Los obispos de Myanmar (la antigua Birmania, donde los católicos son unos 750.000, menos del 1% de la población) han firmado una nota conjunta pidiendo que las autoridades no asalten ni dañen los templos ni a las personas que se refugian en ellos y que se respeten los corredores humanitarios para que los civiles puedan huir de los lugares asolados por la violencia. También convocan a la oración a los católicos.

Los obispos de Myanmar hicieron un nuevo llamamiento el 11 de junio, "como líderes de comunidades religiosas" y no como "políticos", tras un bombardeo del Ejército en la diócesis de Loikaw (estado de Kayah), que afectó a cuatro iglesias, causó varios muertos y empujó a miles de personas a refugiarse en los bosques, donde no tienen qué comer ni beber.

Desde hace varias semanas, en el estado de Kayah se suceden enfrentamientos entre el Ejército y los grupos armados de etnia karen. Los karen viven en las montañas de la frontera del este del país. Se calcula que son unos 3 millones y medio en Birmania y otros 400.000 en la vecina Tailandia, pero podrían ser muchos más porque no hay censos actualizados.

La población civil en la zona huye de los registros (o directamente ataques) del ejército y se refugia a menudo en templos, cristianos o de otras religiones.

La iglesia local denunia que aunque los líderes del ejército han prometido preservar los lugares de culto, en las últimas semanas atacaron cuatro iglesias: la de María Reina de la Paz, en Daw Ngan Kha, la de Kayan Thaya, la de San José en Demoso y la del Sagrado Corazón en Kayantharyar.

También se teme que la Junta militar actualmente gobernante impulse o equipe con armas a facciones de budistas fundamentalistas violentos (rechazados por las autoridades budistas oficiales) para utilizarlos contra las minorías.

Oración por Myanmar (sólo imágenes y música) del Servicio Jesuita a Refugiados en Asia

Este es el texto que han difundido los obispos de Myanmar:

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11 de Junio de 2021

A todo nuestro querido pueblo de Myanmar y a las demás partes interesadas, saludos de los obispos católicos de Myanmar.

Mientras nuestro país atraviesa tiempos difíciles, hacemos este llamamiento por motivos humanitarios. No somos políticos, somos líderes de comunidades religiosas que acompañan a nuestra gente en su camino hacia la dignidad humana.

1. Pedimos corredores humanitarios para ingresar a las zonas de conflicto: miles de nuestros habitantes, especialmente los ancianos y los niños, se están muriendo de hambre en la selva. La muerte de personas inocentes, por inanición, es la experiencia más desgarradora. Imploramos encarecidamente que se habiliten corredores humanitarios para llegar a las masas hambrientas dondequiera que estén. Son nuestros ciudadanos y tienen derechos esenciales: a la alimentación y la seguridad.

2. Respetar el derecho de asilo y la santidad de los lugares de oración: En el reciente conflicto, miles de personas buscaron resguardarse en las iglesias. Cuatro iglesias de Loikaw fueron atacadas y miles de personas huyeron a la selva. Por favor, respeten las normas internacionales de asilo en tiempos de guerra: las iglesias, pagodas, monasterios, mezquitas, templos, incluidas las escuelas y los hospitales, están reconocidos como lugares neutrales de refugio durante los conflictos. Pedimos que estos lugares no sean atacados y que se proteja a las personas que buscan refugio en ellos.

3. Hacemos un llamamiento a todas las diócesis católicas: nuestro destino está en manos de Dios. Dios debe cambiar los corazones de todos, para traer la paz a esta nación. Como nación hemos sufrido mucho y esto debe terminar. Que cada diócesis inicie un período de intensa oración, buscando la compasión en los corazones de todos y la paz para esta nación. A todas las diócesis, les pedimos:

a. ofrecer una misa diaria por la paz y la reconciliación del país;
b. después de la misa, rezar la oración que pone a disposición la Conferencia Episcopal;
c. hacer una hora de adoración cada día, solo o en grupo;
d. rezar el Rosario y pedir la protección maternal de María, Madre del Perpetuo Socorro.

4. Trabajar por una paz duradera: Este país ha estado en conflicto durante los últimos 70 años. Lo que queda son solo lágrimas y heridas de personas inocentes. A pesar de los recientes acontecimientos, como nación debemos dedicarnos a la paz. Nadie ha ganado nunca una guerra en este país. Es nuestro deber trabajar por la paz. Este país merece estar unido a la comunidad de las naciones, y dejar atrás su pasado, en la historia, dedicándose a la paz. La dignidad humana nos es dada por Dios y no hay violencia que pueda cancelar las aspiraciones del pueblo a la dignidad humana. Todo esto se puede ganar por medios pacíficos, como nos muestran las lecciones de la historia. La paz todavía es posible. La paz es el camino.

En solidaridad con el pueblo de Myanmar,

El Presidente y los Obispos de la Conferencia Episcopal de Myanmar.

Firman:

Cardenal Charles Bo, Presidente de la Arquidiócesis de Rangún.
John Mahn Hsane Hgyi, Vicepresidente, Diócesis de Pathein.
John Saw Yaw Han Secretario general, Obispo auxiliar de Rangún.
John Saw Gawdy, Suplente de la Diócesis de Taungngu.
Basilio Athai, Arquidiócesis de Taunggyi.
Marco Tin Win, Arquidiócesis de Mandalay.
Raymond Saw Po Ray, Diócesis de Mawlamyaing
Justine Saw Min Thide, Diócesis de Hpa-an.
Alexander Pyone Cho, Diócesis de Pyay.
Lucius Hre Kung, Diócesis de Hakha
Raymond Sumlut Gam, Diócesis de Bamaw
Lucas Dau Ze, Diócesis de Lashio
Noel Saw Naw Aye, Obispo auxiliar de Rangún