del Kerygma

Las conclusiones quedaron recogidas en una ponencia final (descarga automática en Word), en la que se define el primer anuncio como "una acción fundamental, inherente al bautismo, que tiene por objeto proclamar el Kerigma y propiciar así un encuentro vivo con Jesucristo en aquellos que no lo conocen".

Todos los bautizados han de ver en ese primer anuncio "una prioridad", asumiendo "el coraje y la alegría de encarnar el Evangelio en medio de las realidades cotidianas donde cada uno de nosotros está presente". El anuncio debe hacerse de forma "personal, realizado con palabras pero siempre desde la cercanía, la amistad y el testimonio de vida, en lo cotidiano".

Una de las sesiones de trabajo del Encuentro, el sábado.

Además, la ponencia recuerda que esta misión de proclamar el Kerigma ayuda a "resituar" los demás itinerarios cristianos: "Acompañamiento (cercanía), procesos formativos (formación), presencia en la vida pública (testimonio)".

Cobo: sin impaciencias

En la homilía de la misa, el cardenal Cobo precisó aun más estos objetivos, proponiendo "la frescura del diálogo" en la forma de realizar la misión frente a la "tentación" de la "confrontación externa": "El diálogo amable es la medicina que puede ofrecer el evangelio a nuestro mundo, y nosotros somos sus testigos de misericordia y esperanza, no de oscuridad y condena".

Un momento de la homilía del cardenal Cobo.

Otras tentaciones que pueden acompañar la proclamación del Evangelio son la "impaciencia por recoger los frutos" ("no somos nosotros quienes dirigimos el proceso", recordó) o "el descarte de personas rechazadas o escondidas por nuestra sociedad".

La música estuvo muy presente en todo el Encuentro a modo de oración.

Apuntó asimismo algunos riesgos, como "cuando damos excesiva prioridad a la dimensión emocional, cuando descuidamos el acompañamiento personal o cuando nos encerramos en métodos, grupos o experiencias y olvidamos la dimensión eclesial o la misma misión".

La sal del envío

Concluida la misa, se procedió a un "gesto de envío", a cargo de Luis Manuel Romero, director del secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, quien entregó a cada uno de los participantes en el Encuentro una bolsita de sal para evocar de modo personal la llamada de Jesús: "Tú eres la sal de la tierra" (cfr. Mt 5, 13). También citó una aplicación de esa llamada, las palabras de San Pablo "¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9, 16).

El concurrido anfiteatro donde se celebró el Encuentro.

Este Encuentro ha formado parte de un proyecto global que ha puesto en marcha la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida  para dar continuidad al congreso de laicos Pueblo de Dios en Salida que se celebró en febrero de 2020, y para recoger las aportaciones del proceso sinodal en España.