Cuando los cristianos de Telesqof volvieron a casa tras la derrota del Daesh, algunos encontraron sus hogares ocupados por sus vecinos musulmanes. Al mismo tiempo que intentan recuperarlas ante la justicia, estas familias intentan perdonar. Pero esto “no significa que no tengan miedo a que la situación se repita. El perdón tiene que ir de la mano de un cambio de mentalidad por parte de los musulmanes”. Lo explica el sacerdote Salar Kajo, su párroco, según señala la periodista María Martínez López en Alfa y Omega.
  
Solo medio año después de haber empezado el regreso a casa, el 24 de octubre pasado, los cristianos de Telesqof se enfrentaron de nuevo a la decisión de abandonar esta localidad iraquí. Había pasado un mes desde el referéndum de independencia del Kurdistán, y los peshmerga –fuerzas armadas kurdas– y el Ejército iraquí se disputaban en las afueras de la ciudad el control de parte de la llanura de Nínive.
 
El párroco caldeo, Salar Kajo, decidió no huir con el grueso de las familias. “Si nos marchábamos, a lo mejor no hubiéramos podido volver en años. Por eso unos jóvenes y yo decidimos quedarnos. Gracias a Dios, la cosa se tranquilizó y nuestro gesto ayudó a que la gente regresara solo una semana después”, ha contado a Alfa y Omega durante una visita a España, de la mano de Ayuda a la Iglesia Necesitada.
 
Telesqof tiene el valor simbólico de haber sido la primera localidad de la llanura de Nínive a la que volvieron los cristianos después de la expulsión del Daesh. Ya se han instalado allí 970 familias, y se han reconstruido 867 casas, el 67,37 % de las 1.287 que sufrieron daños. Todo ello, gracias a la labor del Comité para la Reconstrucción de Nínive. “Ya hay agua y electricidad, y estamos trabajando también para reconstruir los colegios y las tiendas. Hace casi tres meses reinauguramos la iglesia”, que había sufrido daños durante la ocupación del Daesh. Hay mucho que celebrar, y el padre Kajo prepara ya un festival para hacerlo después de Pascua.
 
Pero antes, durante la Cuaresma, el sacerdote está haciendo hincapié en el tema del perdón. “Es difícil, pero explico a la gente que la única forma de tener paz en el corazón es no aferrarnos a las experiencias malas y al sufrimiento”. Muchos de sus fieles ya lo han comprobado. “Dejaron sus casas por el nombre de Jesús, y durante los tres años que vivieron como desplazados han mantenido una fe fuerte. Ahora, como fruto de esa fe, están perdonando al Daesh; y también a los musulmanes que les robaron sus casas”.
 

Un perdón que no está reñido con la búsqueda de justicia. Cuando al llegar a Telesqof se encontraron las viviendas ocupadas por sus antiguos vecinos, el primer paso fue pedirles por las buenas que se las devolvieran. En los casos en los que esta gestión no dio fruto, recurrieron a la policía y los tribunales. “No es difícil que las recuperen. Basta demostrar que eran suyas”, explica Kajo. Por otro lado, “el hecho de que perdonen no significa que no tengan miedo a que la situación se repita. El perdón tiene que ir de la mano de un cambio de mentalidad por parte de los musulmanes”.
 
Otra prioridad del padre Kajo es lograr que su pequeño rebaño tenga perspectivas de futuro. Le preocupa sobre todo “que los jóvenes empiecen a trabajar, en lo que hacían antes o en proyectos creados con este propósito. Si no trabajan, es más fácil que piensen en salir del país”. Más aún cuando la estabilidad está lejos de estar garantizada. “La cuestión kurda nos sigue afectando. Por ejemplo, están cortadas las carreteras entre Nínive y el Kurdistán. Y, además, en mayo hay elecciones en todo el país. Mi labor es estar al lado de la gente, darles fuerza y tranquilizarles” ante tanta incertidumbre.