En Bolonia (Italia) se ha inagurado el Foro Interreligioso G20 (InterFaith G20), al que el Papa Francisco dirigió un mensaje por escrito antes de viajar a Hungría y Eslovaquia. Durante 3 días se reúnen en la ciudad 370 líderes religiosos, políticos, científicos y figuras de la cultura provenientes de 70 países, que en 32 sesiones de trabajo intercambiarán ideas sobre religión, desarrollo y convivencia.

Sin embargo, hay casos que demuestran que países con graves problemas de convivencia pueden enviar delegados a estas cumbres y ocultar los abusos y peligros reales, con discursos beatíficos. Muchos cristianos de Sri Lanka señalan que así ha sucedido con la presencia y discursos del primer ministro Mahinda Rajapaksa.

El político presentó un país idílico sin mencionar los terribles atentados en Sri Lanka contra iglesias de la Pascua de 2019 (258 muertos, más de 500 heridos) y el auge de grupos supremacistas budistas, intolerantes y agresivos contra las minorías musulmanas, hindúes y cristianas.

En Sri Lanka los budistas son aproximadamente el 70% de la población; los hindúes son un 15%, los musulmanes un 11% y los cristianos un 7% (de ellos, 8 de cada 10 son católicos).

Mahinda Rajapaksa es primer ministro por designación en 2019 de su hermano Goyabaya, actual presidente del país. El discurso de Rajapaksa (aquí en inglés) tenía un título hermoso: "Tiempo para curar: paz entre culturas, entendimiento entre religiones".

Pero cristianos ceilandeses residentes en Italia acudieron a su residencia con carteles en protesta por su ocultación de los graves problemas del país. Los carteles también se referían a los atentados de 2019: “¡Queremos la verdad! ¿Quién es el conspirador de los ataques?" Mientras el Gobierno defiende que serían terroristas islamistas, una investigación en el país apunta más bien a grupos ligados al extremismo budista.

El político silencia los atentados de Pascua

Aunque en su discurso el político reconoció que el extremismo es un problema global, no mencionó los ataques de Pascua de 2019 contra tres iglesias cristianas, y tampoco condenó los movimientos supremacistas budistas, que según una Comisión Nacional de Investigación instituida dos años después de los ataques, son responsables de la intolerancia religiosa en el país.

Escenas de los atentados de 2019 en Sri Lanka; primera se atribuyeron a islamistas, pero hoy las víctimas y una investigación detallada los atribuyen a extremistas budistas

Contra el extremismo, Rajapaksa ofreció esta única una propuesta: "a través de los planes de estudio, poner énfasis en lo que todas las religiones tienen en común, los puntos de consenso en vez de aquellos que reflejan las diferencias".

Herman Kumara, un activista citado por la agencia misionera AsiaNews protesta: "Mientras se habla de diversidad étnica y religiosa en la conferencia, lo que nuestro primer ministro hace en el país es lo contrario". Añade: "Ahora los discursos violentos van dirigidos contra los cristianos y contra el cardenal Malcolm Ranjith. Si realmente se desea la paz, hay que hacer algo contra los discursos de odio de los monjes budistas".

El sacerdote católica Rohan Silva, director del Centro para la Sociedad y la Religión, se sumó a las críticas: “Nuestro primer ministro habló bien de la necesidad de rechazar el extremismo en todas sus formas. Pero, lamentablemente, no dijo una sola palabra sobre las víctimas de los ataques de Pascua, que según el gobierno fueron perpetrados por grupos extremistas musulmanes".

El padre Silva le hace una pregunta a Rajapaksa: “¿Quiere confirmar nuestra sospecha de que fue el resultado de una 'conspiración?".

El informe sobre los atentados de 2019 recomienda prohibir los grupos budistas extremistas que fomentan la intolerancia contra las minorías, y así lo reclaman cristianos, hindúes y musulmanes, pero el Gobierno por el momento no parece dar ningún paso en esa dirección y acude a Bolonia a hacer discursos bonitos pero vacíos.