El pasado jueves la Asamblea Legislativa salvadoreña aprobó una medida que el presidente Mauricio Funes aún no ha sancionado, aunque parece dispuesto a hacerlo: la lectura obligatoria de la Biblia en las escuelas, todos los días, como instrumento para la formación en valores morales y para la disminución de la violencia. Y no se trataría de algo testimonial, sino de siete minutos dedicados a las Sagradas Escrituras. Los padres que no estén de acuerdo deberán comunicarlo por escrito.

Lo llamativo del caso es que la oposición a esta medida viene de la Iglesia. El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, dio a conocer este domingo un comunicado oficial para explicar las razones de esta aparente e insólita paradoja.

Aparente e insólita... porque la propuesta tiene sus peros, que desgrana monseñor Escobar con claridad.

La medida, afirma, «provocará la lucha entre religiones, y esta también es otra clase de violencia». Y es que, aunque la confesión mayoritaria es la católica, con un 83% de la población, hay una importante proporción de evangélicos y también de grupos indigenistas.

Además el primado salvadoreño apunta tres argumentos: uno, que «la escucha de la Palabra de Dios exige un ambiente de fe, el cual no existe en la escuela pública. La lectura de la Palabra divina hecha por obligación y sin fe es una falta de respeto a Dios y no produce fruto bueno»; dos, y principal para la Iglesia Católica, que «la Palabra de Dios exige explicación. Su lectura debe ser bien entendida», y sin embargo el decreto aprobado excluye expresamente que haya una explicación posterior a la lectura; y tres, que «no es competencia del Estado educar en la fe a los niños. Es competencia de sus propios padres; y es un derecho inalienable de estos de educar a sus hijos en la fe».

Mauricio Funes fue elegido presidente en las elecciones de 2009 como candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Una de sus primeras medidas fue restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, y se puso de parte de Manuel Zelaya en la crisis institucional de Honduras en junio de ese año. Pero el temor de que El Salvador se convirtiera en una apéndice de Venezuela ha ido matizándose luego al negarse a la Alianza Bolivariana (ALBA).

Funes no cuenta en la Asamblea con mayoría absoluta, y de hecho el decreto sobre la Biblia, una iniciativa del conservador Partido de Conciliación Nacional, fue aprobado con el voto en contra del FMLN. 

La Iglesia salvadoreña se ha visto así en una situación incómoda en la que, más allá de los intereses políticos en juego y de la «buena voluntad» que monseñor Escobar reconoce a los diputados impulsores de la iniciativa, ha salido a defender que «la Palabra de Dios no debe ser parte del juego político partidista. No debe estar sujeta a compromisos de partidos y grupos religiosos».