Este 26 de agosto fueron ordenados en una misma ceremonia cinco nuevos sacerdotes nativos en la catedral del Sagrado Corazón de la arquidiócesis de Lahore, en Pakistán. Hacía más de 20 años que no se ordenaban tantos: lo normal en estos años era ordenar uno o dos. A lo largo de este año 2016, se ordenarán 21 sacerdotes nuevos en un país grande, de 195 millones de habitantes, donde el 97% de la población es musulmana. Es un signo de crecimiento vocacional. 

Los católicos son algo más de un millón en Pakistán, organizados en siete diócesis, y muy activos en el ámbito educativo, con más de 540 centros de enseñanza.


El sacerdote Joseph Louis, ex secretario ejecutivo de Caritas Lahore, comenta a la agencia AsiaNews que el aumento del terrorismo integrista en el país desde 2001 ha “incrementado las vocaciones a nivel local”. En su opinión, “la gente se está acercando a la fe. Muchos creen que deben hacer algo, en vista de que los gobernantes no brindan esperanzas. Las personas acuden más a la Iglesia porque hay una sed muy grande de consuelo y de conocimiento espiritual”. Refiriéndose a las nuevas ordenaciones, comenta: “Hoy estamos cosechando los frutos del trabajo desarrollado en los años anteriores”.


El arzobispo de Lahore, Sebastian Shah, previno a los nuevos sacerdotes de los peligros y tentaciones más comunes en su ministerio, que no son las amenazas yihadistas o integristas, aunque existan, sino "la obsesión con el dinero", el apego excesivo "a una persona, familia,  proyecto o institución singular" y la falta de humildad. Recordó que su autoridad nace del servicio brindado a los demás. 


Confesiones en un encuentro de jóvenes en Karachi


Uno de los nuevos sacerdotes es Imtiaz Nishan, originario de la aldea de Easson, en el distrito de  Sheikhupura (cerca de Lahore). Graduado en Filosofía, hace seis meses que enseña en el Seminario Mayor San Francisco Javier, en Lahore. “Nuestra comunidad cristiana es analfabeta y no tiene grandes oportunidades", explica. "Yo quiero ayudar a combatir la deserción escolar y servir en los barrios pobres donde viven los cristianos.  Muchos católicos son atraídos por pastores [protestantes] y por iglesias [protestantes] que se multiplican como hongos. Las personas necesitan una fuerza espiritual (que los sostenga) frente a un creciente materialismo”.