Hace tiempo que Fundación CARF ayuda cada año a que más de 1000 sacerdotes y seminaristas de todo el mundo puedan terminar o completar la formación necesaria para cumplir su vocación: en 2022 fueron cerca de 2.000 los que disfrutaron de 5,8 millones de euros destinados por CARF a este propósito.

Con motivo de la llegada del día del seminario el próximo 19 de marzo, CARF viene desarrollando una campaña de agradecimiento a todos los sacerdotes.

Su "compromiso con Cristo, la compasión, el acompañamiento, estar siempre en los momentos de alegría y dolor, escuchar las confesiones, bendecir o brindar esperanza" son solo algunos de los aspectos que remarca CARF en el vídeo producido para la campaña.

"Vuestra dedicación no pasa desapercibida. Sois faros de esperanza en un mundo a veces oscuro. Gracias por ser nuestros amigos en el camino de la fe, por ser la sonrisa de Dios en la tierra", agrega el clip.

Uno de los receptores de este agradecimiento es Jorman Rafael Cáceres, que actualmente se prepara para ser sacerdote en el Seminario Internacional de Bidasoa.

"Dios quería que le sirviese: yo no quería oirle"

El joven venezolano, el menor de la familia y con tres hermanas, se involucró profundamente desde su infancia en todo lo relativo a la misión y la juventud diocesana desde grupos como Joven Misión.

Pronto tuvo la convicción de que "Dios quería que le sirviese", si bien en aquel momento "no quería oír su voz".

Para ahogar la voz de Dios, prefirió conocer a algunas chicas, algo así como ir de novia en novia.

Durante la pandemia, la voz de Dios retumbó en él. "La quietud en mi casa, con mi familia, me provocó inquietud por dentro. Había dejado atrás la vorágine de mi vida y tenía tiempo y calma para escuchar a Dios. Fue entonces cuando me decidí a empezar mi proceso vocacional de manera online". 

Finalmente compartió con su novia la inquietud de entrar en el seminario, asumiendo que si no era lo suyo, volverían juntos.

"Yo te apoyo y sé que es lo que Dios quiere para ti. Sé el amor que tienes por la Iglesia", le dijo a Jorman, que a día de hoy sigue agradeciendo el apoyo recibido para tomar la decisión.

"Aunque cueste, mi vida es tuya"

Sus padres habían decidido emigrar a Colombia, cuando les sorprendió su intención de ingresar en el seminario para ser sacerdote.

Aunque sorprendidos en un primer momento, su católica familia también le apoyó en su decisión, convencidos de que decir `sí´ a Dios no es una respuesta fácil.

Después, durante una convivencia vocacional, repetía continuamente que se hiciera la voluntad de Dios: "Te he evitado mucho, Señor, pero aunque cueste mi vida es tuya".

Su familia apuró con él sus últimas navidades juntos, acompañándole a las puertas del seminario propedéutico de la diócesis de Cabimas, antes de partir a Colombia.

Fue una etapa de ciertas dudas que se disiparon cuando el rector del seminario le preguntó si finalmente quería formarse como seminarista. "Dije que sí, y me imaginé el sí de María. Entonces, toda la tierra se pausó, hubo un silencio total a mí alrededor", recuerda.

Sin fuerzas, recibió una señal

El  primer año no fue fácil para Jorman, asaltado por la tristeza y las dudas, el cansancio o la distancia con su familia.

En una Hora Santa se rindió ante Dios. "Que se haga tu Voluntad, no tengo fuerzas, sólo cuento con las tuyas", rezó antes de pedir una señal buscando si debía o no ser sacerdote.

La respuesta no tardó en llegar. Fue a través del Vicario General de la diócesis, cuando le dijo que el obispo le había elegido para estudiar en la Universidad de Navarra y alojarse en el Seminario Bidasoa en España, gracias a CARF.

Puedes ayudar a CARF a ayudar a otros sacerdotes desde su página web

"No me veía con capacidades para estudiar en España, pero me vino a la mente que esta era la señal que le había pedido a Dios. Así que acepté", recuerda.

Hoy, con 25 años, Jorman cumple su sueño en el Seminario Internacional de Bidasoa. Y también el que Dios tiene para él, convencido de que su sí a Dios y la formación integral que está recibiendo en Pamplona, contribuirán a ayudar a las gentes de Venezuela.

"En mi país, la Iglesia Católica está mediando como canal de diálogo ante la polarización del pueblo y de las instituciones. Pero, sobre todo, con la pastoral social y acompañando a los fieles para que no se vean desamparados en sus luchas", explica.

Cómo debe ser el sacerdote del siglo XXI

El joven seminarista enumera las cualidades y dificultades con las que cree que un sacerdote debe convivir y enfrentar el siglo XXI.

"Deben ser creativos e ingeniosos, con muy buena formación doctrinal y con una profunda vida interior, que sea capaz de transmitir con nuevos métodos y formas lo que han recibido. Creo que las principales dificultades radican en encontrar formas efectivas de conectarse con las personas en una sociedad cada vez más secularizada y digitalizada", concluye.