Donatella está allí desde hace seis años, en una cama de hospital, sin moverse. La pequeña, que llegó a reanimación cuando tenía siete meses de vida, ha transformado en una casa el servicio de reanimación de la Casa de Curas Paliativas de San Giovanni Rotondo.

El jefe del servicio, Giuseppe Melchionda, nombrado tutor de la niña por el Juzgado de Menores de Bari, cuenta a tempi.it que «cuando la niña llegó con una grave insuficiencia respiratoria, enseguida supimos que necesitaría cuidados constantes. Sus padres la trajeron aquí y ya no han vuelto». El Papa Benedicto XVI prometió rezar por ella, cuando visitó el hospital en 2009.


La niña tiene el síndrome de Bruck, que produce malformaciones graves en los segmentos óseos, por esto el juez solicitó a la Casa de Cuidados Paliativos un tutor. El hospital se dirigió a Melchionda el cual aceptó inmediatamente. ¿Por qué? «¿Usted que habría hecho?» responde el médico de manera natural y continúa: «Todos tenemos mucho cariño a Donatella».

Melchionda explica que «desde el punto de vista clínico, me comporto con ella como hago con todos los otros pacientes, intento dar el máximo. Pero cuando conoces a Donatella es difícil no tratarla como a una hija. Además, aquí los pacientes vienen y van. Ella en cambio está siempre con nosotros, es un punto firme».

Alrededor de la niña se mueven los médicos, los enfermos y también el director general, que la visita siempre que puede. Pero quien le tiene un especial cariño es la Hna. Noemí, jefa de sala del servicio. «Pero – continúa el Dr. Melchionda – vienen también muchas personas de fuera del hospital». Donatella «no se mueve, pero hace mover el mundo. Está en una cama especial y come con una sonda peg (Gastrostomía Endoscópica Percutánea), pero es amada. Y nos cambia a todos».

«Una cadena de solidaridad», la define el jefe de servicio. «¿Cómo está la pequeña hoy? ¿Ha dormido? ¿Quién está con ella en la habitación? Más tarde voy», es lo que se oye decir en los pasillos de reanimación cuando se habla de la niña. «Hay un gran afecto y cercanía, todos la queremos mucho. Esto nos ha unido mucho, ha hecho que el servicio sea especial», convirtiéndose en una familia: «Ante Donatella las diferencias siguen existiendo, pero pasan a ser secundarias, disminuyen».


¿Nadie se pregunta qué sentido tiene una vida tan inerme? «Ya tenemos claro, conscientemente o no, que la fragilidad genera amor, caridad, lo que sirve para vivir y también para trabajar bien. Si la acogemos es preciosa, contrariamente a lo que dice quien no la conoce». Después, concluye «la necesidad continua que tiene Donatella nos obliga a no ser superficiales, a buscar un sentido todos los días».

(Traducción de Helena Faccia Serrano)